Krommel, el escriba, estaba volviendo a entrar cuando Asfodel entró en la luz proyectada por su ventana. "Asfodel". Jadeó. "¿Qué haces aquí a estas horas de la noche? Espera, bajo enseguida". Al cabo de no más de medio minuto, la puerta se abrió y Krommel hizo señas a la chica para que entrara. Ella miró a su alrededor antes de entrar en la sala donde hacían las copias todos los días, y luego se apresuró a cruzar la puerta. Krommel la cerró rápidamente y la condujo al piso de arriba, donde vivía su familia. En cuanto entró en la habitación, la esposa de Krommel, una mujer regordeta de unos cuarenta años, se fijó en sus moratones. "Querida, ¿qué te ha pasado? Deja que te cure las heridas. Siéntate allí". Ahuyentó a un niño curioso y a dos niñas pequeñas mientras buscaba un paño y algun

