Aramis no le quedó más remedio que correr a toda velocidad hacia donde se encontraba el rey, ya que seguir al príncipe Elessar era inútil. Así que, con la mayor rapidez que el elfo pudo, se dirigió hasta la biblioteca donde se encontraba el rey Cirdán y, en pocos minutos, llegó agitado y aturdido abriendo las altas puertas de par en par. El rey Cirdán, que se encontraba tranquilo en medio de ese montón de libros, dirigió su mirada hacia el causante de esa estrepitosa entrada, encontrándose con Aramis sin Liara y con una expresión preocupada. El rey ni siquiera tuvo que pensar dos veces cuando se levantó de su asiento y caminó a grandes zancadas para alcanzar al elfo de cabello rubio y lacio, sujetándole por su camisón blanco, diciéndole: —¿Dónde está mi humana? —Mi señor, el príncipe El

