Había pasado un mes desde que Alexei llegó a Vytegra, y la sensación de que no estaba solo se intensificaba. A cada paso, en cada esquina, sentía la presencia de alguien, un testigo invisible que parecía seguirlo. No era paranoia; Con años en el campo aprendido, sabía diferenciar entre la incertidumbre común y la vigilancia real. En las noches, las sombras parecían alargarse, acercarse; su instinto le anunció que no era el único cazador en esta misión. No obstante, aún no había signos claros, ni una sola pista visible. Decidió ignorarlo al principio: si alguien lo vigilaba, prefería darle la impresión de que no sospechaba nada. Actuaría como un habitante más, sin levantar sospechas.
Esa mañana, mientras cruzaba la plaza, un anciano de rostro curtido y manos marcadas por el trabajo se le acercó, sus ojos reflejaban el peso de la vida rural.
—Alexei, ¿Te enteraste de lo que se está diciendo por aquí? —murmuró, como si fuera un secreto que el viento podía llevarse.
Alexei levantó una ceja, mostrándose desinteresado pero prestando toda su atención. Durante la semana había aprendido a escuchar más de lo que hablaba, y este hombre parecía una fuente potencial de información.
—¿Qué está pasando? —respondió con aparente indiferencia, aunque cada músculo de su cuerpo estaba alerta.
El anciano miró a su alrededor antes de inclinarse hacia él, como si alguien pudiera estar escuchando.
—Dicen que El puerto se ha vuelto peligroso. Personas desaparecen, y algunos no regresan —susurró—. También, que hay forasteros rondando; tipos que no parecen turistas. Se murmura que es la mafia... gente que busca a alguien o algo. Nadie sabe bien qué, pero aquí todos estamos inquietos.
Alexei asintió, pero algo en su interior hizo clic. Este relato coincidía con los susurros que había oído en el bar hace unos días atrás y con la tensión en las miradas de la gente.
—Ya he escuchado cosas sobre mafias en la zona —comentó, manteniendo la charla sin revelar su verdadero propósito—. Pero los rumores siempre se esparcen cuando hay algo raro en el aire. ¿Qué piensas tú?
El anciano quedó pensativo, mirando el suelo.
Claro, aquí tienes el fragmento corregido para mejorar la fluidez y la coherencia gramatical:
—Yo no me meto en problemas, pero... esto es distinto. Aquí nunca pasaba nada así. Incluso hay unos muchachos nuevos en el pueblo que parecen extraños. Nadie sabe bien qué hacen, pero ya sabes cómo es; en pueblos como este, todo el mundo se entera de todo y nadie se atreve a preguntar.
Se despidieron tras unos segundos de silencio, y Alexei continuó su camino, analizando la información. Cada palabra parecía encajar en el rompecabezas que se iba formando en su mente. Sin embargo, la sensación de que alguien lo observaba persistía, como una sombra que lo perseguía sin descanso. De repente, un aroma inconfundible lo detuvo. Un perfume floral, dulce y con un toque amaderado, lo transportó a una noche anterior, cuando se encontró con Nina. No había duda: ese perfume era suyo. Alexei cerró los ojos por un segundo y respiró profundamente, dejando que la familiaridad del aroma se apoderara de sus sentidos.
No sabía si el aroma le provocaba incomodidad o si era la forma en que le recordaba la complejidad de Nina, como una telaraña de secretos de la que no lograba escapar. ¿Por qué había dejado un rastro tan evidente? ¿Era un caso intencional? ¿O realmente era ella quien lo seguía? Se dio vuelta y comenzó a observar el lugar, analizando cada esquina y cada pared, buscando el más leve indicio de su presencia. Tal vez solo fuera de su mente jugando con él… o la ansiedad de querer encontrarla y cerrar el caso para poder volver a su vida.
Esa misma tarde, después de terminar unas reparaciones en la casa de la señora Fereh, fue al pequeño mercado local en busca de viveres. Mientras recorría los pasillos, captó fragmentos de una conversación entre dos mujeres cerca de las cajas.
—¿Oíste sobre la chica que desapareció? —comentó una, en voz baja.
La otra ascendió rápidamente.
—Sí, dicen que la mafia anda detrás de ella. Algunos piensan que era un agente encubierto, pero quién sabe. Los rumores están en todos lados, y la gente tiene miedo.
Alexei fingió no prestar atención mientras tomaba una lata de sopa y la depositaba en su carrito. Aunque la conversación le llegaba en murmullos, no perdía detalle; Sabía que, aun si era solo un rumor, podría estar hablando de Nina. La desaparición encajaba demasiado bien con el enigma que intentaba resolver. Su instinto le anunció que aquello no era una coincidencia.
Pagó sus compras y salió de la tienda, absorto en sus pensamientos. Cada paso que daba por el pueblo parecía alterar la atmósfera. Los habitantes lo observaban con una mezcla de curiosidad y desconfianza, y los murmullos se extinguían en cuanto él se acercaba, como si todos esperaran algo que aún no podía descifrar. La sensación de ser vigilado persistía; cada vez que intentaba sorprender a quien lo seguía, la presencia desaparecía, como una sombra que se deslizaba entre sus pensamientos, solo para reaparecer con más intensidad en el siguiente instante.
Alexei no podía sacudirse la sospecha de que era Nina quien lo vigilaba. Tal vez intentaba descifrar sus intenciones, descubrir si él estaba allí para capturarla o para ayudarla. Por ahora, debía actuar con cautela, camuflando sus propios movimientos mientras desentrañaba quién era ella en realidad y qué había ocurrido aquella noche fatídica.
De pronto, un crujido suave rompió el silencio helado. Alexei se quedó inmóvil, escuchando atentamente. Eran pasos, calculados y amortiguados sobre la nieve, como si alguien intentara moverse sin ser detectado. El sonido venía desde la penumbra detrás de él, desde donde no podía ver nada. Su respiración se volvió más lenta y controlada; cada sentido se agudizó, atento al más mínimo movimiento. Sabía que cualquier paso en falso podría delatarlo. La piel se le erizó al darse cuenta de que, quien quisiera que lo estuviera siguiendo, estaba lo suficientemente cerca como para oír su respiración o incluso el latido de su corazón.
Cuando la noche cayó por completo, Alexei decidió hacer una parada en el bar del pueblo. El lugar se estaba convirtiendo en su refugio; allí, las conversaciones fluían más libremente, y las palabras de los lugareños, cargadas de desconfianza o simple curiosidad, eran una mina de información. El calor del bar contrastaba con el aire helado y tenso que había fuera, pero también con el tipo de miradas que le dedicaban los locales, una mezcla de recelo y respeto.
Mila lo recibió con una sonrisa encantadora, limpiando una copa mientras él se acomodaba en una mesa junto a la ventana.
—¿Otra vez por aquí, Alexei? —bromeó ella—. Me harás pensar que tenemos la mejor comida del pueblo.
Él le desarrolló una sonrisa discreta.
—Tal vez. Uno se entera de muchas cosas viniendo aquí con frecuencia.
Mila soltó una risita y se inclinó hacia él, como si fuera a compartir un secreto.
— ¿Qué tipo de cosas? —preguntó en tono bajo, jugando con el borde de la copa.
Alexei mantuvo su mirada fría pero atenta. Sabía que Mila debía haber escuchado más de lo que estaba dispuesta a admitir.
—Nada concreto... aún. Solo rumores —respondió, evaluándola—. Pero la gente parece nerviosa. ¿Sabes algo?
Ella lo miró, considerando sus palabras.
—Nada en concreto —respondió encogiéndose de hombros—. Aquí siempre hay historias, pero ya sabes. La gente habla sin saber.
Uno de los clientes alzó la mano y Mila le hizo una señal a Alexei.
—Dame un segundo, enseguida te traigo la cena —dijo, y se alejó hacia la otra mesa.
Mientras Mila se alejaba, Alexei notó que en el bar, aunque parecía un lugar común, había más secretos de los que dejaban ver. A medida que avanzaba la noche y el bar se iba vaciando, Mila volvió a acercarse, con una expresión traviesa en el rostro.
—Oye, ¿Me harías un favor? —le pidió, señalando unas cajas cerca de la puerta trasera—. Las acaban de entregar y necesito ayuda para moverlas.
Alexei asintió, y juntos comenzaron a trasladar las cajas. El silencio de la noche envolvía el lugar, y mientras trabajaban, la cercanía entre ellos crecía. Mila aprovechaba cada oportunidad para rozar su brazo o lanzarle miradas insinuantes. La tensión aumentaba hasta que, al terminar, ella, apoyada contra la pared, lo miró con una mezcla de misterio y deseo.
—¿Así que te gustan los rumores? —preguntó Mila con una sonrisa enigmática—. Porque se dice que eres alguien... diferente. Que no viniste solo a disfrutar del paisaje.
Alexei se acercó un poco más, sin apartar la vista de ella.
—Y ¿Qué más dicen? —preguntó con voz suave.
Mila se mordió el labio, disfrutando del momento.
—Dicen que no eres alguien común. Quizás estés metido en asuntos de la mafia o seas solo un turista curioso… son intrigas, no respuestas —susurró, con la mirada fija en él, buscando una señal.
Mila se mordió el labio, buscando en los ojos de Alexei algún indicio de respuesta, cuando de repente, él notó algo que hizo que su pulso se acelerara. Una sombra se movía en el umbral de la puerta trasera, apenas visible bajo la luz tenue del callejón. Alexei apenas cambió la expresión, pero su mente ya estaba en alerta: esa figura… era Nina. El destello de sus ojos, la postura tensa… No era propio de ella ser tan descuidada.
¿Acaso estaba dejándose ver intencionalmente?
La idea lo sorprendió y lo intrigó al mismo tiempo. La imagen de Nina, observándola desde las sombras, prendió algo en él. No era casualidad que estuviera ahí, ni que eligiera mostrarse en este momento. Un impulso lo recorrió: ¿Qué pasaría si le daba a Nina un pequeño espectáculo? Si ella estaba interesada en lo que ocurría entre él y Mila, iba a asegurarse de que lo viera todo.
Lentamente, Alexei volvió su atención a Mila, quien, ajena a la presencia de Nina, continuaba con su mirada intensa y juguetona.
—Quizá no vine solo a disfrutar del paisaje —murmuró en un tono apenas más bajo, dejando que cada palabra cayera con peso, provocativo.
La proximidad entre ambos aumentaba. Alexei se inclinó hacia Mila, manteniendo una distancia calculada. Quería que Nina notara cada detalle, cada gesto, como si estuviera leyendo un mensaje oculto en sus acciones.
-¿No? —preguntó Mila, intrigada, mientras le lanzaba una sonrisa insinuante y juguetona. Él pudo sentir cómo la tensión entre ambos era cada vez más palpable, y cada mirada, cada rose se volvía parte de su pequeño espectáculo.
Con la vista en Mila, pero consciente de la sombra en la puerta trasera, Alexei acarició el rostro de Mila suavemente, observando cómo ella cerraba los ojos al contacto. Se acercó hasta que sus labios casi se rozaron, susurrándole en un tono lo suficientemente bajo para que Nina no pudiera escuchar pero sí percibir el calor de la escena.
—Me gustan los secretos… —susurró, sosteniendo el momento.
La reacción de Mila fue instantánea; Abrió los ojos, sorprendida por la intensidad de sus palabras y el modo en que parecía adueñarse de cada instante. Sin embargo, Alexei no permitió que el momento se desbordara. Mantuvo la tensión en su punto máximo, para que la silueta de Nina en la penumbra entendiera que él también jugaba su propio juego.
Al otro lado de la puerta, Nina permanecía inmóvil, observando, como si quisiera grabar cada detalle. Desde su posición, Alexei distinguió su perfil, y por un instante, creyó notar en su expresión algo más que simple vigilancia. ¿Era frustración? ¿Celos? Era difícil descifrar, pero algo en su postura revelaba más que interés profesional.
El ambiente en el pequeño cuarto trasero se volvió aún más pesado. Alexei se inclinó un poco más hacia Mila, sin apartar sus manos de su rostro, y luego, con la excusa de un murmullo, volvió a hablar en un tono bajo.
—Parece que tenemos audiencia —dijo, con una sonrisa apenas visible en los labios.
Mila abrió los ojos, confusa y curiosa. Pero antes de que pudiera reaccionar o girarse, Alexei acercó su rostro al de ella y, esta vez, redujo el espacio entre ellos lo suficiente para que el ambiente se volviera aún más electrizante.
Sin embargo, en ese instante, percibió un cambio en la postura de Nina. La sombra parecía tensarse, como si estuviera evaluando sus próximos movimientos. Alexei se separó de Mila, dejando que la incertidumbre de la situación se mantuviera en el aire.
—Creo que ya es suficiente por hoy —murmuró, dándole un guiño a Mila y dedicándole una última mirada seductora antes de apartarse de ella.
Mila lo miró desconcertada, atrapada entre la emoción y la sorpresa, mientras él se dirigía lentamente hacia la puerta trasera, donde la figura de Nina seguía guardando. Se detuvo en el umbral, dejando que la oscuridad lo envolviera, y observó cómo ella retrocedía levemente al percatarse de que la había descubierto.
— ¿Siempre eres tan cuidadosa? —murmuró, sin mirarla directamente, pero sabiendo que ella lo escuchaba.
Nina no respondió. Solo lo miró, su expresión era impenetrable, pero sus ojos traicionaban una leve inquietud. Para cualquier observador externo, Nina seguiría siendo una sombra anónima, pero para él, cada mirada, cada movimiento de ella hablaba. Parecía estar evaluándolo, desafiándolo.
— ¿Vas a seguir mirándome desde las sombras? —continuó Alexei en tono bajo, sin ocultar la satisfacción en su voz—. O quizás prefieras... unirte.
Nina dejó escapar una leve risa, apenas un susurro.
—No me interesan tus juegos, Alexei —replicó, con un tono que mezclaba irritación y, si él no estaba equivocado, cierta curiosidad.
—¿Seguro? —preguntó él, inclinándose un poco más hacia ella, manteniendo la tensión entre ambos—. Porque has estado observando muy atentamente.
Ella dio un paso atrás, la luz de la calle iluminando apenas su rostro, lo suficiente para que él pudiera ver el destello en sus ojos, una chispa de desafío.
—No creas que no sé lo que haces, Alexei. Solo espero que no olvides quién es realmente el cazador aquí —respondió con frialdad, aunque sus palabras contenían un leve temblor que no pasó desapercibido para él.
Alexei se emocionó, disfrutando del desafío que ella representaba.
—Oh, no lo olvido, Nina. Créeme, estoy más que consciente de quién eres —respondió, con una sonrisa burlona y calculada—. La pregunta es... ¿Tú realmente sabes quién soy yo?
Por primera vez, Nina no tuvo una respuesta. La tensión entre ambos era palpable, como si el aire entre ellos pudiera encenderse con una chispa. Sin decir más, Nina se giró y desapareció en las sombras, dejando a Alexei con una sonrisa triunfal en los labios. Sabía que ese encuentro apenas era el comienzo de su verdadero juego, uno en el que ambos eran cazadores y presas al mismo tiempo.
Desde ese encuentro con Nina, Alexei percibió que ella ya no lo seguía, o al menos por ahora, así que los días siguientes decidió recorrer el puerto en busca de alguna pista de ella y de su paradero. El puerto no era nada más que el Canal Mar Blanco-Báltico de Vytegra. El lugar parecía un mercado animado y pintoresco, con puestos que ofrecían desde especias hasta pescados frescos y artesanías locales. Los turistas paseaban, fascinados por los colores y los aromas que llenaban el aire, mientras algunos locales cerraban tratos discretos, escondidos tras fachadas de productos comunes. Sin embargo, Alexei sabía que no todo era tan inocente como aparentaba; la actividad real se encontraba justo debajo de la superficie.
Caminando entre los puestos, fingía admirar las mercancías mientras sus ojos escaneaban el entorno. A través de su experiencia como agente, había aprendido a leer los gestos más sutiles y los intercambios de miradas que delataban operaciones ilegales. En un rincón del mercado, detrás de un puesto de especias, un hombre de rostro endurecido parecía recibir más que mercancías.
Un paso en falso y todo puede volverse en tu contra aquí, pensó, recordando las historias sobre este lugar. A lo largo de los muelles y en las sombras del canal, abundaban los rumores de tráfico de armas, drogas y hasta de trata de personas. La policía local no hacía mucho por intervenir, y la mafia parecía controlar cada rincón del mercado.
Con una sonrisa, avanzó hacia un vendedor mientras continuaba su recorrido. Sus ojos registraban cada detalle, como las posiciones estratégicas donde podrían instalarse en otra ocasión. Pero esta vez, él mismo era el único equipo de vigilancia. Decidido a depender de sus propios sentidos, sabía que su presencia pasaría inadvertida entre la multitud.
Al acercarse al extremo más silencioso del mercado, donde los turistas empezaban a escasear, sus oídos captaron una conversación en ruso entre dos hombres que fumaban cerca de un contenedor de carga.
—С тех пор как Рейчел взяла контроль, все изменилось. Теперь мы все под угрозой.” (Desde que Rachel tomó el control, todo cambió. Ahora todos estamos en peligro).
—Она убила своего собственного отца, чтобы занять его место. Говорят, что она ищет кого-то и не остановится, пока не найдет.” (Mató a su propio padre para tomar su lugar. Dicen que está buscando a alguien y que no se detendrá hasta encontrarlo).
Al escuchar el nombre “Rachel”, una ola de recuerdos oscuros lo invadió. Un destello de furia pasada le nubló la visión por un instante. Se vio a sí mismo, años atrás, caminando con rabia, buscando sin descanso, y su propio grito resonó en su mente.
— ¿Dónde estás, Raquel? —recordó haber gritado entonces, su voz cargada de una ira que casi lo consumía—. ¡Esto no se va a quedar así!
La intensidad del recuerdo le provocó un dolor de cabeza punzante, haciéndole fruncir el ceño. Pero ese no era el momento para distracciones. Se recompuso rápidamente, tratando de disimular su incomodidad mientras continuaba su recorrido.
A medida que avanzaba entre los puestos, sus ojos captaron una figura familiar moviéndose entre la gente. Era ella. Nina, entre los turistas y vendedores, con esa mirada cautelosa y la postura alerta que parecía innata en ella.
Sintiendo que ésta podía ser su única oportunidad, Alexei se acercó con rapidez pero manteniendo la discreción. Entre el murmullo del mercado y el bullicio de los turistas, logró alcanzarla en un callejón lateral del canal. Esta vez, no tenía intención de dejarla escapar.
—¿Pensabas que podrías eludirme para siempre? —dijo, su voz baja pero cargada de intensidad.
Nina se giró, y sus ojos se encontraron con los de Alexei, llenos de una mezcla de desafío y resentimiento. La tensión en el aire era palpable.
—No eres alguien fácil de intimidar, ¿Verdad, Baranova? —susurró Alexei, tomando una postura desafiante.
—¿Y tú crees que soy fácil de atrapar, Volkov? —replicó ella, sin ceder un centímetro.
Antes de que ella pudiera escapar, la interceptó en un callejón lateral. Nina se giró al sentirlo cerca, y sus ojos se llenaron de una mezcla de desafío y rabia. Alexei no perdió el tiempo con palabras y se lanzó hacia ella.
Nina, en lugar de retroceder, se lanzó a su encuentro, tomando una postura ofensiva. Alexei lanzó un primer golpe directo a su rostro, pero ella lo esquivó por poco y contraatacó, lanzándole una rodilla directa al abdomen. El golpe fue tan brutal que Alexei sintió cómo el aire se le escapaba de los pulmones. Aun así, él contraatacó de inmediato, bloqueando el siguiente golpe de ella y agarrando su brazo con fuerza para inmovilizarla.
Pero Nina no se rindió tan fácilmente. Con una rápida torsión de su muñeca, logró liberarse y le propinó un puñetazo brutal en el pómulo izquierdo, el impacto lo hizo retroceder. Antes de que pudiera recuperar el equilibrio, ella se lanzó con una serie de golpes rápidos: un codazo directo a su mandíbula, seguido de una patada lateral que se conectó en su costado, haciéndo se tambalearse hacia un lado. La fuerza y precisión de los golpes de Nina lo sorprendían; cada movimiento suyo era calculador y despiadado.
Con rabia y adrenalina corriendo por sus venas, Alexei respondió con una llave de combate, atrapando el brazo de Nina y girándolo hacia atrás en un intento de inmovilizarla. Pero ella se inclinó hacia adelante, usando su peso para lanzar una patada hacia atrás que impactó en la rodilla de Alexei. Él gruñó de dolor, soltándola por un segundo, lo suficiente para que Nina girara y le diera un puñetazo directo al estómago, seguido de otro que le cortó el labio.
Alexei se tambaleó, el sabor metálico de la sangre llenándole la boca. Pero no estaba dispuesto a rendirse. Arremetió con un golpe de puño que esta vez conectó en la mandíbula de Nina, logrando hacerla retroceder unos pasos. Ella se tambaleó, pero se recuperó rápidamente, y sus ojos mostraban una furia fría y controlada.
—¿Eso es todo lo que tienes? —murmuró ella con un tono desafiante.
Sin responder, Alexei intentó agarrarla de nuevo, pero Nina, aprovechando su agilidad, ejecutó una maniobra de combate que lo tomó desprevenido. Con una serie de golpes certeros, se liberó de su agarre y, en un movimiento veloz, lanzó un codazo que le hizo perder el equilibrio. Antes de que él pudiera reaccionar, ella se giró rápidamente y le lanzó una patada en el pecho que lo hizo retroceder hasta chocar contra la pared del callejón.
Alexei jadeó, el dolor en sus costillas y la mandíbula grabándole la letalidad de Nina. Antes de que pudiera hacer otro intento de atraparla, ella lo miró por última vez, con una mezcla de desafío y satisfacción en su rostro, y salió corriendo hacia la multitud, desapareciendo entre los turistas y vendedores del mercado.
Alexei, aún jadeante y adolorido, se apoyó en la pared, limpiando la sangre de la boca mientras sus ojos seguían el rastro de Nina hasta que desapareció por completo.