Camino a paso decidido y entusiasmado al aula de mi clase extra; esa por la que sumo puntos para mis calificaciones y ser el mejor alumno del instituto. En realidad no es que me importe mucho la materia de Literatura, pero fue lo más fácil que pude conseguir para obtener esos puntos extras.
La adrenalina y la anticipación de saber que Charlotte probablemente me esté esperando allí adentro —como en los encuentros anteriores— es casi tan grande que apenas puedo soportarla.
Por mero impulso miro a ambos lados del pasillo, coloco la mano sobre la perilla de la puerta y abro esta.
Mi sonrisa se borra de golpe cuando en mi campo de visión no es Lottie quien está. A quien observo es a un hombre de unos treinta años, más o menos, rubio, alto, atlético y haciendo algo en el pizarrón.
Apenas pasan unos segundos cuando él nota mi presencia. Me dedica una mirada larga, sin ninguna emoción sobre el rostro. Se acomoda los anteojos sobre el puente de la nariz.
—¿Vienes por la clase de Literatura? —me pregunta.
Asiento, incapaz de confiar en mi voz para hablar porque aún no estoy muy seguro de lo que está pasando. Creo saberlo, pero no puedo confirmar nada aún. Le echo un vistazo rápido al interior del aula, solo para verificar que estamos solos y que, efectivamente, no hay rastro de Lottie.
—Llegaste temprano —menciona el hombre—. Aún faltan unos quince minutos para que inicie.
—¿Para que inicie? —cuestiono, confundido hasta la mierda—. Creí que tenía esta clase libre. Hace más de una semana que despidieron al anterior profesor...
Cierro la boca de golpe al darme cuenta de lo que estaba a punto de decir.
Al anterior profesor lo despidieron por haberse estado acostando con una de sus alumnas. Ya que es poco profesional y ético que mantengan en tipo de relaciones y, sobre todo, si era dentro del instituto.
Me adentro en el lugar de manera distraída y dudosa.
—Discúlpame, no me presenté. Me llamo Stefan Clarck —dice, al tiempo que acorta la distancia que nos separa y me extiende su mano para que la tome—. El nuevo profesor de Lengua y Literatura.
Me toma unos segundos procesar todo, pero extiendo mi mano y tomo la suya.
—Demian Bradley. —Me presento al tiempo que sonrío, de manera amable pero al mismo tiempo tirando maldiciones en mi interior porque no podré ver a Lottie ahora.
Apenas nos tomamos la mano, él gira sobre su eje para continuar en lo que estaba haciendo antes de que yo llegara.
El lugar está vacío aún. Quizá se deba a que nadie sabe que hay un nuevo profesor ahora o, simplemente, les da igual esta clase porque es un extra.
Al parecer el profesor no estaba escribiendo nada en la pizarra, se encontraba limpiándola o algo por el estilo. De todas maneras, no es eso lo que llama mi atención, sino la pila de libros que lleva consigo y que permanece sobre su escritorio.
Me aclaro la garganta.
—Lleva muchos libros con usted —menciono, para tratar de romper el extraño silencio que nos ha envuelto—. ¿Son para la clase?
Él se gira sobre sus talones para encararme y una sonrisa ladeada tira de la comisura de sus labios.
—Son míos —explica—. Me gusta leer en mi tiempo libre o en cualquier momento que se pueda.
Continúo husmeando en todos los libros que están allí y que, por alguna razón, se me hace interesante que alguien lea mucho; me sorprende que traiga consigo tantos libros a la escuela para poder leerlos, solo cuando está aburrido.
Sintiéndome con toda la libertad del mundo —ni idea por qué— estiro mi mano para tomar uno de los libros e inspeccionarlos con curiosidad; observo la portada, la sinopsis y, finalmente, lo abro para leer por un corto tiempo la primera página.
—¿Te gusta leer? —La voz profunda y enigmática del profesor me saca de mis cavilaciones.
Parpadeo repetidas veces para salir de mi estupor.
—Discúlpeme —digo, refiriéndome a haber tomado uno de sus libros con toda la ligereza del mundo—. No suelo leer mucho —aclaro, sin quitarle los ojos de encima a las páginas—. No me desagrada leer, pero tampoco lo hago muy seguido.
—Podrías tomarte al menos una hora al día para leer —sugiere—. Es entretenido.
—¿Este de qué trata? —pregunto, extrañamente interesado por la lectura que tengo entre los dedos.
De pronto, me siento estúpido por haberlo preguntado, ya que me leí la sinopsis y ahí se explica con detalles de qué va el libro. Me golpeo mentalmente, porque cerca de él, del profesor de Literatura, me siento extraño... Como más torpe y con ganas de crear alguna conversación, por más absurda que parezca.
—Sobre una chica que perdió la capacidad de ver, a causa de un tumor que estaba en su cabeza —explica, con paciencia—. De cómo toda su vida da un cambio drástico debido a eso. Te hace reflexionar sobre muchas cosas a las que no le damos importancia en nuestro día a día.
—Me parece interesante. Y eso que solo he leído tres párrafos —asiento. Entonces, lo miro. Lo que entra en mi campo de visión me deja mudo durante unos instantes. Sus ojos son grises claros, son de un color tan hermoso que jamás había visto en ninguna otra persona. Delirante, enigmáticos, maravillosos... Así los describiría.
Dándome cuenta de que estoy observándolo más tiempo del debido, vuelvo a aclararme la garganta para decir algo —lo que sea...— pero su voz me interrumpe.
—Puedo prestartelo. Así lo lees al terminar las clases.
Sonrío.
—Gracias.
Y como si algo me hubiese dicho que debo husmear aún más entre las cosas que ha dejado sobre su escritorio, le echo otro vistazo a la pila de libros. Cierro el que él ya me ha concedido para poder llevármelo a mi apartamento para leerlo más tarde, y estiro mi mano para tomar otro al alzar.
Apenas leer el nombre del nuevo ejemplar y ver la portada, ya puedo adivinar de qué trata este.
—¿Le gusta la literatura erótica? —Las palabras escapan con tanta velocidad de mi boca, que apenas puedo detenerlas.
Apenas llega a mis oídos lo que he dicho, quiero cavar un pozo en el suelo y arrastrarme hasta allí junto con la poca dignidad que me queda, para no salir jamás... O al menos hasta que el profesor se haya ido.