— ¡Eres tú! –dijo Tess cuando al fin sus lágrimas pararon—. Deja de morirte, ¿quieres? ¡Te he despedido dos veces! ¡Qué mala amiga eres, de verdad! –Heather se echó a reír. —Ya, procuraré a la próxima morirme después de ti y no antes, para no hacerte pasar por esto otra vez—. Tess se sentó a su lado en la camilla, mirándola fijamente, estudiándola. —Te veo más linda que antes. —Gracias. — ¿Por qué estás aquí? Tu cuerpo ya… —Estoy aquí, porque aquí será a donde pertenezca de ahora en adelante. — ¿Sin más cambios? —Sin más cambios. Para siempre. — ¡Qué bueno! ¡Qué bien! ¡Te eché tanto de menos! –exclamó volviéndola a abrazar. —Y yo a ti… aunque para mí sólo pasaron unas pocas horas, y me encuentro con que aquí pasaron dos semanas. —Las dos semanas más horribles de mi vida… y las de

