CAPÍTULO 5 "Entre cazadores y luna"

686 Words
El disparo quebró el aire. Elías empujó a Aria contra el suelo justo cuando una flecha plateada pasó tan cerca que le cortó un mechón de cabello. —Respirá —susurró—. Contá sus pasos. Aria cerró los ojos. Uno… dos… tres… cuatro. Los cazadores se iban cerrando. Damián gruñó, medio transformado, músculos tensos como alambre. —Nos rodean. —Entonces rompemos el círculo —respondió Elías—. Yo por la derecha. Vos cubrís su flanco. Damián lo fulminó con la mirada, incómodo con la idea… pero obedeció. Aria sintió el latido de su marca, caliente, insistente. El mundo pareció vibrar bajo sus pies. Un cazador emergió frente a ella, tatuajes brillando. —Objetivo a la vista. Le apuntó. El miedo subió como hielo… y algo dentro de ella se abrió. El aire explotó. El disparo se desvió y el cazador cayó de espaldas. Elías sonrió apenas. —Eso. Contrólalo. La batalla se volvió caótica. Damián era furia. Elías, precisión. Aria respiraba, dejaba fluir el poder y lo contenía antes de perderse. Un cazador la tomó por el brazo. La marca ardió. No soy presa. Aria lo empujó —y el hombre salió volando contra una roca. Silencio por un segundo. Después, más gritos. Elías la miró diferente ahora: no como superviviente… sino como igual. —Sos peligrosa —murmuró—. Y eso me gusta. Damián lo escuchó. Sus ojos se volvieron oscuros. —No la uses —escupió—. No es un arma. —Entonces no la trates como una posesión —respondió Elías. La tensión entre ambos fue un filo. Más cazadores aparecieron. —Vienen refuerzos —advirtió Damián—. Hay que movernos. —Santuario viejo del Consejo —dijo Elías—. A media milla. Ahí no pueden entrar. Corrieron. Las flechas silbaban. El bosque se abría y cerraba bajo la luna. Elías tomó la mano de Aria para guiarla entre las rocas. Su calor la tranquilizo. Demasiado. —No me sueltes— dijo él, sin mirar atrás Damián vio el gesto. —Suéltala —gruñó. —Está temblando —respondió Elías, sin soltarla—. O querés que se caiga. El Alfa apretó la mandíbula, impotente. Llegaron a la cueva. Los símbolos brillaron y los cazadores se detuvieron como golpeados por una pared invisible. Maldijeron, uno de ellos escupió sobre un juramento... y se retiraron, desaparecieron en la oscuridad. Dentro, el aire era frío, antiguo. Aria apoyó la espalda en la roca. El cuerpo le temblaba; el poder aun vibraba bajo su piel. —Casi maté a uno. —Y te habría matado —dijo Elías suavemente—. Elegiste vivir. Se acercó. No la tocó. Pero estaba tan cerca que su respiración se mezclaba con la de ella. —Cuando peleas —susurró— el mundo se calla. Sus ojos bajaron a sus labios. La luna pareció latir. Damián se movió bruscamente, interponiéndose. —Basta. Aria lo miró. —¿Celoso? Él tragó. No respondió. —Te rechacé —dijo, con voz baja—. No para herirte. Para que nadie te usara. Elías rió, sin humor. —Y ahora te molesta que alguien la elija… por decisión propia. Damián dio un paso hacia él. —Si la lastimas— —No soy yo quien la rompió —cortó Elías. El silencio pesó. Aria sintió el calor entre ambos… y el tirón en su pecho. Dos destinos. Dos guerras. —No quiero ser el campo de batalla —dijo, firme. Los dos la miraron. Elías bajó la cabeza, respetuoso. Damián apretó los puños. La marca brilló, suave… como si escuchara. Afuera, un cuerno antiguo retumbó. El Consejo no se había ido. Solo estaba cerrando el cerco. Elías se inclinó hacia ella, su voz apenas un murmullo: —Mientras estés conmigo, peleo por vos. No para poseerte… sino para que puedas elegir. Damián desvió la mirada, con los celos clavados en la garganta. Y Aria entendió algo: no solo la estaban cazando. También estaban dispuestos a matarse por ella. Y eso… podía ser tan peligroso como el Consejo. “Esto recién empieza… volvé mañana 👀✨”
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