Narra Elira
-Muchísimas felicidades Dra. Evans - me abrazó con fuerza después de bajar de la tarima con el título y el diploma en mano.
-Gracias por estar Adri, en este día hubiera estado solita si no estuvieras aquí- le dije mirándolo a los ojos, esos mismos que poseía su hermano, pero más cálidos.
Todos venían acompañados de mamá, papá y hermanos, e incluso hasta las abuelitas, pero yo tenía suerte de al menos tener a Adriano conmigo hoy, de lo contrario estuviera muy sola, sin nadie que me abrazara orgulloso de mi esfuerzo.
-Te mereces muchas cosas lindas y para mí es un placer estar acompañándote en este día- me dijo muy sonriente.
Besé su mejilla sintiéndome segura y querida a su lado.
Sacó su móvil y nos tomó una selfie, la cual seguidamente le envió a la señora Amelia.
-Se pondrá muy contenta - lo escuché emitir.
Luego que la celebración terminó tuve que tomarme unas cuantas fotos con el grupo, e incluso rechazar unos chicos que me invitaron a celebrar con ellos.
Aunque creo que estuvo de más el rechazo, la cara de Adriano decía suficiente y ya todo mundo pensaba que era mi pareja.
-Posa allí para mí - me dijo señalándome un espacio especializado para los graduandos.
Para complacerlo me coloqué las manos en la cintura, crucé mis pies, levanté la cabeza y sonreí ampliamente hacia la cámara de su móvil.
-Otra! - me dijo cambiando de ángulo.
Coloqué mi mano debajo de la barbilla mientras apoyaba mi codo de mi brazo izquierdo cruzado, relajé mis piernas manteniendo una firme y la otra doblando un poco la rodilla, finalmente sonriendo natural.
-Divina - lo escuché susurrar mientras miraba la pantalla.
Corrí a ver junto a él mis propias fotos y si, habían quedado muy bonitas.
-Me las envías, eres muy buen fotógrafo - le dije mirándolo guiñarme un ojo.
-Soy bueno en todo, vamos a comer ahora. Tenemos que celebrar y no acepto un no como respuesta, mejor ni me contestes - me tomó del brazo demostrándome lo autoritario que podía llegar a ser, con ese toque encantador que poseía.
No me negué, tan solo me reí porque me estaba alegrando el día y me hacía distraerme de aquellas cosas que aún me dolían.
Orgullosa con mi título en mano, medalla colgada en el cuello y un diploma, caminaba de su brazo por la universidad hasta que lo ví.
-Ese de allá no es Salvatore? - escuché a Adriano preguntarme, pero yo tan solo podía fijarme en la persona que también iba de su brazo.
-Con mi maestra - emití sintiendo un dolor en mi pecho.
Nuestras miradas chocaron, pude sentirla recorriendo a Adriano primero y luego a mí.
- Y nos está mirando - escuché a Adriano decir con cierto tono burlón, arrogante y feliz.
Sé que estos dos siempre han tenido sus encontronazos y a veces les gusta sentirse como rivales.
-Que busca aquí y con esa vieja? - lo escuché volver a decir.
-Es un cabrón, ella es mi maestra - le contesté.
-Qué? - me dijo dejando de caminar.
Gracias a Dios había mucha gente por doquier y entre el tumulto, los flashes, las risas y todo el alboroto podíamos disimular un poco lo que sucedía.
Salvatore ya había dejado de mirarnos y se encontraba a gusto hablando con mi maestra Margot en el pasillo.
-Lo que escuchaste - le dije sintiendo mi corazón dar un vuelco.
Adriano volvió a mirarlos en conjunto conmigo.
Vimos cómo Salvatore al parecer le pedía permiso para ir al baño, ya que lo vimos alejarse y bajar por las escaleras que conducían a los sanitarios.
-Corre detrás de él. Enfréntalo, esta es tu oportunidad, yo con mi belleza voy a entretener esa señora que se le nota que anda detrás de un millonario joven y guapo. Dame eso - me quitó de las manos el título y el diploma.
-Rápido! No me mires así! - me hizo reaccionar sobre lo que decía, ¿era enserio¡?
Como quien dice salí corriendo, bajando las escaleras muy apresuradamente, cuidando de que los tacones no me fueran a jugar en mi contra.
El área de los baños estaba despejada.
Oh por Dios, me meteré al baño de hombres.
Sin pensarlo una vez más empujé la puerta y tan pronto entré le puse seguro.
Me di vuelta suspirando profundo, encontrándome con Salvatore apoyado del lavamanos.
Sus ojos se apoderaron de los míos, entreabrió sus labios al verme más de cerca y ladeó su cabeza.
-Siempre de traviesa - emitió con aquella maldita voz tan encantadora, excitante y enloquecedora para los oídos de una mujer.
-Y tú siempre de imbécil. Es enserio, ¿no encontraste alguien mejor con quien meterte que con mi maestra?! Es a propósito que me estás haciendo todo esto? - traté de mantener la cordura pero no pude.
Le alcé la voz un poco.
-Yo soy libre de estar con quien me plazca, ¿con qué derecho vienes tu a reclamarme? - me contestó como todo un maldito.
Cuanto me molestó esa respuesta.
-Es una anciana! Tiene 50 años! ¿Como la tiene? ¿Ya se la viste? ¿Te gustó meterte en esos pliegues arrugados? Que de seguro le tienen que colgar! Eres un asqueroso! - le grité mirándolo reírse sarcásticamente.
Ay! Cuanto lo odiaba!
-Y si te digo que la tiene mejor que tú? - no me bastó que me dijera más nada para que lo tomara por la corbata y lo tratara de zarandear.
Sin embargo, fue el quien me terminó tomando por la cintura, lo que me impulsó ante nuestra cercanía a besarlo.
Se quiso resistir y hacerse el fuerte, así que como para obediente que me busquen, solté sus labios dispuesta a marcharme, pero no me lo permitió. Apretó mucho más fuerte su agarre y me tomó por el pelo besándome bruscamente.
Me dejé llevar, porque eso alimentaba mi orgullo de mujer. Él si quería el beso.
Volver a sentir sus labios fue la sensación más placentera que tuve en todo un año. Sus manos acariciar mi cintura mientras su agarre en mi cabello aflojaba, me hizo darme cuenta de lo mucho que nos extrañábamos. Nuestros cuerpos desprendían un calor tan necesario, el mismo que yo buscaba en navidad y no tuve.
Finalmente, a pesar de que fue un beso brusco pero después la intensidad fue bajando, tuvimos que separarnos por falta de aire.
-Ella besa mejor - susurró después que nos separamos.
Lo miré fijamente a los ojos, sintiendo mucho dolor en mi corazón al escucharlo decir aquellas palabras.
Apreté mis labios y asentí lentamente.
Me alejé de él retrocediendo para marcharme.
-Ahora sales con mi hermano? - su pregunta me hizo detenerme.
Me giré para mirarle.
-Jamás saldría con Adriano, aunque quisiera, porque es todo un caballero. Es muy tierno, puro sol, pero no. Te respeto y también lo respeto a él - le contesté de inmediato.
Me miró de arriba hacia abajo, y aunque quiso quitarme la mirada de encima, no pudo.
Yo hice lo mismo, dejé de mirar sus ojos por un momento para centrarme en lo guapo que iba vestido con ese traje azul marino y corbata gris. Ni hablar de su cabello, siempre en orden y su barba muy bien cuidada.
-Pasa bonito día con tu señora - me quise dar vuelta otra vez para marcharme pero me volvió a impedir la huida.
-No te debería de molestar ni un poco, recuerda que me abandonaste y me dejaste porque yo no te hacía feliz. Además, que Margot me lleve unos cuantos años no me molesta, si en la cama es eficiente -
Me había dejado sin palabras, porque me demostraba que no me decía absolutamente nada por joderme, sino porque era cierto. Sin embargo, me importaba una mierda, aunque lo que me dijo me dolería eternamente, me acerqué a él con pasos cortos pero muy lentos.
-Me puedes decir lo que quieras y aunque me destrozas eres consciente de que ni ella ni ninguna otra mujer me supera, y tal vez bese mejor que yo y sea más eficiente en la cama, pero ¿sabes que es lo que no te llena el vacío de aquí? - me atreví a señalar su corazón hundiendo mi dedo en su costoso traje.
Sus ojos no podían dejar de mirarme.
-Que ella no soy yo - terminé por decir mirando como cerraba sus ojos con fuerza.
Sin más que decir, le quité el seguro a la puerta, restándole importancia a los hombres que esperaban fuera para entrar al baño.