—¡Nos vamos de aquí ahora mismo! —el brazo de Emma fue tomado por el padre Antonio—. Es peligroso seguir en este lugar. Sor María estuvo de acuerdo y la arrastraron para irse de la mansión de Fabrizio. Emma, por más que quiso quedarse, no pudo y solo siguió a su gente. Alessandro se sentó y quiso ir corriendo detrás de ella, pero la mano de Fabrizio lo detuvo. —Así de fácil la alejan de nosotros, Alessandro. Ahora María y Antonio nos tendrán en su lista negra y te será difícil acercarse a ella —miró a Fabrizio, pero no dijo nada. —No era necesario que hicieras eso, pero como no se te puede llevar la contraria —intervino Aysel—. ¿Ahora sí puedo curar a Alessandro? —Vamos a dejar que se muera desangrado —la miró mal. —Ni siquiera sé para qué intento dialogar contigo —se quejó, sacó su c

