Verla dormida es algo que podría hacer horas y horas, se veía tan tierna e indefensa, es como una muñequita de cerámica poco, a poco, el color llegó a sus mejillas. No resistía la tentación de acercarse más a ella se acostó a su lado y de a poco también fue cayendo en el mundo de los sueños junto a su pequeña cabeza de chorlito. Despertó porque sentía el roce de unos bracitos en su cuerpo, era Ángela que le abrazó dormida quería, corresponder a su abrazo, pero a la vez tampoco quería despertarla la noche estaba por caer los últimos rayos del sol se asomaban por las ventanas, su cabello parecía ser dorado con los rayos del astro rey, comenzó a removerse debajo de él se escuchaba su respiración. —Artemis, ¿No fue un sueño lo que paso hoy? —quería que de sus labios saliera que era una

