El intenso ruido en mi oído me hizo abrir con miedo mis ojos, recordaba todo lo sucedido y temía que Antonio haya cumplido su cometido viviendo en Los Ángeles ese calvario del que había huido, todo se esfumó al darme cuenta de que estaba en la habitación de un hospital y a mi lado se encontraba mi jefe durmiendo muy incómodo en una silla. No quería despertarlo, se notaba el cansancio en su rostro. Me costaba creer que el bastardo de mi ex me haya encontrado, sabía que esto solo era una amenaza, no se quedaría así las cosas y tenía demasiado miedo de que cumpliera con cada una de sus palabras, prefiero mil veces la muerte antes de ser su esposa. No iba a poner a nadie más en peligro y si eso significaba que debía agarrar mis cosas para huir al Congo, no lo dudaría.
— Despertaste — dice la voz del doctor al entrar y acercarse.
Lo mire y me fue inevitable dejar de hacerlo, debía de haber más médicos así porque me enfermaría más seguido con tal de alegrar mis ojos con hombres así.
— Hola — murmuro sintiendo el dolor en mi garganta.
— Tranquila, de a poco volverá a la normalidad — toca mi cuello y me quejo. — dolerá unos días más, estarán muy sensibles tus cuerdas vocales por algunas semanas más — comenta.
— ¿Cuándo podré irme? —
— Si todo sigue bien mañana te darán el alta, te dejaré indicaciones de bebidas frías, nada de comida sólida y el helado te ayudará a que las cuerdas vocales se desinflamen — agrega sin borrar su sonrisa.
— Gracias doctor — digo haciendo un amago de una sonrisa, pero se me es imposible.
— ¡Izzy! — chilla Catalina al abrir la puerta sobresaltando a mi jefe que cae al piso provocando que el doctor comience a reírse mientras mi amiga me tiene estrechada entre sus brazos.
— Isabel — dice el señor Salvatore al recomponerse de la caída.
Desvío mi mirada para centrarme en mi mejor amiga y al ver sus ojos cristalizados me derrumbo en sus brazos llorando desconsoladamente.
— Cata … — trato de hablar, no puedo.
— Shh cariño — ella acaricia mi cabello tratando de consolarme. — no hables, ya lo sé todo y prometo que nunca más volverá a tocarte — sentencia mi mejor amiga.
—Tengo miedo — reconozco entre sus brazos.
—¿Podrían dejarnos a solas? — le pide a mi jefe y al sexy doctor.
— No — dice él.
— Solo unos minutos, Nicholas — agrega dedicándole una mirada intimidante.
En contra de su voluntad y porque el doctor lo saca a la fuerza se retira de la habitación dejándonos a solas, Cata seguía consolándome mientras descargaba todo lo que sentía en sus brazos. Somos mejores amigas desde los dos años, nuestras familias eran muy unidas, crecimos juntas, ella no dudo en dejar todo atrás para obligarme a huir de mi maldita condena. Me cuenta todo lo que sucedió mientras estaba inconsciente, que le pidió a Nicholas ver las cámaras de seguridad donde comprobó sus sospechas y así pusieron a toda la policía de Chicago en alerta para capturar a Antonio, solo faltaba mi declaración, pero como dicen una imagen vale más que mil palabras. Ahora sabíamos que esto desataría una guerra porque mi padre hará hasta lo imposible para sacar a mi ex de la cárcel, tenía influencias y sé que solo pasara horas encerrado. Ellos ya sabían dónde estoy y les tengo miedo a lo que puedan hacer juntos.
— Señorita Durán — la voz de mi jefe nos sobresalta — perdón no quería asustarlas — agrega apenado.
— Está bien, Nicholas — lo miro confundida por esa confianza. ¿celos? ¡Claro que no! — Tengo que volver a mi atelier — me abraza por última vez. — Eres el primer novio de Izzy que me cae bastante bien — comenta con una sonrisa cómplice.
¡Genial!
Otra persona más que se unía a la farsa del noviazgo.
— Adiós Cata — digo irritada. Esa maldita mentira comenzaba a odiarla sobre todo por mentirle a mi mejor amiga de esa forma.
¿Cuánto más durará todo esto?
Despidiéndose de nosotros nuevamente, nos deja a solas y siento la intensa mirada de mi jefe, no me animaba a enfrentarlo, sabia por Cata que fue él quien me trajo hasta el hospital además que puso a toda la policía a que busque al bastardo de Antonio.
— ¿Cómo está? — pregunta sentándose en el borde la cama.
— Bien — susurro avergonzada. Aunque la mayoría del tiempo se comporte como un idiota estaba infinitamente agradecida por lo que hizo.
— Puse a ese hombre tras las rejas — suspira generando que lo miré a la cara para darme cuenta de que lo tenía más cerca de lo que imaginaba.
— Lo sé, Catalina me lo conto — respondo mirándolo a los ojos.
— No voy a mentirle — hace una pausa. — su ex tiene conocidos muy importantes que están moviendo los hilos justos para que salga, pero no sabe que tengo contactos más poderosos que van a impedir que lo haga — nuevamente se queda en silencio. — ¿Quién es Octavio Clayton? — pregunta clavando sus penetrantes ojos azules en mi rostro,
Al escuchar ese nombre todo mi cuerpo se tensa, eso solo significaba que ya se encontraba en la ciudad, esto no es nada bueno y tampoco estoy lista para enfrentar todo lo que se avecina.
— Es mi padre — reconozco siendo sincera con él.
— ¡Que! — grita al levantarse de la cama. —Tu padre está defendiendo al desgraciado que casi te mata, tengo que hablar con el — dice cabreado.
— ¡NO! — grite histérica. — Esto es una historia larga Nicholas, te agradezco lo que hiciste conmigo, ahora me toca hacerme cargo de todo lo que viene —agrego tratando de sonar confiada.
— Mira Isabel me importa un carajo todo, te aseguro que ese bastardo no va a salir de ese lugar tan fácilmente. No voy a permitirlo y si eso significa enfrentar a tu padre lo hare, te prometo que nadie volverá a lastimarte — sentencia con seguridad.
Lo miro sorprendida, no sabía que contestar, pero si de algo estaba segura es que sus palabras son sinceras y que podía confiar ciegamente en Nicholas porque él me protegería.
— Isabel, Nick — el doctor sexy entra a la habitación. — Debo decirte que me encanta el color azul de tus ojos — me halaga con una coqueta sonrisa.
— Giovanni — sisea mi jefe dándole una fulminante mirada de su parte.
—Tranquilo hermano, entendí perfecto que es tu chica — comenta divertido.
—¿Hermano? — pregunto al verlos a los dos juntos con detalle.
— Que falta de respeto de mi parte, Giovanni Salvatore — se presenta tomando mi mano para dejar un beso su dorso. — un placer conocerte sexy cuñada, lastima el contexto — agrega mirando divertido a su hermano.
¡Dios!
Son hermanos, ahora que los observaba con atención veía su notable parecido, ambos me miraban. Mi jefe estaba que le salía humo por las orejas mientras que el doctor sonreía casi desafiando con la mirada a su hermano mayor.
— Si no quieres que rompa tu cara en este preciso momento suelta la mano de mi novia — gruñe Nicholas cabreado con un tono súper posesivo que hace a Giovanni empiece a reírse haciendo más encabronar a mi jefe y así lo saque de la habitación provocando que por primera vez en el día una sonrisa aparezca en mi rostro.
Involuntariamente cada día me sentía más y más metida en la familia Salvatore.