Llegamos al avión y mi cabeza no para de latir, mi cuerpo no llega a relajarse; desde que salimos de casa, no he parado de darle vueltas a todo. Lucas se encargó de hablar con el FBI, para mantenerlos al tanto y para que investiguen; Alex llamó a su primo, aunque todavía no sé bien el motivo, solo sé que él nos pasará a buscar en cuanto bajemos del avión; Gaby se mantuvo la mayor parte del tiempo callado, es raro en él, pero lo entiendo, todo esto es muy estresante y sigo sin llevarme bien con los aviones.
—No vuelvas hacer lo que hiciste anoche —regaña Alex, haciendo que mi atención se pose en él. Solo agacho la cabeza, no por estar arrepentida, sino porque no quiero discutir con él ahora—. Hablo en serio, Lina —advierte con voz severa.
—Está bien —asiento en voz baja.
—Lina —suspira—, no quiero que te pase nada; y si tengo que atarte en una silla para que no hagas alguna estupidez, lo haré, ¿entiendes?
—Alex, no puedes atarme; no puedes pretender que no haga nada, mientras mi hija está con ese hijo de puta, y quién sabe qué le está... —No puedo continuar con esa frase, no puedo pensar en eso.
—Ángel, la vamos a encontrar; solo no te separes de mí, la encontraremos juntos. Sé que quizás suene egoísta, pero no quiero perderte, no sé qué pasaría conmigo si tú no estás junto a mí; te necesito a mi lado —Su voz es serena y dulce.
—No haré nada estúpido, yo también te necesito a mi lado —murmuro, mirándolo fijo a los ojos; en ellos había algo más que solo deseo y pasión. Mueve una mano por mi mejilla, hasta situarla en mi nuca, y acto seguido me desliza con firmeza y delicadeza hacia él, besándome como solo él sabe hacerlo.
—Te amo, ángel; estoy contigo... siempre —susurra con voz ronca contra mis labios.
—Te amo.
Busco de nuevo sus labios, comenzando yo con ese beso. Alex tiene el poder de hacer que piense solo en él, aunque fuese por solo unos minutos. Yo me dejo llevar, pero no me quito a mi hija de la cabeza, la voy a encontrar; sea como sea, la voy a encontrar.
En cuanto bajamos del avión y salimos del aeropuerto, logro divisar una SUV, ¿es en serio? Bueno, pensándolo bien, no entramos todos en un simple auto, aunque Erik y Sole vayan en un vehículo alterno porque se quedan en casa de él; Lucas ordenó que Sole no iba a estar con nosotros en busca de Aye y que no iba a estar en peligro, no quería que yo estuviese, pero sabe que no va a poder persuadirme. Junto a Alex trataron de convencerme, sin embargo, fue en vano para ellos, porque no me pienso quedar con los brazos cruzados, mientras mi hija esté con ese infeliz. La verdad es que no me siento bien, para nada, solo quiero a Aye conmigo, la necesito conmigo y el no tenerla me está matando, pero tengo que hacer lo imposible por mantenerme en pie y llegar a ella.
—Hola, primo —saluda Ian con una sonrisa bastante arrolladora; no cabe duda alguna que es familia de Alex.
—¿Cómo va?
—Genial —responde el rubio—. Hola, un placer volver a verte —le dice a Lucas. Un momento. ¿Se conocen?
—Igualmente —contesta, estrechando su mano y palmeando su espalda como si se conocieran de toda la vida.
—¿Qué hay? —lo saluda Gaby.
—Todo bien, hermano —También lo saluda como si lo conociera. Esto es en verdad confuso.
—Bien, si terminaron con los saludos de fraternidad. ¿Nos podríamos largar? —digo, interviniendo, ya que me tienen en desconcierto.
—Yo también te extrañé, mujer que quita el aire —Hago rodar mis ojos, Ian en modo galán es cansador.
—Suelo causar ese efecto —digo con ironía, y él se carcajea.
—Ya empezaron —masculla Erik.
—Es la única mujer, hasta hora, que no se intimida conmigo; déjame disfrutarlo, Erik.
—Es mi mujer —demanda Alex.
—Ya, tranquilo, tigre; es toda tuya, no es mi tipo.
—Es un alivio saberlo —La verdad es que Ian tampoco es mi tipo, es el típico chico malo de revista; pensándolo bien, creo que mi único tipo es Alex.
Solo sonríe mostrando su sonrisa sexi.
—Vámonos, que todavía me tienen que aclarar por qué estoy aquí.
—Ya somos dos los que queremos saber eso —mascullo.
Nos despedimos de Sole y Erik; luego subimos a los autos correspondientes y nos dirigimos en silencio hacia el apartamento de Alex.
Al llegar, nos acomodamos en el lugar; Ian se mantuvo callado todo el viaje. Sabe que algo pasa, pero no se da una idea de qué es.
—Ok, primo, empieza a hablar —apremia una vez acomodados.
—La hija de Lina fue secuestrada —suelta sin más.
—¿Whats? —exclama en inglés, sin darse cuenta.
—Lo que escuchas, la hija de Lina fue secuestrada por el padre...
Le contó todo lo que tenía que saber, aunque en verdad no sé por qué Ian tenía que saber tanto.
—Wow, sabía que eres una chica mala, pero no imaginé cuánto.
—No digas estupideces —farfulla Alex, un tanto molesto por el comentario de Ian.
—Lo siento —se retracta y luego me mira a los ojos para formular su pregunta; puedo ver su lucha interna para entender todo—. Bien, vamos a buscar el paradero de Christopher; no va a ser muy difícil, ya que empezaremos con su restaurante —informa.
—No nos van a dejar acercarnos a él —recapacita Lucas.
—Sí que lo harán, solo tenemos que mostrar estos —aclara, sacando su placa y su arma. Un segundo. ¿Es policía? ¿Ian es un maldito policía?
—¿Eres un condenado policía? —Mis palabras salieron antes de poder atajarlas.
—Así es, mujer —Ríe por mi expresión.
—Él fue quien me ayudó con las cosas de mi padre, ellos trabajaron juntos; no eran compañeros, pero estaban en la misma división —me explica Lucas.
—Encima, un maldito ninja —Otra vez, hablé sin pensar, cosa que causó que todos rieran, por la palabra con la que elegí expresar que era del SWAT.
—Sí, muñeca.
—De todas formas, sus monos no van a dejar que se acerquen a Christopher —hablo, tratando de cambiar mí expresión de asombro—. Ni siquiera mostrando quiénes son —alcanzo a decir.
—Tenemos que intentarlo —habla Gaby.
—Yo puedo acercarme a él —anuncio, ganándome unas cuantas miradas de enojo; la peor de todas, la de Alex.
—De ninguna manera —sentencia.
—No pensabas que iba a dejar que se acercaran a él sin mí, ¿no? —inquiero, enfadándome. No me van a dejar aquí.
—No, Lina, y no me provoques —decreta severa y firmemente.
—No lo hago, ya te dije que no me iba a quedar sentada sin hacer nada; además, me necesitan, sin mí no van a poder hablar con él.
—No podemos ponerte en peligro, Lina —explica Ian.
—Ya estoy en peligro. ¿Acaso no se dan cuenta?
—Pero aquí estás protegida —refuta Lucas.
—¡¿Y a mi hija quién carajos la protege?!
—No te vas a acercar a él, y no discutas más conmigo porque te ato a la cama; si tan solo veo a tu hermosa cabecita trabajar de más, te ato, ¿está claro? —amenaza irritado, pero yo no me voy a amilanar.
—No, no puedes decirme qué hacer, nadie puede —Me paro, ya estaba molesta y el asiento me estaba quemando.
—Lina, no hagas esto —apunta Lucas.
—No lo hagan ustedes; yo voy a ir con esa basura, quiero a mi hija conmigo —demando elevando la voz.
—No vas hacer nada, me prometiste que no ibas a hacer una estupidez —gruñe Alex.
—Y esto no es una estupidez —afirmo, emparejando mi voz a la suya.
—Basta, Lina; de aquí no sales, te lo prohibido.
¿Prohibirme algo a mí? ¿Quién se cree?
—No puedes prohibirme nada, no eres quién para prohibirme algo.
—¡Voy a atarte, Lina; te lo avisé, no voy a permitir que te pase algo! —demanda gritando—. Me moriría si algo te pasase—suelta con un hilo de voz, dulcificando sus ojos. Ya no había rabia en ellos, sino miedo y amor.
—No va a pasarme nada, Alex; entiende que no puedo quedarme sin hacer nada. ¿Qué harías si estuviese en peligro alguien a quien amas?
—Si fueses tú, daría vuelta el mundo con mis manos para recuperarte —responde sin pensarlo y con voz ronca, mirando a mis ojos, viéndome con su intensa mirada de promesa.
—¿Ahora me entiendes?
Se acerca a mí con dos zancadas y me tira hacia sí, haciendo que mi cuerpo estalle contra el suyo; escondo mi cabeza en su pecho, al tiempo que él acaricia con una mano mi espalda y la otra la sitúa firme en mi cabello.
—Siempre te entendí —susurra en mi oído—. Te quiero siempre a mi lado; no voy a perderte de vista, voy a cuidar de ti —habla, separándose unos centímetros para mirarme a los ojos. Asiento y me besa, como si fuera nuestro último beso; como si fuera el fin del mundo, y luego me encierra de nuevo en sus brazos. Se escucha una aclaración de garganta, que nos hace volver a la realidad: no estamos solos.
—Muy emotivo, pero hay que arreglar cómo hacer esto —esboza Ian.
—Qué manera de cortar lo cursi —se queja Gaby, divertido.
—Es unas de mis virtudes —entona, sonriendo.
—¿Cómo vamos a hacer esto? —pregunta Lucas.
—Sé que no quieren, yo tampoco lo quiero, aunque diga que es una mujer gruñona y nos peleemos cada vez que nos veamos...—Empieza a hablar Ian.
—Al grano —apura Lucas.
—Como decía, llegué a tomarle cariño, y tampoco quiero que le pase nada...
—Sigues divagando —canturrea Gaby.
—Necesitamos la ayuda de Lina —dice, largando un suspiro.
—No —dijeron los tres restantes al mismo tiempo.
—¿Acaso yo no tengo voz ni voto? —pregunto.
—No —Volvieron a decir todos juntos, causando que Ian se carcajee.
—¡Basta! —chillo—. Dime, Ian. ¿Qué quieres que haga? —lo instó, haciendo que todos se inmovilicen en sus lugares.
—No, Lina —advierte Lucas.
—Creí que te había dejado claro cómo iban a ser las cosas —expresa Alex.
—Eso creí yo también —refuto entrecerrando los ojos.
—Esto es divertido, en serio esta mujer es terca —Se carcajea Ian, otra vez.
—No sabes cuánto —mascullan Alex y Lucas al unísono.
—Paren con las hormonas, dejen el machismo para un burdel. Ian habla —lo insto de nuevo. Abre la boca para hablar, pero Lucas se le adelanta.
—Lina, estás loca; creo que voy a ayudar a Alex a atarte —lanza, levantándose.
—Ni se te ocurra —Le apunto con el dedo. Los dos se me acercan lentamente y con mirada amenazadora.
—Oigan, no va a correr peligro —interviene Ian.
—No le metas ideas, Ian —le advierte Alex.
—No se acerquen más —demando, observándolos de manera amenazante.
—Chicos, es mejor que la dejen —declara Gaby, divertido.
—Podrías ayudar, ¿no? —inquiere Lucas.
—Ni loco; me gustan demasiado mis extremidades donde están, y me dieron mucho placer como para ponerlas en riesgo así.
—Esto va a estar bueno —esboza Ian, riendo—. Gaby, trae las palomitas —agrega, acomodándose en el sofá.
En un movimiento rápido, Alex se colocó detrás de mí agarrándome de las caderas, y Lucas de las manos por delante.
—¡Suéltenme, no quiero lastimarlos! —grito.
—Tranquila, preciosa —susurra Alex en mi oído.
Eso hizo que mi piel ardiera y saltara mi cólera. Como tenía las manos inmovilizadas por Lucas, no me quedó otra que usar mis piernas; en un movimiento ágil pateé a Lucas en sus testículos, fabricando un colectivo "oh" proveniente de Ian y Gaby; cuando este me soltó por instinto, para agarrarse sus dolientes partes, con una de mis manos tomé una de las de Alex, retorciendo sus dedos e instándolo a que soltara mi cadera, dándome vuelta y tomándolo de sus bolas con mi otra mano libre, todavía doblando sus dedos, lo obligo a agacharse.
—Suéltame, Lina —masculla, apretando los dientes.
—Les avisé —espeto con suficiencia.
En ese momento siento unas manos en mis hombros, haciendo que me vaya al suelo encima de él.
—Maldito, Lucas —chillo, tratando de salir de su agarre.
Alex se incorpora y se acerca a nosotros, me toma de la cintura clavándome en el suelo, mientras que Lucas me sostiene de las manos. Alex se sitúa encima de mí, aplastando su cuerpo contra el mío y haciendo imposible que pueda moverme, toma mis manos del agarre de Lucas y las pone encima de mi cabeza.
—Ve por algo para atarla —le ordena.
—Me las va a pagar —escupo.
—Me estoy excitando —Se escucha a Ian hablar, logrando que ruede mis ojos como en las jodidas novelas de romance.
—La voy a pagar con gusto esta noche, cuando vuelva a tenerte así, pero en mi cama —murmura con voz ronca contra mi boca, haciendo que trague saliva y mi cuerpo reaccione; dulce bebé Jesús, no tiene que causarme esto en este momento —, y sin espectadores —concluye, al recordar que no estamos solos.
—No voy a tocarte por un largo tiempo —siseo con los dientes apretados. Estoy enfadada por lo que me está haciendo, y enojada conmigo misma porque mi maldito cuerpo traicionero responde a su sugerencia.
—Bien, puedo tocarte yo —me susurra al oído.
—Voy a necesitar una ducha de agua fría —comunica Gaby, a nadie en especial.
—Ya está —dice Lucas, sentándose a mi lado con una cinta. Toma mis manos y las ata con cuidado.
—¿En serio van a hacer esto? —pregunto incrédula.
—Sí, cariño —responde Alex con su media sonrisa seductora. El muy maldito lo está disfrutando. No lo voy a tocar por un mes, abstinencia total. ¡¡Que la chupe!! Como diría Sole—. Me encantaría tenerte así en mi cama —entona en voz baja, al tiempo que Lucas ata mis pies.
Una vez atada como un matambre, Alex me levanta del suelo y me sienta en una silla conforme los otros dos desprolijos no paran de reír por lo patético de la situación.
—Si hablas, te amordazo —amenaza. Lo observo de una forma, como si pudiera matarlo con tan solo mirarlo.
—Me la van a pagar los dos —prometo, largando fuego por los ojos. Estoy muy enojada, mi cuerpo está quemando, pero de rabia. Esto es inaudito, estos dos desprolijos inmovilizándome... A mí, justamente a mí. Me voy a vengar.
—Dios, por un momento pensé que una chica iba a terminar con ambos —comenta divertido el rubio.
—Las bolas de Lucas no van a servir esta noche —Se carcajea Gaby.
—Alex, primo, tu mujer es ruda, pero yo que tú, ahora no la soltaría más.
—¿Y eso por qué? —pregunta, sin entender de lo que habla.
—Porque en cuanto lo hagas, se va a vengar, tus bolas y tú hombría van a sufrir —responde, riendo junto con Gaby.
Él me mira y yo le sonrío con suficiencia, y pude verlo tragar con dificultad. No sabe cuánta razón tiene su primo.
—Basta de estupideces, esto lo hacemos por tu bien, Lina; estamos buscando a Aye, y no quiero también buscarte y estar preocupado por ti —manifiesta Lucas.
—Bien, hagamos esto —insta Ian.
Yo me limito a observarlos atada de manos y pies desde mi silla conforme ellos deliberan cómo acercarse a Christopher. Tengo que salir y no sé cómo hacerlo, están perdiendo el maldito tiempo. Soy la única que puede acercarse a ese idiota. De pronto, recuerdo que tengo la navaja que me regaló el padre de Lucas; me la obsequió en unos de sus cumpleaños. Me arrastraron a pescar con ellos; para mí, pescar es de lo más aburrido que hay, pero ellos, juntos con Gaby y Sole lo hicieron divertido. En fin, era su cumpleaños y la que terminó con un regalo de parte del cumpleañero fui yo. Está en mi bota, tengo que acercarme con cuidado, sin que se den cuenta. Mis botas son como la caja de pandora, por eso siempre las usos y porque son sexy. Con lentitud alcanzo la navaja y la meto con cuidado entre mis manos, que Lucas tuvo un poco de consideración en no atarlas tan fuerte; con los dedos empiezo a mover la daga y a cortar despacio, sin hacer mucho movimiento, mientras ellos siguen enfrascados en la jodida disputa. Logro romper la cinta y liberar mi agarre, me agacho y desato mis pies, me levanto y me encamino con dirección al baño.
—¿A dónde vas? —curiosea Gaby, sin darse cuenta que hasta hace un momento estaba atada.
—¡Se desató! —grita Ian, carcajeándose.
—Mierda —vocifera Alex.
—Al baño —le contesto a Gaby por encima de mi hombro.
La verdad tenía la necesidad de ir y cuando salgo, camino hacia ellos con una sonrisa en mi cara, la cual estoy tratando de mantener a raya, ya que sus rostros son todo un poema e Ian se siente muy divertido con esta situación; me acomodo en la misma silla en la cual estaba atada, y los miro con sumo cuidado.
—Bien, esto es lo que vamos hacer —Me dispongo a hablar cruzándome de piernas, ellos siguen atónitos todavía, así que puedo seguir hablando sin interrupciones—. Vamos a ir a ese restaurante, anunciarnos en recepción; en realidad anunciarme, a ustedes no los va a recibir. Ian entrará conmigo, ya que él es quien lo conoce, y los demás esperaran afuera.
—No, eso no va a pasar —asegura Alex.
—¿Vas a intentar atarme de nuevo? —Arqueo una ceja.
—No creo que sea buena idea —expresa Ian—. Y, por cierto, ¿cómo lo hiciste? —indaga.
—Tuve un buen maestro —Le sonrío, mirando de reojo a Lucas.
—Vaya, ahora me siento halagado —entona él.
—Si me preguntan, no creo que esta chica corra peligro.
—Nadie te preguntó —espeta Alex.
—Volviendo al tema que nos compete —Alex iba a hablar y lo callo levantando la mano—. Déjame terminar. Bien, Ian y yo entramos, y ustedes esperaran afuera, no nos va a pasar nada, ya que no va hacer nada estúpido con un restaurante lleno de personas, y menos si son sus clientes.
—No puedo quedarme afuera, mientras tú estás corriendo peligro adentro —interrumpe Alex.
—Bien, pueden entrar y pedir otra mesa, y mantenerse cerca; pero si ve a más de nosotros, él se va a rehusar a recibirnos. Hay que ser cuidadosos.
—Ella tiene razón, Christopher sabe que estoy investigando la muerte de su tío, de seguro va a pensar que es por eso que voy a verlo; después que vea a Lina, se va a dar cuenta de que no es así, pero si los ve a ustedes, no va a dar respuesta alguna —argumenta Ian, poniéndose de mi lado.
—Bien, vayamos a cenar —anuncia Gaby, frotándose las manos.
—Dios, Lina, nunca vas a escucharme, ¿verdad? —Me encara Alex una vez en la habitación, donde nos estábamos cambiando.
—Es una de mis grandes virtudes.
Niega con la cabeza y se acerca a mí. Rodea mi cuerpo con un brazo y me aprieta contra su cuerpo.
—Eres increíble —murmura junto a mi boca y me besa, con su lengua se abre paso entre mis labios, instando a la mía para una lucha intensa. Este hombre es mi maldita debilidad.
—Dije que no iba a tocarte por tiempo indefinido —le recuerdo, separándome de él. Con mucho esfuerzo, debo reconocer.
—Y yo dije que iba a ser yo quien te tocara —Me vuelve a llevar junto a su cuerpo, pegándome a él sin dejar que haya un centímetro de espacio entre nosotros—. Te deseo, ángel.
Enreda sus dedos en mi pelo, tirando con suavidad de mi cabeza hacia atrás para abrirse lugar a mi cuello, lo besa, pasa su lengua, luego sus dientes rastrillando mi piel y dando suaves mordiscos; sin poder evitarlo, gimo a su tacto, todavía sin mover mis manos sobre él, teniendo una guerra con mi maldito cuerpo traicionero para no tocarlo, para cumplir mi promesa de no hacerlo. Con su otra mano baja hasta mi culo, apretándolo contra sí y haciéndome notar su erección, acomodando su cuerpo a la altura justa para mi excitación y así frotarse en ese punto; volví a gemir, casi rindiéndome a mi estúpida promesa de no tocarlo. Él seguía besándome con urgencia, succionando mis labios. Estaba a punto de apoyar mis manos en su nuca para apretarlo más a mí, ya quería sacarle toda la condenada ropa que estorbaba, cuando tocan a la puerta, haciendo que el deseo se vaya a la mierda y recordándome que no tenía que tocarlo.
—Largo —gruñe.
—Hay que irnos —habla Ian del otro lado de la puerta.
—Tranquilo, chico, de todas formas no iba a pasar nada —digo, palmeando su brazo; él maldice y gruñe, haciendo que me ría estruendosa-mente. Me dirijo hacia la puerta y me doy cuenta de que no me sigue. Me doy vuelta, y veo que está sentado en el borde de la cama—. ¿Vienes? —pregunto, fingiendo inocencia.
—En unos minutos —ruge. Es muy sexy enojado y frustrado.
—¿Por qué? —Sé el porqué, pero juego con su irritación.
—Porque no puedo salir así, estoy tan duro que duele —contesta, haciendo más intensa mi risa.
—¿Y Alex? —pregunta Lucas al verme llegar sola.
—Calmando su genio.
—Lo pusiste duro y te fuiste, ¿verdad? Dios, eres mala —Ríe Ian.
—Se está vengando —comenta Gaby muy cantarín.
—Todavía me falta otro —Miro de reojo a Lucas, que se hace el desentendido, como era de esperar.
—Estas son las razones por las que solo las dejo llegar a mi cama —expresa Ian.
—Ya te va a tocar una mujer que va a llegar a tu corazón y te va a volver loco, solo espero estar para verlo —esbozo sonriendo.
—Eso no va a pasar —asevera.
—Sí va a pasar, y yo lo voy a disfrutar —Froto mis manos burlándome, para provocarlo.
—Por Dios, tu maldad no tiene límites.
—¿Ya están? —pregunta Alex, asomándose.
—¿Y tú, ya estás? Digo, ¿está todo controlado? —indaga el rubio, divirtiéndose, haciendo señas al m*****o de Alex.
—Idiota.
—Bien, entonces, llegan ustedes y, luego de tener una localización de Christopher, llegamos nosotros; vamos a sentarnos lo más cerca posible, para escucharlos, y ayudarlos si algo sale mal —manda Lucas.
—Qué organizado, amigo —se burla Gaby.
—Al menos soy el único que se toma esto en serio —murmura, molesto.
Sé que le molesta lidiar conmigo, pero no puedo quedarme aquí sin hacer nada; además, Dany tiene que saber que ya estoy cerca, para tenerlo tranquilo y que no le haga daño a Aye. Dios, no permitas que le ponga un dedo encima. Me siento muy inútil por no saber dónde y cómo está. Tengo que encontrar la forma de, aunque sea, saber cómo se encuentra.
—Ok, vámonos, tengo hambre —enuncia Ian con diversión.
Todos asentimos y salimos del apartamento, rumbo al restaurante de Christopher. Que todo salga bien, es lo único que pido en este momento.