Capítulo sesenta y cinco Pov Khan Tiro una y otra vez piedras en el lago en donde le he dado de comer a más de los tres lagartos que yacen al fondo del mismo. Estoy aburrido. Tomo asiento al fondo, junto a uno de los árboles que hay en el lugar, y donde normalmente estaría trepado Daniel, sin darle la espalda al lago y a lo que me rodea, suspiro pesadamente viendo mis pies y mis manos en las cuales yacen raspones y quemaduras poco visibles de lo que sucedió ese día, no obstante sacudo la cabeza y me quedo observando la profundidad del color del agua del lago como si esto realmente fuese a quitármela a ella de la cabeza. No puedo, no puedo, no puedo... Dios, me voy a volver loco. ¿Por qué me he convertido en esto por una simple chica que no es más que un montón de tripas por dentro?

