CAPÍTULO VI Grace se encontraba de pie en la pequeña sala de estar, esperando. Veía a menudo el reloj que se encontraba sobre la repisa de la chimenea, pues sabía que cuando faltaran diez minutos para las once podría bajar al jardín. La noche anterior, cuando Lord Damien le había dicho que debían separarse y ella advirtió el sufrimiento y la desesperación de su voz, comprendió que había crecido. Dejó de pensar en ella misma y en su propia desdicha, para pensar en él… Sabía que una vez que la dejara, la desilusión volvería al rostro de Lord Damien y que se hundiría de nuevo en la disipada vida que lo degradaba. Todo lo que había en ella de maternal y compasivo la convenció de que debía ayudarlo y, sin embargo, abrumada por su propia desdicha, le resultaba difícil saber qué hacer. Anh

