Capítulo 9 Padre Ignazio Amici había cargado su equipaje en un carro ligero tirado por un par de caballos. La carta había llegado después de unos días de haber mantenido de la conversación con la condesa Lucia en el interior del Torrione di Mezzogiorno. Las palabras de la joven resonaban en sus oídos y en su mente, torturándolo como un cuchillo afilado que estuviese excavando sus entrañas. No podía consentir una derrota y, para más inri, por parte de una mujer. ¡De una bruja, más que de una mujer!, se vio murmurando entre dientes mientras cargaba la caja que contenía los instrumentos utilizados para los exorcismos. Pero me vengaré, ¡vaya si me vengaré! El Santo Padre me da un mes para llegar a Clermont, en la Alta Saboya. Perfecto, tengo todo el tiempo para arreglar las cosas a mi manera

