Ya tras varias horas de haberse despertado Alan les explicaba a su padre que estuvo en un lugar donde reinaba mucha tranquilidad, que incluso provocaba quedarse para siempre allí porque no reinaba siquiera la preocupación. Alicia estaba allí a su lado cantándole mientras que él tenía su cabeza recostada en sus piernas, extrañaba mucho a su madre y no quería irse porque sabría que ella no estaría ahí, ella le explicaba que no pertenecía a ese lugar porque no era su hora para despedirse que le faltaba mucho tiempo para poder está allí con ella. —No quería alejarme de su lado, pero una fuerza me jalo y desperté aquí en la habitación—expresó el pelinegro. —Estábamos algo preocupados por tí, no sabíamos si seguirías durmiendo un poco más—alegó su padre. —Al escuchar que ya habías desperta

