Comprando la verdad Aquellas vacaciones eran perfectas para la familia González. Su estancia en Venecia Italia había sido muy plácida y benéfica. Distracciones, conocimientos, buena comida, paisajes hermosos, en fin, algo digno de recordar por siempre. Era el último día para estos vacacionistas y no querían desperdiciar ni un minuto. Habían desalojado ya el hotel al medio día y caminaban por el centro buscando el mejor restaurante antes de partir. Eligieron el "Wisteria Restaurant" donde disfrutaron de unos manejares exquisitos. Al terminar y para finalizar este gran viaje, la hija mayor de nombre Eliza convenció a su madre de regresar a una tienda para comprar un vestido más. —Tal vez nunca regresemos, por favor mamá—palabras contundentes de una niña para lograr obtener algo de sus

