ESCUELA ABISMO
Con el brillo del sol, los pisos de la escuela Emiliano Zapata lucían extremadamente brillantes, en especial a las 18:00, cuando las clases terminaban y todos los alumnos caminaban por ellos. Algunos lo hacían esperando poder ver a sus amigos y otros simplemente disfrutar de la comida o de la vista.
Carlos era uno de esos alumnos que al finalizar las clases corría en busca de comida a la cafetería, justificando el exceso de estrés por el estudio. Este día, al terminar de consumir la hamburguesa "periférica" especialidad del lugar, se dirigió a la biblioteca a toda prisa porque olvidó sacar un libro para la tarea que, con toda responsabilidad, esperó al día viernes para hacerla.
En su camino y a toda velocidad se cruzó con su amiga Daniela quien lo interceptó al darse cuenta de su prisa.
—¿A dónde vas? Es hora de irnos, los demás nos esperan en la entrada.
—Diles que los alcanzo en 10 minutos—dijo sin detenerse—Olvidé sacar un libro en la biblioteca.
Daniela no pudo decir nada más y observó por un momento a su amigo correr en dirección a la biblioteca.
Ella siguió su camino a la puerta principal donde sus demás amigos la esperaban.
Al esperar más de 10 minutos, decidieron adelantarse a casa para no saber de su amigo en las siguientes horas.
***
—¡Les pedí que vinieran hace un buen rato!—Gritaba Daniela a sus amigos.—¿Por qué tardaron tanto?
—Es viernes y son las 21:30—Replicó Cesar—Tenemos cosas que hacer.
La noche había llegado y Daniela reunió a sus amigos, pero esta vez en la calle cerca de su casa. Lo hizo con un tono de urgencia.
—Me llamó hace 20 minutos—decía mientras tomaba el celular—se escuchaba muy asustado
—¡Que tonto!—decía con mofa Roberto.—No puedo creer se haya quedado dormido en la biblioteca.
—Y ahora perdemos nuestros planes al ir por él.—Se unía Cesar a la plática. —¡Vamos rápido!
—Me preocupa el haberlo escuchado asustado-seguía Daniela.
—Así es de dramático.—La confortaba Roberto
—Nadie se queda encerrado.—Comentó ella mientras aceleraba el paso. El pobre no debe saber qué hacer.
El trayecto de vuelta a la escuela fue rápido, no hubo distracciones ni nada que impidiera que llegaran los 3 a la enorme puerta principal y esta estaba bien cerrada como se lo esperaban.
Daniela tomó el teléfono e intentó varias veces llamar a Carlos.
—Esto me esta preocupando.—Decía mientras seguía sonando el teléfono—él nunca se despega de su celular.
Caminaba desesperada mientras los otros 2 trataban de mirar por donde brincarse o un espacio para mirar adentro.
—¡Ya contestó!—Gritó Daniela con alegría.
—Pregúntale dónde está—Pidió Cesar.
La llamada estaba distorsionada.
"Estoy aquí por la puerta del jardín, no hay por donde salir, no puedo brincar por ningún lado.
—No te muevas de ahí, veremos cómo podemos entrar.
—No hace falta—dijo Carlos con voz más tranquila.
La llamada se cortó pero la sorpresa mayor fue que la puerta principal se abrió, esto gracias al conserje Cristóbal que se asomó a través de ella.
Los chicos lo miraron con asombro, no esperaban que hubiera alguien tan cerca ni mucho menos en las noches.
No era raro que un conserje habitara en la escuela, simplemente la situación no era la ideal para eso.
—Me quedé encerrado.—dijo Carlos mientras se asomaba por la puerta junto a Cristóbal—pero encontré al conserje caminando por el pasillo y le pedí que me abriera.
—Estábamos preocupados.—Dijo Daniela molesta.—Por tus juegos perdimos tiempo.
—No te enojes.—Le respondió tranquilo.—Mientras buscaba cómo salir, entré al cuarto del conserje y miré unos videos muy divertido.—Entró nuevamente a la escuela.—Vengan a verlos…
Con desidia, se miraron unos a otros para valorar la oferta de su amigo.
—Mejor vámonos, tengo cosas que hacer.—Dijo César con seriedad.
—Solo veanlos un minuto.—Trataba de convencerlos Carlos.—Son videos de todos los alumnos, tonterías que hacen y cosas que les suceden.
El tema fue de mucho interés incluso para Daniela ya que quería corroborar que no estuviera en esos videos haciendo algo gracioso.
Todos entraron al cuarto del conserje quien se mantuvo en silencio desde que abrió la puerta y también miró los videos sin sonrisa alguna.
—Vean, son muy buenos.—Conversaba Carlos mientras sonreía.—Miren en esa pantalla, esta Eduardo, el tonto se cayó al intentar correr por el balón.—Señaló a otra pantalla.—Ahí está María llorando en los baños e Isabel consolándola como si no superemos que ella empezó el chisme.—Señaló una pantalla más.—Ahí, el profesor de matemáticas en el suelo cuando chocó con Rubén, el del fútbool americano y no pudo sostenerse.
La habitación era muy pequeña, efectivamente tenía todos los instrumentos de limpieza pero en el fondo, la sección de monitores que tenían grabados muchos espacios de la escuela, eran muy anormales en un sitio como este.
Los chicos estaban pasando un rato tan entretenido y gracioso mirando estos videos hasta que Roberto empezó un análisis.
—¿Cómo es posible que graben todo lo que pasa?—Se puso serio.—¿Es morbo o no tienen nada que hacer?
Cristóbal el conserje no le respondió nada y continuó con la mirada apática que le caracterizaba.
—Bueno amigos es tarde, vámonos ya.
Todos reaccionaron e hicieron caso, Carlos dió las gracias a Cristóbal y salieron del cuarto para irse de ahí, pero al llegar a la puerta principal, nuevamente estaba cerrada. Después de varios intentos por abrirla sin éxito, decidieron regresar por el conserje a su cuarto no muy lejos de ahí.
Mientras caminaban, Carlos comentó que había visto algo raro. —Cuando aún no encontraba a Cristóbal ví cerca de los baños a un duende pero estaba deforme y al verme se metió al baño de mujeres.
—No digas tonterías dijo Roberto.—Estabas asustado.
Llegaron al cuarto de Cristóbal pero ya no estaba ahí ni en ningún lugar cercano.
—¿A dónde habrá ido?—preguntó Daniela nuevamente temerosa.
—¡Don Cristóbal!—gritaba Carlos.— ¡Necesitamos que nos abra la puerta!
Todos comenzaron a gritar, pero no recibieron respuesta lo que provocó un ambiente muy tenso.
Se miraron y optaron por buscar otra salida pero César los detuvo
—Vean esto.—Dijo nervioso.—Esta televisión está pausada en el mismo momento en que la dejamos de ver.
—Es verdad, pero miren, ese es Abram el chico que se dio de baja hace 2 meses.—Hablaba Roberto con voz serua.—Pero el video tiene fecha de hace una semana, ¿Por qué?
—No se ni quiero saberlo.—Contestó Daniela aun mas nerviosa.—Mejor busquemos cómo salir, mi teléfono se ha quedado sin señal.
—Miren este video de afuera de los baños.—Pidió Carlos con un tono de emoción.—Es el duende que vi hace un rato, ¿Lo ven? está asomado ahí.
—Creo que si…—Decía César desorientado.—Pero ¿Qué hace?, ¿está buscando algo?
—Lo ven no estaba mintiendo.—Alegaba Carlos.—Pero su rostro está deforme, es muy feo.
—Si, lo vemos. Dijo Daniela alterada.—Pero no quiero verlo en persona, ¡Vámonos de aquí!
Todos la miraron y concordaron en salir del cuarto y buscar una salida. Se dirigieron al pasillo principal donde generalmente se reunían por las tardes al finalizar las clases. Lo conocían muy bien pero sin duda de noche se veía diferente. Lo recorrieron un par de veces sin encontrar por donde salir ni hayar a Cristóbal. Entonces decidieron cambiar de dirección.
Subieron al edificio B para mirar desde arriba una posible solución. Entraron a los salones para mirar las ventanas traseras y por el corredor para contemplar mejor la escuela. Revisaron rápidamente sin encontrar algo favorable y aún más rápido fueron al área de deportes pensando en la parte donde había una barda y que quizá podían brincar por ahí.
Al llegar, se desilusionaron al ver que las puertas estaban bien cerradas impidiéndoles pasar.
—Busquemos otro lado.—Dijo César nervioso.—Quizá la biblioteca o los laboratorios tengan una salida de emergencia.
—¿Qué es eso?—Preguntó Roberto temeroso.—Algo se mueve por el arbusto que está ahí.
Todos miraron y efectivamente algo se movía. Se acercaron lentamente quedando Daniela detrás de los demás. Al acercarse, vieron una rata del tamaño de un perro cocker que era la causante de que el arbusto se moviera.
—¡Esa rata es enorme!—Exclamó César.—¡Y tiene unos dientes rojos muy grandes!
—¡No se acerquen!—Pidió Roberto.—Caminemos antes que venga.
Pero fue demasiado tarde, la enorme rata los miró fijamente mientras sostenía tierra en su hocico y de inmediato se lanzó al ataque.
El grupo corrió en dirección opuesta gritando y a gran velocidad pasaron por un enorme jardín hasta llegar al edificio D donde subieron las escaleras y entraron a un salón azotando la puerta y recuperando el aliento.
Tomaron un par de minutos para relajarse y entender la situación; estaban encerrados en un enorme colegio con una criatura violenta, del tamaño de un perro cocker corriendo por el pasillo, sin señal en los celulares con el misterio de las cámaras y Abram por resolver.
Daniela fue la primera en calmarse, ella era la más importante para todos e intentaron darle seguridad.
—Bien.—Dijo César.—Nos desviamos de la ruta planeada pero aún podemos llegar a los laboratorios.—Se acercaron a la puerta.—Bajemos poco a poco para ver si la criatura se ha ido.
Carlos agarró un palo antes de salir y se puso al frente de todos, aunque no era una idea agradable pelar a palos con una rata enorme parecía la única opción.
Bajaron lentamente y al asomar la mirada, vieron que el animal no estaba y sin más precauciones corrieron a los laboratorios del edificio H.
Casi al llegar, su temor volvió al ver que la rata gigantesca los perseguía nuevamente.
Lograron llegar al primer laboratorio cerrando la puerta y recargándose en ella. Daniela se asomó por la ventana y contempló que el animal se quedó tras la puerta y comenzaba a retroceder pero no para lo que ella deseaba… estaba tomando impulso para poder golpear y derribar la puerta. Esta acción la repitió constantemente con una impactante fuerza y la puerta comenzó a romperse.
Carlos agarró el palo de madera mientras los demás buscaban donde esconderse pero solo pudieron retroceder a las ventanas traseras cuando la rata por fin entró.
Carlos intentó pegarle, Daniela gritaba despavorida mientras subía a una silla y observó que Carlos logró darle con el palo pero no con el efecto deseado; el palo se rompió y la criatura no sufrió ningún daño. Entonces retrocedió y se resbaló con el agua que salía de una tubería que él mismo rompió tras intentar golpear a la rata, pero cuando la rata se lanzó para atacar el agua le dió directo y quedó completamente mojada.
La rata se tranquilizó debido al efecto que el agua provocó en ella y en segundos salió de su cuerpo un humo gris y esta se desvaneció casi por completo, solo sus huesos quedaron en el piso terminado el peligro que en ese momento los acechaba.