— Hagan bien su trabajo, y me aseguraré, de que sus familias no sufran ningún daño. – Les prometo. Ellos solo asienten. — Mañana será la cirugía, espero lo hagan bien. – Digo y luego camino al interior de la pequeña casita.
— Señora... ¿Está segura de esto? – Me pregunta Lee. — Sí. – Respondo simple. — Encárgate de todo... Y si algo me pasa, quiero que te asegures que mis hijos nunca sean encontrados por él.
— No morira, pero se lo prometo, daré mi vida por ellos. – Veo como corta su palma con un pequeño puñal, luego posa su palma en mi panza.
Y el día llega, las paredes blancas me marean, y el horrible olor a desinfectante me dan náuseas, aún así trato de calmarme. Y respirar con tranquilidad.
— Señora, necesito que permanezca totalmente inmóvil. – Escucho al doctor, al instante siento mi cuerpo adormecerse. Solo espero que ellos estén bien, es todo lo que pido.
Despierto algo aturdida, y con un dolor punzante en mi vientre, observo a mi alrededor viendo que estoy en la pequeña habitación donde dormí al llegar aquí.
— ¿Cómo se siente? – Escucho la voz de Lee, lo veo parado en el marco de la puerta. Trato de responder pero la voz no me sale.
— Tranquila todavía estás con los efectos de la anestesia.
— Mis... Be-b-es... – Susurro muy bajo.
— Ellos están bien, a pesar de ser prematuros tus hijos nacieron sanos, ya la pediatra los examinó, tuviste una pequeña niña... Hermosa. Y un niño, tan llorón como su papá. – Lo miro con rabia y él solo levanta las manos en son de paz.
— Quiero verlos. – Digo suavemente.
— Bien, iré por ellos, pero sabes que debemos irnos en cuanto puedas caminar, así no te encari... — Lo sé. – Digo, interrumpiendo sus palabras pues sé, que debo abandonarlos... Por su propio bienestar.
Por eso saboteamos el avión de Ivanov, para quitarme sus ojos de encima, y poder desaparecer para realizarme una cesárea. Necesitaba ponerlos a salvo, y lamentablemente en mi vientre no lo estaban.
Nadie más que Lee y yo sabíamos que serían gemelos, lo oculte muy bien. Ahora debo abandonar mi corazón con ellos.
Veo venir a una mujer y a Lee con mis tesoros más preciados... Mis hermosos milagros. Mi niña Alana y mi pequeño Iker. Intento no llorar pero me es imposible al verles sus tiernas caritas, y es hoy donde veo lo hermoso de la vida, al darles de comer siento como si nunca fuese vivido, y justo ahora estoy empezando a hacerlo.
Los amo.
Siempre pondré sus vidas por encima de todo, daré lo que sea por ellos. — Salgan todos. – Digo, y me quedo sola con ellos... Contemplandolos.
Lloro en silencio porque sé, que me perderé de muchos momentos importantes en sus vidas.
....... Tres días después....
— Debemos irnos señora, por lo que me han informado, su abuelo apareció hace unas horas, algo herido pero nada grave... No a parado de buscarla. – Su todo de voz es fuerte.
— Tan pronto... – Susurro viendo a mi pequeña alimentarse con ganas, mientras que su hermano duerme tranquilamente. Y de nuevo siento esa horrible presión en mi pecho.
— Lo siento... Samantha. – Escucho a Lee, levanto la mirada y sonrió con tristeza, hacia tanto que no me llamaban así.
— Prométeme que ellos estarán bien, que no les faltará nada. Y con quien los dejaras, los cuidaran bien... Con su vida. Lee, júralo, por favor... – Suplico con la voz aguda.
— Le juró que ellos estarán bien, pero debo llevarmelos, ahora, para poder volver con usted pronto.
_ Bien. – Respondo, mientras vuelvo a mirarlos. — Espero, puedan perdonarme por lo que haré. Pero los amo tanto, que nunca me perdonaría meterlos en esta vida de porquería. No soportaría que los lastimen. – Abrazo a mis pequeños mientras inhaló sus aromas, y lleno sus caritas de besos.
Lloro sin consuelo al ver a Lee alejarse, con mis bebés. Mi corazón duele, siento mi alma destrozarse.
Limpio mis lágrimas y camino como puedo a la habitación, tomo mi arma suspirando con pesadez, se que me prometí no volver a asesinar gente inocente, pero no puedo arriesgarme a que Ivanov dé con ellos y hablen de más. Camino a la habitación del doctor y las enfermeras, entro y disparo directo a sus frentes. — Lo lamento... – Es todo lo que puedo decir.
Cambio mi ropa colocándome un vaquero, polera, mi chaqueta de cuero, y mis vans. Salgo de la casa y estando ya lejos aprieto el detonador, pues Lee, antes de irse coloco explosivos en la casa, para destruirla una vez estuviéramos fuera. Y así borrar todo rastro de ellos... Subo al otro bote que teníamos escondido y lo enciendo, bueno de nuevo volveré a ese infierno, del que no sé, si lograre salir sin quemarme en el.
Se que Jung-su se molestará cuando descubra que me fui sin él, pero si ambos volvemos justos Ivanov lo matará, por eso me adelante hare que su ira sea hacia mí, pues sin Lee, no podré seguir luchando.
Asumiré las consecuencias, y se que dolerá... Pues Ivanov es tan sádico para torturar. Que sea su nieta no cambiará nada, lo sé. Pero antes, me asegure de matar unos cuantos, aunque con mi herida aún sin sanar será un poco difícil.
.......
Camino con paso decidido hacia mí objetivo, a pesar del dolor punzante en mi vientre, veo los dos hombres fornidos que custodian la entrada del maldito club, me acerco a ellos mostrando mi sonrisa más diabólico, saco mis dos armas y disparo a sus cabezas sin darles tiempo a nada. Siento la adrenalina fluir al maximo en mis venas.
Recojo mi cabello en un moño apretado y ajusto mi chaqueta. Bueno, e vuelto.
Dentro al asqueroso lugar caminando por pasillos largos, matando a quiénes se meten en mi camino, mato a cada uno de los que encuentro en pequeñas habitaciones con jovencitas golpeadas, malditos sucios.
Llevo a una gran salón lleno de chicas, todas desnudas, el olor a alcohol y drogas me golpea, por un momento me distraído luego siento un golpe fuerte que me deja aturdida. Me enfoco de nuevo, preparándome para dispararle al maldito que me golpeó, disparo en sus pelotas y rio fuerte al verlo en el sucio suelo desangrándose.
Luego su puta voz... — ¿¡Que mierda haces!? – Observo al viejo amigo de Ivanov, otro de sus socios. Sonrió mostrando todos mis dientes, porque definitivamente esto será divertido.
— Tu abuelo te matará. – Sentencia.
— Posiblemente. – Digo mirándolo fijamente. — Pero primero... Te mataré yo a tí. – Lo escucho burlarse.
— Suelta tus armas... Niña. No seas estúpida. O no saldrás viva de aquí. – Me habla con suficiencia.
— ¿Quieres apostar? – Le reto.
— Si que eres una perra suicida.
— Y tú un maldito.
— ¿Por qué? ¿Por darle trabajo a estás chicas? – Que sínico.
— ¿Trabajo? ¡Eres un puerco que obliga a estás niñas a prostituirse para tí! ¡Maldito enfermo! – Escupo con asco. Sintiendo la furia en mí.
— No, estás equivocada, yo solo las ayudo a salir de las calles. Muchas de ellas me suplicaron ayuda.
— Enserio maldito... – Gruño. — Para tí ayudar es ¿Esto? — Señalo el lugar con las chicas visiblemente golpeadas y abusadas. — Son solo chicas. – Susurro eso último, y luego le disparo a sus hombres mientras corro a cubrirme de las balas, la herida de la cesaría creo se abrió, pues duele como el infierno aún así trato de ignorarlo.
Veo cuando el viejo intenta huir como un puto cobarde, oh no, no te me escaparas. Salgo de mi escondite disparando sin fallar a sus hombres. Justo cuando lo tengo disparo contra él, pero también soy herida en mi pierna, antes de caer vuelvo a dispararle justo en su cabeza.
Cojeo hasta él, y al ver el hermoso agujero en su cráneo rio como loca. — Bueno uno menos. – Susurro.
Escucho pequeños jadeos, y llantos silenciosos, al mirar a mi alrededor las veo en pánico. — No les haré nada. – Prometo. — Váyanse. Alejense de este lugar... Busquen algo bueno.
Camino hacia la oficina, revisando todo entonces lo veo, un maletín bajo el escritorio, mierda espero sea dinero y no una bomba. Al abrirlo casi grito de alegría pues es lo primero que imagine.
Salgo de allí y veo que ninguna de las chicas se han movido. — ¿¡Que les pasa!? Les dije que largo de aquí.
— No tenemos donde ir – Susurra una de ellas. — Cualquier lugar es mejor que este. – Le hablo. Pero de pronto me encuentro con su mirada, puedo ver que es la misma que yo tenía, cuando me aferre a la venganza.
— No. – Le hablo.
— ¿Que? – Me mira sin entender.
— No lo hagas, no caigas en eso, trata de olvidar toda esta mierda y busca salir adelante. Porque si elijes otro camino... Solo te jodera más. – Hablo por mi propia experiencia.
— Nunca podré olvidar lo que nos hicieron aquí. Jamás seré feliz... – Suspiro viendo sus manos echas puños.
Me acerco a ella, quito mi chaqueta y polera quedando en sujetador. Muestro mi piel y ellas al ver cada dibujo hecho en tinta se acercan más, al fijarse bien pueden darse cuenta que cada tatuaje en mí, solo cubren mis cicatrices, ellas jadean al notarlo.
Volteo dándoles la espalda, mostrando las peores, las que más odio. Esos malditos cortes... — Cada una de esas cicatrices me las hicieron personas que huían de mí, y otras... Me las hizo quien me convirtió en este monstruo frente a ustedes. – Les hablo con fuerza.
— Yo elegí el camino de la venganza, y eso solo me alejo de las personas que me amaban, los lastime... Los puse en peligro, cada una de las decisiones tienen consecuencias, las mías me trajeron a un mundo de soledad. Saben algo, cuando matas la primera vez después se hace costumbre, ya no sientes nada. Intenté parar y buscar mi amor... Ya no pude. Ustedes aún pueden. – Dije, y fui sacando fajos de dinero lo repartí a todas ellas.
— Váyanse lejos... Empiecen de nuevo.
— Gracias... – Las escucho decirme mientras me alejo de allí.
Después de lo que hice, ahora si Ivanov me matará.
Camino hasta mi moto y como puedo conduzco hasta su mansión. Al llegar veo en la entrada del enorme portón hombre armados... Todos me apuntan. Bajo de la moto y me voy acercando cojeando y apretando mi abdomen ya que duele y sangra. Mierda.
— Deme sus armas – Me habla uno.
— Nadie las toca. – Le gruño. Veo como Ivanov camina hacia nosotros, observo heridas en su rostro y camina con ayuda de un bastón. Sonrió.
— ¿Te divierte verme así? – No respondo. Pero él al fijarse bien en mí se da cuenta que mi enorme panza ya no está, y solo enloquece.
— ¿¡Que mierda hiciste!? – Me grita tomandome del cabello. Quise golpearlo... De verdad lo desee, pero mi cuerpo no resistió más y caí en la inconsciencia.