Sin explicaciones

455 Words
―¿Y qué más? Cuéntame ―pidió Mandy a Lina con desespero aprovechando que la fluidez de comensales se había calmado. ―Pues nada, es un hombre muy agradable. Pasamos todo el rato conversando sobre sus anécdotas más peculiares en el trabajo. No tenía idea de que los bomberos tuvieran un trabajo así de interesante. ―Ese hombre debe ser muy ardiente, Lina. Que si no le das la oportunidad… ―Creo que la oportunidad la tiene desde que lo conocí. ―Esperemos que Henry mantenga límites. El teatro que hizo ayer… uff ―recordó y Lina hizo una mueca de desagrado. ―Ni me lo recuerdes. Joseph pensó que era mi novio. ―Cualquiera de los que vio ese circo, pensó lo mismo, estoy segura. ―Aunque, hay algo que me preocupa. ―¿Qué es? ―Ayer tuvo un mareo, y lo asocio bastante a su desmayo. En cada ocasión me dice que es por el estrés del trabajo. ―Pues está en tus manos desestresarlo, querida. ―¡Mandy! ―exclamó sonrojada de las mejillas. ―No mi reina. Sabes bien que es verdad. ―No tienes vergüenza, ja, ja, ja ―Ambas rieron y se retiraron a atender las mesas. Aún era temprano, y Joseph no se había ido, se había quedado dormido en su apartamento, pero el timbre del celular lo despertó. ―¿Qué carajos, Adam? ―cuestionó con dificultad al hablar, pues no terminaba de despertar. ―¿Estás bien? ―Te estoy respondiendo el teléfono, eso es una señal. ―Es tarde y no has llegado a la estación. El jefe no ha llegado aun así que estás a tiempo. Parece que está en una junta con los directivos y llegará tarde. ¡Apúrate! ―Ya, carajo. Ya estoy casi llegando ―dijo con fastidio. En cuanto salió, vio a Lina atendiendo una mesa, y esperó detrás de la barra a que se acercara. ―¿Aún sigues aquí? ―preguntó sorprendida por verlo. ―Sí, no pude dormir bien y he aquí el resultado. ―Eso no suena muy bien. ―En eso tienes razón. ―¿Te sirvo algo de desayunar? ―ofreció. ―No, preciosa ―dijo y Lina sintió sus mejillas arder―, voy tarde a la estación y me están presionando por llegar. ―Pero no puedes no desayunar nada. ―Tranquila, compraré algo de camino. Nos vemos luego. ―Eh, ok. ―Que tengas lindo día, preciosa ―dijo tomándola desprevenida al dejar un beso en su mejilla, y salió del establecimiento. ―Tú también… ―musitó ella cuando Joseph ya había salido. ―Eso se ve serio, Lina ―declaró su compañera pasando por un lado de ella.
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