Prólogo. Habían pasado dos años desde la última vez que Alessandro había visto a Antonella. Ella no había muerto en el momento que intentó acabar con la vida de su hermana menor, pero eso no le quitaba las ganas de acabar con ella con sus propias manos. Para la mafia, no importa de qué país fuera, le debías lealtad a todos y las mujeres eran sagradas. Una traición de parte de tu compañera y se acaba todo. Él esperó, pacientemente, a que ella quedara sola y atacó en silencio a su presa. ¿Maníaco o psicópata? Las dos definiciones le quedaban bien. Capturó el autobús en donde trasladaban a Antonella, logrando que pareciera un accidente de tránsito. Las calles angostas las cerró y él descendió de su auto blindado. —Por favor... Tengo familia. No me haga daño —le rogó el chófer. Él miró a

