Debo admitir que me sentí muy mal luego de escuchar todos los argumentos de mi esposo. Él tenía toda la razón. Nunca pensé en las consecuencias de mis actos; ambos somos figuras públicas y cualquiera puede tratar de manchar nuestra reputación. También es cierto que puedo quedar muy mal parada si a Jesús se le ocurre contar que salía con él y le aceptaba regalos, más aún si dice que le oculté mi estado civil a todo el mundo. Fui muy estúpida. Ya debo aceptar que estoy casada y que mis actos repercuten directamente en la vida de otros. De verdad no sé cómo se me ocurrió aceptar los cortejos de otro hombre, y peor aún, de un empresario. Sé perfectamente que mi esposo es un hombre muy famoso y que cualquier cosa puede afectar gravemente su nombre. Sin darme cuenta, también podía dañar mi prop

