Capítulo 6. Bajo la sombra del enemigo. Benjamín se encamina hacia la puerta, su figura recortándose contra la luz fría del pasillo. Con un gesto seco de la mano, llama a los hombres de seguridad para que escolten a las empleadas del servicio. Las mujeres recogen los restos de comida y el cristal roto con movimientos nerviosos, sintiendo la electricidad estática que satura el sótano. Durante todo el proceso, Evangeline no aparta la vista de él. Sus ojos, de un verde grisáceo, lo enfocan con una determinación inquebrantable, una fijeza depredadora que no parpadea. Benjamín no le es indiferente; le sostiene el contacto visual, una guerra silenciosa de voluntades, hasta que la habitación queda despejada. —Te dará hambre en cualquier momento —sentencia él con voz gélida desde el umbral—.

