Narra Salvatore
Tuve que alejarme de ella para no continuar con aquel beso de otra manera, incluso le di la espalda. Pero la escuché hablar.
- Cuando alguien hiere nuestros sentimientos, bien diciendo o haciendo algo que nos hace daño, lo más habitual es querer evitar en todo lo posible el contacto con esa persona, queriendo hacerla desaparecer de nuestras vidas debido a la herida que su comportamiento nos ha causado y que, si es muy profunda, puede tardar mucho tiempo en curar.
En primer lugar, es muy importante saber cómo nos sentimos y no intentar ocultarlo. Si queremos enterrar la ira o la aversión que sentimos hacia esa persona en los primeros momentos volverán a resurgir con más fuerza. Por ello, lo mejor es buscar un medio para expresar los sentimientos. Tómate tu tiempo para dejar que los sentimientos se mitiguen y si te hace sentir mejor, habla con la persona para explicarle qué te hizo sentir mal y por qué, aunque siempre cuando estés bastante seguro de que el otro te escuchará y no te hará sentir mal de nuevo. Pero sobre todo Salvatore, intenta comprender por qué la otra persona actuó o habló de ese modo. Esto te permitirá no verlo como un comportamiento dañino de forma gratuita, sino como una consecuencia de una situación determinada. De ese modo, te resultará más fácil perdonarle. Finalmente, decide si es una persona en la que puedes confiar, o si, por el contrario cada vez que tienes en contacto con ella te hace daño. En este caso, debes poner en marcha las estrategias necesarias para evitarlo - me habló sin pausa alguna.
Me di vuelta para mirarle.
-Tal vez si algún día decidieras ponerte en mis zapatos, y pensar por qué actué yo así, imagina que fuiste tú el secuestrado y que te han quitado la vida tan libre y propia de ti mismo que llevabas, pero que te dan mucho amor, y aunque no te falta nada, sigues extrañando tu libertad, esa que poseías anteriormente de que quién te secuestrara te amara con el alma. ¿Acaso no te sintieras tu con la duda o con el deseo de saber que se siente volver a tener tu libertad nuevamente? - la escuché preguntarme.
En ese momento vi todo de otra manera, tal vez porque en realidad nunca lo habíamos hablado de esta forma, sin gritos, celos momentáneos u otros problemas presentes atacándonos.
-No lo sé... desde ese punto si es entendible por una parte, pero creo que hubiera hablado con mi secuestradora con el alma en las manos y no por orgullo. Elira, te fuiste porque querías demostrarme lo retadora que eres, y me diste a entender que no hay nada que te detenga, ni siquiera alguien que te ame. Me diste a entender siempre, en cada momento, que te querías ir. Y eso me duele, porque yo si te amaba de verdad - le hablé sintiendo mi pecho estrujarse.
-Salvatore, Buda dijo: "Ni tu peor enemigo puede hacerte tanto daño como tus propios pensamientos". Que tu pensaras que me quería ir en todo momento, son otras cosas tuyas, que para mí son inciertas. Yo nunca me quise ir de tu lado, tan solo quería volver a sentir un poco más de libertad. Solo que, te vi tan seguro de ti mismo cuando me dijiste que me fuera, que también creí que en realidad eso querías -
-Pero como vas a decir eso? ¿En qué cabeza? Si mi familia notaba a leguas lo enloquecido que estaba por ti, ¿cómo tu pensaste que eso era lo que quería en realidad cuando hasta te dije que te amo? o sea, ¿qué te pasa Elira? Eres ciega? ¿Ni siquiera tu maldita propia carrera te permite ver que fallaste? - me alcé.
La vi cerrar sus ojos y apretarlos con fuerza.
-Esta vez no busco tener la razón, me arrepiento como nunca de haberte abandonado, de haberme ido de tu lado, y de hacerte tanto daño. Soy una tonta, ¿sí? Yo sé que me diste el mundo, que fui la nena de tus ojos y que todo lo que me dijiste en aquella carta, solo fue la pura verdad. Lo siento, aunque eso no arregle nada, te juro que me salió muy caro alejarme de ti, pero tenía que hacerlo para darme cuenta de que mi felicidad es contigo - me miró fijamente a los ojos.
-Y antes de que vayas hablar, me vayas a decir algo grosero por tu dolor o reacciones de mala forma, yo también te digo que di el todo por el todo, y que cambié muchas cosas por ti. Así que, medita si en realidad me acostumbré a hacerte daño, porque las peleas que tuvimos nos hirieron a ambos y son parte de una relación. Eso es lo normal, extraño sería no hacerlo. Y sobre lo que me dijiste de esta mañana entre tu y yo, no te culpo, sé que estas dolido y aquí la del error he sido yo -
-De todas formas, no tengo por qué lastimarte - le contesté refiriéndonos al momento brusco entre nosotros cuando la empujé.
-Pero, gracias por la consulta. Me ha servido lo que me has dicho, y en realidad si necesito meditar. Aunque tu cercanía me queme y mi cuerpo pida a gritos por el tuyo, no puedo permitirme olvidar todo lo que he sufrido, y no es orgullo, es amor propio. Puedo ser mafioso, pero también sé de autoestima y reconozco mi valor. Eres la nena de mi corazón, pero necesito darme cuenta si en realidad mereces mi alma. Aprecio su tiempo, sus palabras y su dedicación en esta hora conmigo, Dra. Evans. Tal vez otro día agende una cita con usted - le miré los ojos aguados sintiendo su dolor atraer el mío y aunque nunca me ha gustado verla llorar tal vez era necesario que lo hiciera, porque al fin y al cabo yo también derramé muchas lágrimas en su ausencia, aunque no lo crean.
-Sr. Lombardo - me interrumpió a punto de marcharme.
Me di vuelta en espera de lo que me diría.
-Elira lo ama - tras esas palabras escuchadas mi alma se rejuveneció un poco e incluso se infló de la emoción pero, aún así no iba a ceder.
-Dra. Evans, dígale a Elira, que el mafioso le dijo esas mismas palabras y ella aún así se marchó. Así que, no espere que me quede por usted decirme aquella frase. Nos vemos mañana, tenga buenas noches -