Amelia Estoy tan concentrada en dar los últimos retoques a mi última creación que no oigo a Liam entrar en casa. Su —Hola— casual desde la puerta de mi cuarto de manualidades me sobresalta y casi se me cae el pincel. A pesar del accidente, no me enfado. Mi corazón se acelera mientras le sonrío. —No te me acerques así. Liam se mueve detrás de mí y me besa el cuello. —Lo siento, amor. ¿Qué estás haciendo? Liam estaba fuera trabajando en nuestro césped y jardín. Huele de maravilla: un poco a hierba recién cortada, un poco de sudor y todo a hombre. Se inclina sobre mi hombro e inhalo suavemente, disfrutando de su aroma y de la cercanía. —Es otro jardín de hadas de barro. ¿Ves? Dejo el pincel en el suelo y le doy la vuelta a la casa pintada para que pueda ver la pequeña puerta de hadas d

