Javier hizo una pausa, un largo silencio, todos seguían esperando que continuara. —¿Tienes algo fuerte para tomar Alan?— Le preguntó Javier. —Tengo una amiga que dice que para estos casos lo mejor es un buen copazo de coñac. Decía Patricia, como no, mientras se levantaba y sacaba de un armario una copa y de otro la botella, le sirvió tres cuartos de copa y se la pasó a Javier, que le dio un buen trago haciendo después una mueca por lo fuerte de la bebida. —La solución era encontrar a un culpable, que se cerrara definitivamente el caso, y que el comisario dejara de investigar, si no era así, yo sabía que tarde o temprano descubriría la verdad. Un día mi padre me llamó a su despacho, me enseñó los mails que le habías enviado ofreciéndote para trabajar en la empresa, no hizo falta que nos

