Mi cuerpo, no me respondía. Aquella gigantesca bestia de ojos amarillos, aún continuaba devorando los restos de Paúl y su siguiente víctima, era sin lugar a dudas, yo. «¿Que esperas? ¡Muévete!» Me decía el subconsciente. Sin embargo, mi cuerpo no respondía. Moriría, ¡moriría devorada por una bestia! Cerré fuertemente los ojos y tragué saliva, con un poco de dificultad. El suelo se estremecía con cada paso que aquel horrendo monstruo daba y yo, continuaba negándome a abrir los ojos. El miedo me paralizó, pero mi deseo de vivir era, sin lugar a dudas, mucho más grande que mi miedo. Abrí los ojos y volteé lentamente hacia Alma, quien se encontraba en el suelo inconsciente. La bestia, continuaba devorando el cuerpo del chico. Avancé hacia atrás, con cuidado, sin despejar mi vista de aque

