Mientras más pasaban las horas, más difícil era para Aysel aguantar todo su dolor. Para ella, su vida se había acabado. Su madre fue el centro y su universo entero. Su hermano siempre estuvo ausente y ellas dos salieron adelante mientras él estuvo fuera de su país. Vagamente, pensó que podía llevarla a Turquía junto a su padre, pero su hermano ya tenía todo preparado. —Ni siquiera sé porque tengo que seguir viniendo aquí —se quejó murmurando, al entrar nuevamente a la mansión. Se sentía prisionera y cada minuto que pasaba, su alma era desgarrada. Miró alrededor y nuevamente sintió mucha rabia por ellos. No los odiaba, su madre jamás le permitió tener ese sentimiento... Solo a Fabrizio. —Aysel... —la voz de Emma llamó su atención—, siento mucho lo de tu madre. Miró a la rubia, con su pe

