Bueno, pasaré mi cumpleaños en un puente porque debido a diferencias de pensamiento he decidido dejar la casa donde solía vivir. George afirmó todo lo que mi ahora tía Vivian me dijo y me llamó irresponsable por mi decisión pero aún así me dio dinero para intentar sobrevivir un poco. Mis amigos me dieron la espalda y no tengo a nadie más, George dijo que resolvería eso pero tampoco pudo. Solo sé de la existencia de una sola persona que podría ayudarme pero sería solo a cambio de dinero aunque así es como gira el mundo.
-¿Qué pasó? -pregunta- el bebé sigue contigo.
Le cuento que necesito un lugar, que es la única persona en la que he pensado y que a pesar de la posibilidad de que sea un asesino serial siempre existe aquella de dar una oportunidad para intentarlo.
-Princesa -dice mirándome por el retrovisor- yo no soy de los que dan caridad pero puedo encontrarte utilidad.
Hago una mueca, he leído demasiados historias sobre "utilidad" y no es nada bonito.
-Yo no estoy dispuesta a esa clase de cosas.
Él se suelta riendo y me explica que no pasarán esa clase de "cosas" porque no soy su tipo, le gustan hombres rudos. Obviamente me sonrojo al instante y me avergüenzo, no soy de las personas que se creen todas unas diosas caídas del cielo.
-Mira -dice- te dejaré quedarte pero un par de días en lo que encuentras un lugar, mi hermano pasará por el lugar y no te quiero por aquí.
Y no voy a estar ahí, lo prometo.
-Muchas gracias.
***
-Es hora de que muevas tu flaco trasero de la casa -dice moviendo mis cosas- mi hermano está por llegar y no quiero que te vea por aquí, comenzará a hablar de más y no nos tenemos tanta confianza.
Tomo todas mis cosas y al bebé en brazos, no sé a dónde iré pero debe ser un lugar económico. Lo suficientemente barato como para darme tiempo de encontrar un empleo. Tocan el timbre y sé que esa es mi salida, su hermano está ahí y debo irme.
-Humm -digo con el bebé y la maleta en el brazo- lo lamento, ya me iba.
Agradezco a... no siquiera le pregunté el nombre, dos días con él y no sé su nombre, soy un desastre.
-¿A dónde vas a esta hora? -pregunta el recién llegado- ¿por qué estabas con mi hermano?
Intento hablar pero me quedo en silencio. Vuelvo a intentar pronunciar palabra pero otra vez mi silencio, soy una bruta. De acuerdo, puedo decirle la verdad pero no toda la verdad, su hermano no ha de ser de esas personas que descubren mentiras ajenas.
-Yo solo me iba a quedar hasta que tú llegaras -respondo- es por eso que ya me voy, tú llegaste.
Tomo la maleta y cuido de no hacerle daño al bebé, en serio necesito pensar rápido, mi tiempo se agota.
-Puedes quedarte -dice dándome un juguetito que se me cayó- eres bienvenida.
Relajo músculos de mi cuerpo que ni todo mi tiempo invertido en gimnasio habían logrado tonificar y le agradezco a ese ángel de ojos color café que me acaba de dar tiempo extra en esta misión s*****a. Él comienza a cocinar, se presenta como Charlie Brown y ese nombre me causa mucha risa, se llama justo como el personaje de la caricatura, su hermano es Bob Brown y vuelvo a intentar contener las ganas de reír, seguramente sus padres no estaban pensando muy bien a la hora de los nombres.
-Tengo una cita -dice Bob- los dejaré comer solos, no hagan nada, ella ya tiene un bebé.
Bueno, algo así. Charlie continúa la preparación de su platillo en total silencio y yo solo observo la manera en la que cocina, es demasiado preciso.
-Cuéntame de ti -dice mirándome por un segundo- es decir, el bebé, el padre del bebé y cómo conociste a mi hermano.
Supongo que si voy a vivir el resto de mi existencia siendo la madre de este bebé, debo comenzar a presentarme como tal, nada de "me lo dejó una muchacha" sino "es mío" y reconocerlo como tal a primera hora en un registro legal. Comienzo a contarle que no tengo empleo, mis padres (omito el que soy una adopción para ellos) querían que lo dejara en una casa hogar y que me rehusé a hacerlo, continúo con el hecho de que no tengo empleo pero conocí a su hermano hace cuatro días cuando pedí un taxi; no tenía muchas personas que me quisieran así que le pedí ayuda y el trato era marcharme justo cuando él llegara.
-Eso está fuerte -dice tendiéndome un plato- ¿y el padre?
Claro, lo omití.
-Alguien que no quiso saber nada de nosotros -respondo- no vale la pena que sea mencionado.
El resto de la comida transcurre en absoluto silencio, el bebé logra de vez en cuando y me levanto a susurrarle alguna canción con la que vuelve a caer en un sueño profundo, estos días me he sentido más agotada que todo el cansancio sumado durante mi vida. La parte difícil no es hacer bebés sino mantenerlos y atenderlos. Porque no es lo mismo: mantienes algo con dinero y cosas materiales pero lo atiendes con tiempo y cariño.
-Trabajo en un pueblo no muy lejos de aquí -dice cuando he secado los platos- puedes venir a trabajar, hay empleo para todos. Yo trabajo de día y estudio por las noches.
Eso suena bien para mí, es decir, puedo trabajar y darle una vida digna; demostrar que puedo hacerlo. Espero poder hacerlo.
-Supongo que algo debe tener el empleo -digo- es extraño que si te va tan bien, lo ofrezcas; de donde vengo no se acostumbra eso.
Me asegura que no hay nada ilícito o peligroso, solo es un empleo que requiere mucho trabajo duro y es por eso que no muchas personas lo aceptan pero bueno, es lo primero que se me aparece y no estoy dispuesta a rechazarlo solo porque no lo haya intentado antes.
-¿Y si acepto? -pregunto, obviamente necesitaré alguien que cuide a mi (es curioso usar ese pronombre posesivo) bebé- ¿quién cuidará al bebé? ¿cómo será la paga?
Me explica que no me preocupe, hay niñeras, guarderías y demás que se encargan de los bebés pero la paga viene hasta la segunda semana de trabajo lo cual no es muy atractivo pero puedo sobrevivir con lo que aún conservo. Necesito este empleo, no importa lo duro que sea. Esa es una cualidad del ser humano, se adapta a casi todo y obviamente me voy a adaptar a ese cambio.
-Acepto -digo- quiero ese empleo.