CAPITULO II

3403 Words
Había una mujer. Su piel era blanca y en el rostro tenía algunas pecas. Tenía unos labios gruesos y rosados y unos ojos verdes. Era muy bella, pero aún así no pude dejar de sentir odio cuando la vi. «Contrólate, Merina, contrólate»  Me decía para no perder la calma. ─Tú debes de ser la pequeña Merina, ¿no es así? ─me preguntó educadamente. ─Sí, soy yo ─le respondí sonando mucho más seca de lo que quería. La mujer sonrió. ─Yo soy Helen, Helen Park. ─¿Por qué vinó sola? ─pregunté impulsivamente─. Se supone que solo una pareja puede adoptar ─Helen vuelvió a sonreír. ─¿Te preocupa que no pueda adoptarte? Quédate tranquila Merina. Estoy decidida a llevarte conmigo, así que nada de lo que hagas, o digas cambiará en lo absoluto la decisión que he tomado ─me dijo muy seria─, aunque creo querida, que todo sería más fácil, si no trataras de mentirme ─agregó tomándome por sorpresa. ─¿Qué...qué quiere decir? ─pregunté nerviosa, sin embargo, la estúpida sonrisa de Helen no se borró. ─He oído mucho de ti, Merina, por eso estoy más que decidida en que formes parte de mi familia. ─¿Ah sí? ¿Y se puede saber por qué una dotada querría como hija a una Exótic? ─le pregunté de manera retadora. Sin embargo Helen no dejaba de sonreír y eso me ponía cada vez más furiosa. ─Yo, no soy una dotada, y mi marido tampoco lo es ─me respondió. ─¿De manera que espera que me trague, cuento de que una Exótic, logró recaudar el dinero necesario para una adopción? ─le grité sin lograr contenerme─, ¿Quién diablos es usted? Nunca la ví en el mercado, y no tiene la apariencia de alguien que pueda conocerme. ─Sin embargo, te conozco. Mi hijo no hace más que hablar de ti. ─¿Su hijo? ─la cuestioné. ─¡Sí! Tendrás un hermano, bueno, en realidad tendrás cinco hermanos ─yo no supe que contestar. En realidad siempre me había preguntado que se sentiría tener una familia, tener hermanos, pero sabía perfectamente que esas personas no serían mi familia. Mi familia eran todos en el mercado, eran Ivana, Victoria y Tadeo, nada más. ─¿Cómo está tan segura de que iré con usted? ─le dije. ─No tienes más opción. ─Puedo escaparme. ─No lo harás. ─¿Cómo está tan segura? ─al fin la sonrisa se borró de su cara. ─Creí que habíamos acordado no mentirnos ─me dijo seriamente─, sé que yo no te agrado. Lo noté a penas pusiste un pie en esta habitación, pero conoces muy bien las leyes del clero, y sabes perfectamente que yo soy la única opción que tienes ahora. ─¿Trabaja para el clero? ─le pregunté acusadoramente. ─¿Cómo te atreves a insinuar semejante estupidez? ─me dijo ofendida, lo cual me sorprendió, pues, nunca imaginé que una mujer con el porte de Helen odiara al clero. Siempre estuve convencida de que las personas como ella no eran más que unos lame botas que adoraban al clero por sobre todas las cosas. ─Veo que no le gusta que la comparen con la basura ─le dije en tono burlón, sin embargo, ella no lo tomó muy bien., ─Ten cuidado con lo que dices. El que no esté a favor de los Ilunight no quiere decir que me dedique a corromper las normas ─me dijo secamente. Yo estaba hecha una furia, me puse de pie y golpeé la mesa que me separaba de ella con las manos, lo cual provocó que esta, se tambaleara un poco. Sin embargo, Helen no se movió. ─¿Quién diablos es usted? ¿Por qué está empeñada en adoptarme? ─le grité a la cara. ─Ya te dije que nada de lo que digas o hagas me hará cambiar de parecer ¿Por qué te importan tanto los motivos? ─¿Por qué? Le diré por que, porque pasé toda mi maldita vida esperando que llegara alguien que viera algo bueno en mí. Alguien a quién no le importara tener como hija una Exótic. Alguien que me apreciara. Alguien a quien llamar familia. Sin embargo, ese alguien nunca se presentó y yo dejé de esperar. ¿Tiene idea de cuántas veces tenía que ver desde mi ventana, cómo los demás niños asistían a la escuela? ¿Sabe lo horrible que es vivir sin un apellido? No, no lo sabe.¿Cómo podría saberlo? A duras penas se nota que en usted no hay ni una gota de sangre dotada. ¿Cómo consiguió el dinero para la adopción? ¿A caso se hizo pasar por una dotada? Infringió las normas, ¡NO LO NIEGUE! Podré no tener un cerebro privilegiado como todo mundo esperaba, pero tampoco soy una tonta ─me detuve un instante para tomar aire─. No venga a decirme que la única razón porque quiere adoptarme es por su hijo, porque no le creo ─Helen me escuchó con atención hasta que terminé, después se puso de pie y sin apartar la vista de mi rostro se me acercó. ─Haces preguntas demasiado fáciles. ¿Sabes por qué quiero adoptarte? Porque odio al Ilunight tanto como tú. ¿Creés que no sé lo que se siente ver a los demás niños asistir a un colegio, presumiendo sus apellidos? Te equivocas, como te dije en un principio, yo no soy una dotada, soy una Exótic, igual que tu. ¿Cómo conseguí dinero para tu adopción? Otra pregunta fácil, con una respuesta aún más fácil. Las personas del mercado central recaudaron lo necesario. Sin embargo, ninguno de ellos era candidato para adopción y por eso estoy yo aquí. ¿Me hice pasar por una dotada? ─la mujer rió como si la pregunta le causara mucha gracia─ ¿En serio Merina, no me conoces? Soy Helen Park, la hermana de la comandante Rosetth ─al escucharla, mis fuerzas me abandonaron y me dejé caer de golpe sobre la silla. La comandante Rosetth era tal vez, la mujer más temida de toda Athala. Era perversa, calculadora y dominante. Una mujer sin escrúpulos y sin corazón. Yo lo sabía muy bien, lo sabía mejor que nadie. La comandante Rosetth, era mi verdadera madre. Esa, era la unica información que se me dio respecto a mi origen.  ─Era fácil para mí ser candidata para la adopción, primero por el puesto que ocupa mi hermana y segundo, porque esta no es la primera vez que adopto. Yo no sabía que decir, me había quedado muda. A pesar de tantas respuestas que había en mi mente, tantas preguntas que quería hacer, y, sin embargo no fui capaz de hacerlas. Aquello significaba, que me encontraba frente a mi tía. Mi sangre. Sin embargo, no era capaz de recordar a esa mujer. Hice un esfuerzo mayusculo, por recuperar los recuerdos, que, se supone, debimos haber compartido juntas, pero no fui capaz de lograrlo. Helen logró darse cuenta de ello. ─¿Te ocurre algo, querida? ─me dijo sacandome de mis pensamientos. ─U... Usted, ¿usted la conoce? ─le pregunté. Helen me vió un poco incómoda. ─¿Conocerla? ─me dijo─, he pasado toda mi vida deseando no hacerlo. ─¿La odia? ─le pregunté. Helen sonrió con desprecio. ─Al principio no. Yo la idolatraba, desde pequeñas quedamos huérfanas, y al ser Exotics sufrimos mucho el desprecio de la sociedad. Ella siempre cuidó de mí y yo siempre viví idolatrándola como la hermana mayor que era para mí. Pero, ella cambió mucho. No sé con exactitud qué fue lo que la llevó a convertirse en el monstruo que es ahora, pero sea lo que haya sido... ─Pregunté si la odia ─la interrumpí. ─Sí, sí la odio ─me contestó. Yo me acerqué un poco a ella. ─En ese caso, vayámonos, acepto convertirme en su hija ─Helen sonrió. Sé que esa decisión fue tal vez un poco apresurada. Sin embargo, el odio hacia la famosa comandante Rosetth, era algo que mi tía y yo compartiamos y creí que eso sería suficiente para comenzar a acercarme a ella. ─¿Solo por qué odio a mi hermana? ─me preguntó. ─No, por que odia a la misma mujer que yo ─le dije─, no me importa si es o no su hermana. El odio es odio, y no necesita pedirle permiso a la sangre para serlo. Tal vez, eso sea motivo suficiente para que en un futuro nos llevemos bien. ─Creí que habíamos dicho que... ─...No nos mentiríamos, lo sé. Sin embargo, lo que le digo ahora no es ninguna mentira ─le dije mientras me dirigí a hacia la puerta. ─No creí que la odiaras tanto, después de todo, fue ella quien te dió la vida. ─Precisamente por eso es que la odio tanto. Recogí las pocas posesiones con las que contaba y salí del lugar sin despedirme de Ivana. Me daba miedo el tener que volver a ver su cara. Helen me esperaba en la puerta del orfanato con una sonrisa, aunque esta no era la sonrisa que me había acostumbrado a ver. No supe que era, pero noté algo distinto en aquella sonrisa. Afuera nos esperaba uno de esos lujosos autos que usaban los dotados. No tenía chofer y por fuera se veía muy pequeño. En lo personal, siempre me parecieron ridículos. Sin embargo, cuando entré, fue muy diferente. Era muy comódo y acogedor y había suficiente espacio para varios ocupantes. ─¡A casa, por favor! ─ordenó Helen, una vez que estábamos dentro. El automóvil comenzó a avanzar al instante─. Iremos despacio, así tendrás oportunidad de ver nuevos escenarios ─me dijo. Yo no sabía con exactitud lo que trataba de decirme, pero tampoco me importó. Tardamos cerca de diez minutos para llegar al mercado central. Apenas habíamos cruzado por la primera tienda, noté que algo iba mal. Las personas se inclinaban al ver que nos acercábamos. Nos trataban como si fuéramos parte del ejército inquisitorial, es decir nos trataban con respeto, pero sobre todo con miedo. Yo vi desde la ventana del vehículo, como los demás inclinaban la cabeza y me veían con tristeza. Me moría de ganas de salir del coche y correr hacia afuera. Decirles que era uno de ellos, que no me iría, que siempre estaría con ellos, porque ellos eran la única familia que conocía. Pero por desgracia no podía. Y tanto ellos como yo, lo sabíamos muy bien. ─¿Por qué me ha traído aquí de vuelta? ─le pregunté a Helen. ─Siempre cumplo mis promesas, querida. ─¿Acaso prometió que me torturaría de esta manera, cuando fuera su hija? ─le pregunté con desprecio. Helen volteó a verme con tristeza. ─No, les prometí que te verían por última vez. Ellos solo están despidiéndose de su adorada Rebel ─escucharla decir eso me rompió el alma. Aún así, no derramé ninguna lágrima. Volteé hacia el frente─. Al ser hermana de la comandante, adquirí un rango superior en la provincia. Eso quiere decir, que ahora que eres mi hija, tu estatus ha alcanzado un nivel diferente. Ya no eres la chiquilla del mercado, ahora, para ellos, eres una señorita de sociedad. ─¡Avanza! ─dije furiosa. No sabía con exactitud cómo es que funcionaban los automóviles de los dotados, por lo cual, sentí un gran alivio cuando vi que este obedecía y avanzaba más rápido. Vi de reojo como Helen me miraba y sonreía complacida ─¿Qué pasa, hice algo bien para variar? ─le dije irritada. ─No cabe duda que eres toda una Park, el coche ha reconocido tus órdenes. ─¿Y qué con eso? ─¿Cómo que "y que"? Mery, estos coches están equipados con la mayor tecnología y solo obedecen las órdenes de algún m*****o de la familia, por dicha razón obedeció tus órdenes. Escuchar eso me dio asco. Decidí quedarme callada hasta que llegamos a La Villa del ángel, el lugar donde Vivían los dotados. Tardamos todavía un buen rato en llegar al que, sería mi nuevo hogar. Yo ya no prestaba atención a nada. Dejé que mi mente divagara sola, y de vez en cuando asentía con la cabeza para no ofender a Helen, quien se empeñaba en hablar conmigo. Llegamos a la casa, era hermosa, no voy a negarlo, pero no sentía que pudiera pertenecer a un lugar como ese. Era tan distinto a mi pequeña y olvidada alcoba del internado. Afuera nos esperaba un hombre joven. Tenía los ojos pequeños, el cabello completamente n***o y lacio y la piel blanca, muy blanca. Sonreía amistosamente y nos saludaba. ─¿Estás lista para conocer a tu nuevo padre, Mery? ─me dijo Helen. No fui capaz de contestar por lo que solo me limité a observar al hombre. El coche se detuvó justo frente a la acera. Una vocecilla chillona, que no supe con exactitud de donde salió, anunció que habíamos llegado. Helen fue la primera en salir. El hombre se acercó y le abrió la puerta, en cuanto se vieron se saludaron con un abrazo y un beso.  ─La he traído, ¡es aún más hermosa de lo que habíamos escuchado! ─anunció Helen. Esperaba que no fuera de mí de quien hablaba, puesto que yo podía ser todo lo que quisiera, menos hermosa. Bajé del auto por la puerta contraria a Helen y me acerqué al hombre, me incliné un poco y me quedé observando el piso. El sonrió y se me acercó. ─¡Hola bonita! ─me dijo con un acento un poco cómico. Me tragué mi risa. ─Hola ─le contesté sin despegar la vista de mis zapatos. El hombre pusó una de sus manos sobre mi hombro y con la mano libre me acarició el mentón, levantando mi rostro para que pudiera verlo. ─Sé que estas nerviosa, pero quédate tranquila. Ahora eres mi hija y no dejaré que nada malo te pase ─me dijo con una sonrisa. Helen se acercó a nosotros. ─Él, es tu padre, Hyun Park ─traté de sonreír, pero no pude. ─Yo soy... ─Merina, lo sé. Aunque, ahora eres Merina Park, que no se te olvide ─me dijo Hyun─, bueno, pero ahora debemos entrar, debes conocer a tus hermanos. Mis "padres" me llevaron dentro. Tal y como pensé, esa casa era definitivamente muy distinta a mi pequeña alcoba del orfanato, lo cual me hizo extrañar ese sitio. Algo estúpido la verdad, ya que había pasado casi toda mi vida deseando salir de ahí. Pero, aún así, sería muy difícil que hiciera de ese sitio mi hogar. ─ ¡Hola! ─saludó una pequeña niña de pelo rizado y n***o, piel oscura y hermosos ojos azules. No supe de donde salió pero me miraba seriamente ─¿Así que tú eres mi nueva hermana? ─preguntó. Helen se acercó a ella y la abrazó. ─Merina, te presento a Thara, tu hermana menor ─la pequeña Thara no apartó sus ojos de mi. ─Tú eres la famosa Rebel. Creí que eras más... ─¿Bonita? Sí, todos opinan lo mismo ─la interrumpí. ─Iba a decir, alta ─respondió Thara serenamente. Helen y Hyun cruzaron miradas, preocupados─. No se preocupen, ¡he consultado con los astros! Ellos dicen que Merina y yo seremos grandes amigas ─dijo sin despegar la vista de mi. Yo traté de sonreír por cortesía, cuando de pronto sentí que alguien me rodeaba por el hombro con fuerza. Volteé de manera un poco violenta y vi a un joven. Era alto, de cabello oscuro y desordenado. Era muy apuesto, pero ninguno de esos aspectos llamó tanto mi atención como sus ojos. Y es que eran tan diferentes a todo lo que yo había visto hasta ese entonces. El ojo izquierdo, era de un verde profundo, como las aguas de los manantiales artificiales que se encontraban en el centro de la provincia. Sin embargo, su ojo derecho era distinto, pues tenía un color extraño, un tono rojizo, con hermosos destellos ámbar. Eran sin lugar a dudas, los ojos más hermosos que yo había visto en toda mi vida. El chico volteó lentamente hacia mí y me dedicó una sonrisa. ─¡Hola, linda! ─me dijo en tono pícaro. Yo retrocedí unos pasos, no por miedo, si no por sorpresa. Aunque al hacerlo, jamás imaginé que me llevaría una sorpresa aún mayor. Y es que al retroceder choqué contra el pecho de una persona. Inmediatamente volteé para disculparme, pero en lugar de eso lo que hice fue ahogar un grito. Frente a mí, se encontraba una copia exacta del chico que había visto antes, salvo por sus ojos. Tenían el mismo color que los del otro chico, sin embargo, el orden era contrario. Quedé observándolos un rato. Hasta que Hyun se acercó a ellos. ─¿Qué esperan, no van a presentarse con su nueva hermana? ─les dijo. ─¿Hermana? ─preguntaron los dos a coro. Hyun asintió. Uno de los chicos, no recuerdo con exactitud cuál, se me acercó. ─¿Estás sorprendida, verdad bonita? ─me dijo. Yo no respondí. Bajé la mirada un instante al suelo tratando de digerir todo lo que estaba pasando. Cuando levanté la vista vi a ambos jóvenes sonriéndome alegremente. ─Él, es Daniel ─dijo el chico cuyo ojo derecho era color esmeralda. ─Y esta copia barata, es Patrick ─respondió el otro─. Somos gemelos, aunque supongo que eso es fácil de adivinar. ─Sus... sus ojos ─fue todo lo que fuí capaz de decir. Ellos cruzaron miradas y se echaron a reír. ─¿Fue eso lo que te sorprendió? ─preguntó Daniel sonriendo. Yo me sentí tonta. ─¿Había algo más que pudiera sorprenderme? ─Patrick me sonrió y se me acercó un poco. ─Esto ─me dijo apuntando su ojo izquierdo─, se llama heterocromía, hermanita. No te preocupes, no es ninguna enfermedad contagiosa o algo así, es solo una malformación genética. ─Aunque no vas a negarnos que, es la malformación más genial que hayas visto ─me dijo Daniel mientras me guiñaba un ojo. ─Ustedes no pierden la oportunidad de alardear sobre sus ojos, ¿verdad? ─dijo la voz de una chica con un acento algo irritante. Volteé la vista y la vi. Era alta, de piel morena y cabello castaño y largo, tenía los párpados caídos y los labios gruesos y rojizos. Era muy hermosa y estoy segura de que si hubiese sonreído se hubiese visto aun mejor. Apenas la vi, me di cuenta de que sería muy difícil llevarme bien con alguien como ella, y creo que ella támbien se dió cuenta de inmediato. Me vió de arriba abajo y levantó una ceja, lo que provocó que es su rostro se dibujara una mueca de superioridad─ ¿Y tú, quién eres? ─me preguntó. ─Al parecer, tu hermana ─le respondí. Ella tensó los labios, fingiendo una sonrisa. ─¿Y quién te ha dicho que lo eres? ─¡Favela, por favor! ─le dijo Helen. Ella volteó a verla un poco más sumisa. ─¿Así que tú nombre es Favela? ─¡Park! Favela Park. ¿Dime querida, que caso tiene que todo mundo se muera por llevar un apellido, si al final no harán uso de él? ─¿Tú puedes alardear sobre tu apellido? ─dijo Patrick ─¿Pero nosotros no podemos hacer lo mismo con nuestros ojos? ─completó Daniel. Favela volteó a verlos molesta. ─¿No es muy temprano para que digan tonterías? ─les dijo. ─¡Basta! ─Intervino Hyun─. Esta, no es la manera de darle la bienvenida a su hermana ─todos ellos escuchaban con atención lo que el hombre les decía. Los gemelos habían bajado la mirada y dejaron de reír. Mientras que Favela y Thara observaban el piso. ─¿No se supone que deberíamos de haber estado presentes todos? ─preguntó Favela─ ¿Donde se supone que está...? ─Él acaba de llegar ─la interrumpió Thara, apuntando hacia la puerta, por donde habíamos entrado mis nuevos padres y yo. Todos volteamos a ver al recién llegado. Un chico alto, de cabello castaño, lacio y desordenado cayéndole sobre la cara. Tenía unos hermosos ojos grises. Sin embargo, no llevaba la ropa vieja y deslavada que yo recordaba. Por el contrario, vestía de manera limpia y elegante. Nuestras miradas se cruzaron por un instante. Me sentí traicionada, quería correr y darle una bofetada, pero mi cuerpo no me respondía en lo absoluto. Me observó con los ojos muy abiertos. Fue como si, al menos por un instante, no hubiese existido nadie más. ─Tadeo ─dije apenas moviendo los labios. Todos voltearon a verme. Él sonrió. ─No era esta, la forma en que deseaba salvarte ─respondió.
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