Phillip quiso que la tierra se abriera y se lo tragara de un momento a otro. ¡Qué mala suerte tenía! ¿Preciso aquella noche? ¿De veras? Había invitado a Emily a ese lugar, y en su bolsillo llevaba unos pendientes de diamantes porque planeaba dar por terminada su relación aquella misma noche, y va y se aparece Georgina en el restaurante. De pronto frunció el ceño. ¿Qué hacía ella allí? ¿Y con quién estaba? —Vaya –susurró Emily cuando se dio cuenta de lo que estaba sucediendo—. Qué bien acompañada que está. Al oír aquello, algo ácido empezó a corroerlo por dentro. Esperaba estar equivocado, esperaba… El hombre se movió levemente y pudo saber quién era. Adam Ellington. El maldito. Sin pensar en lo descarado que podía parecer, caminó hasta ellos, con Emily casi colgando de su brazo, y

