Recuperando confianza. 1

4014 Words
Victoria despertó muy temprano ese cuarto día de haber llegado a Miami, estaba más animada que el día anterior y los demás pasados, porque se sintió un poco enferma en ese tiempo, el traslado definitivo, los nervios y el haber comido demasiado la hicieron sentirse en ese estado, su madre no la quiso molestar y la dejó dormir todo lo que quisiera e incluso le llevó comida más ligera a la cama, Victoria abecés pensaba que la consentían demasiado, pero se aprovechó un poquito de sentirse mal para dejarse mimar por mamá. Bajo a la sala por otro lado de la casa y fue directo a la cocina que era el lugar donde iba a estar su madre preparando el desayuno para las tres pues Erika ya se iba tarde a la universidad a recibir su curso. – Buenos días. – saludo a su madre antes de darle un beso en la mejilla. – Hola cariño ¿Cómo te sientes hoy? – preguntó mientras sonreía batiendo los huevos para hacerlos revueltos. – Ya mejor, la sensación de gripa ya me paso y me siento más animada. – tomo una rodaja de tomate para comerla. – Me alegra porque hoy vamos a salir, nos iremos de compras porque te hacen falta vestidos nuevos. – vertió la mezcla en la cacerola con mantequilla. – Tengo muchos vestidos bonitos que todavía me quedan... – vio al ama de llaves entrar – Buenos días, señora Marlene. – saludo con amabilidad como siempre. – Buenos días muchacha, que bueno verla tan rozagante como siempre. – le tomo las mejillas con cariño. – Ya me paso la enfermedad. – Victoria se rio, desde que nació aquella mujer había cuidado de ella. – Te pones ropa bonita y te armas de paciencia porque vamos a ir en búsqueda de ropa, estuve revisando tus vestidos y la mayoría son tallas que ya no te quedan. – su hija bajo unas cuantas libras y se podía ver evidentemente. – Esta bien, todavía tengo ahorros. – llevó las manzanas a lavarlas porque tenía ganas de un poco picado en cubitos con sal. – No hija, tu papá me pidió que te comprara ropa, nos dejó una de sus tarjetas sin límites para que compremos lo que queramos. – dijo en voz baja mientras le guiñaba un ojo. – ¡Ay, mamá, que se me hace que eras tu quien más quería eso! – negó con la cabeza mientras se reía. – Hola tía... – Erika llegó ya cambiada – Victoria... – la saludó de mala gana – ¿Me acompañas hoy a buscar apartamentos? – pregunto e iba a tomar una rodaja de tomate, pero la mujer le pego un manotazo. – ¡Sabes que no me gusta que andes picando las cosas mientras cocino! – no le gustaba porque la mujer no se lavaba las manos – No puedo acompañarte porque tengo planes de salir con Victoria a hacer unas compras, además no se para que me pides que vaya contigo si me has dicho en varias veces que mi opinión no te importa mucho. – Adele ya no se iba a quedar callada con las faltas que le hacía su sobrina. – ¿Dónde van a ir? – Erika vio de reojo a su prima. – Al centro comercial. – Adele terminó de cocinar finalmente. – Que bien, quiero algunas cosas y creo que puedo faltar a la universidad, hace mucho que no salimos a comprar ropa. – se invitó ella sola. – Voy a ir con mi hija, solo con ella, es un día de madre e hijas, si tú vas a ir al centro comercial será que te vayas por tu lado porque necesito tiempo a solas con ella. – la vio con algo de recelo pues no podía ni tener tiempo a solas con su esposo porque ella se invitaba sola a todos los lugares donde querían ir solos. – Bueno, creo que tienes razón, hace mucho que no ves a tu hijita y yo solo soy un estorbo en esta casa. – Erika se quiso hacer la víctima. – Victoria ¿Puedes ir a traer el correo por favor? – preguntó ignorando aquellas palabras. – Voy mamá. – le tomo otra rodaja de tomate y la mujer no la regaño. Victoria no se contuvo la risa porque sabía que las manipulaciones con su madre no funcionaban porque era de un carácter fuerte, los únicos a los que le cumplía caprichos eran sus hijos, de ahí en adelante nadie le importaba un carajo y además porque ya estaba harta de su sobrina política. Victoria salió de la casa y fue por el camino de piedritas hacia la puerta de la entrada donde estaba el buzón, habían algunas facturas que todavía llegaban por correo y ese era el día del correo; no le importo mucho estar vestida con un short y una camiseta, era su pijama favorita y además no iría a ningún otro lado que no fuera la entrada de su casa, abrió el buzón para sacar el correo y le sorprendió que su madre siguiera suscrita a aquella vieja revista de costura, dijo que en ese año suspendería la suscripción, pero al parecer no lo había hecho, mientras estaba observando la revista no se dio cuenta de que el hijo de los vecinos de enfrente había salido a botar la basura. – Buenos días. – dijo el chico mientras la veía. – Buenos días. – respondió Victoria saliendo de su curiosidad. – Mi madre me contó que habías vuelto, pero no había tenido la oportunidad de verte. – se cruzó la calle. – Si, volví antier y me tomé un gran descanso. – termino de sacar todo el correo que le quedaba en el buzón. – Que me alegra que ya hayas vuelto definitivamente, quizás ahora si me aceptes una invitación a cenar. – el chico estaba interesado en ella desde hace mucho, pero Victoria no quería aceptar nada porque era mucho menor que ella. – Gracias, pero sabes que voy a decir que no, te lo explique el año pasado. – cerró la puerta del buzón y bajo la banderilla roja. – Yo sé que me lo explicaste, pero no deberías dejarte llevar solo porque tengo diecinueve porque la edad es solo un número. – la vio sonreír. – Quizás seas muy maduro para tu edad, pero también no me siento preparada para comenzar una relación tan pronto. – arrugó la nariz, ya no sabía cómo más explicarle que no quería nada con él. – Esta bien, no voy a insistir en eso, pero tampoco quiero que pienses que me voy a dar por vencido tan fácilmente. – sonrió mientras la veía alejarse. – Gracias por comprender, nos vemos otro día. – Victoria movió la mano despidiéndose del chico que la veía con una cara de embobado. Tras aquel encuentro Victoria volvió adentro con el correo entre las manos y apuro el paso para llegar a la cocina, tenía hambre y también se emocionó un poco porque iría de paseo, aunque sea al centro comercial donde iba a encontrar ropa bonita y más fresca e incluso más divertida que las ropas sobrias de las grandes tiendas de lujo en los centros comerciales de Nueva York. – Deja el correo sobre la isla y ven a sentarte. – dijo Adele al verla. – Me acabo de encontrar con Miguel. – comentó mientras iba a sentarse. – ¿Te invito a salir de nuevo? – la mujer sabía lo que pasaba – ¿Por qué no aceptas? No pierdes nada salir a cenar con él en una noche, de todos modos, estas soltera. – su hija le había confirmado la pregunta moviendo la cabeza. – Porque solo tiene diecinueve añitos y no entra en mis gustos, me gustan más altos y mayores que yo, no quisiera volver a perder el tiempo con otro inmaduro. – tomó el vaso de jugo para darle un trago. – Tú sabrás lo que más te conviene, solo puedo decir que busques algo mejor de lo que tenías antes. – Adele no sabía todo lo malo que su hija paso, pero tras la noticia de que Dylan se había empatado con Erika ya había pasado a ser un ser no grato para ella. – ¿Cree que pueda encontrar algo mejor de lo que tenía? – Erika se metió en la plática. – ¿Por qué no? Victoria es una mujer que tiene muchas cualidades intelectuales aparte de su belleza, además, para cada persona siempre hay alguien especial que, aunque tarde en llegar cuando lo hace es para mejorar la vida. – iba a defender a su hija. – Mamá, estaba pensando en la propuesta que me hiciste sobre tomarme un tiempo de descanso. – Victoria quería dejar de hablar de parejas. – ¿Qué has pensado? – Adele sonrió esperando que su hija se tomará un tiempo de descanso. – Que es posible que te tome la palabra, tengo algunos ahorros que puedo tomar y hacer un recorrido por Francia, tengo toda la vida para trabajar, pero quizás no toda la vida para tomarme un tiempo especial para mí. – Victoria no tenía ganas de morir solo conociendo Estados Unidos. – Tu padre y yo tenemos ahorros para ti, hemos estado discutiendo como dártelos porque no querías irte de paseo, pero ahora que lo mencionas podemos pasarlos a tu cuenta bancaria para que los disfrutes como se debe. – Adele le pasó un plato con fruta a su hija. – Ya que vas a recibir mucho dinero deberías ser buena prima y llevarme contigo, tengo muchas ganas de ir a ver el gran cañón, Francia es un cliché muy usado, yo quiero ir a Colombia también. – sonrió de forma burlona. – Dile a Dylan que te lleve, yo sé que él tenía ganas de ir a ver ese lugar. – Victoria lo dijo con normalidad. – ¡Ay, que pesada eres de verdad! – soltó el tenedor sobre el paltó – ¡Deberías superar el hecho de que Dylan se enamoró de mí y dejar de comportarte de esa forma tan borde conmigo, no puedo creer que vayas a reprochar a tu prima solo porque tú no fuiste buena novia! – busco que Victoria se enojara. – Yo no te estaba reclamando nada y de verdad que no me importa que te hayas quedado con Dylan, lo que te digo es que no voy a invertir mi dinero en ir a un lugar donde no me interesa ver nada, si me voy a tomar vacaciones será en un lugar donde yo quiera ir y yo quiero ir a Francia. – Victoria también tenía su carácter, le molesto mucho que sacara el tema de Dylan cuando no iba al caso. – Te voy a pedir que no vuelvas a hablarle de esa forma a Victoria, que tu hayas decidido quedarte con su ex es cosa tuya, cada quien se da su valor como persona con sus acciones. – Adele soltaba cachetadas con disimulo. Erika ya no menciono nada sobre aquel tema y se limitó a terminar de comer, ese día ninguno de los dos choferes de la casa estaba y su tía se negó a llevarla a sus matutinas por ende tuvo que gastar su dinero para pedir un Uber. Victoria se dio un baño y después pasó a arreglarse para salir en compañía de su madre, le hacía falta un día de madre e hija donde pudieran afianzar esa relación que habían tenido y que durante un año se había visto ligeramente decaída por la distancia, Victoria no iba muy seguido a Miami mientras estuvo estudiando su master, tampoco le quedaba mucho tiempo de hacer una llamada donde pudiera hablar de todo lo que hicieron en un solo día. – ¿Lista para irnos? – pregunto Adele sentada en el sillón. – Si, ya estoy lista. – se arregló la camisa. – Perfecto, Christian me llamó preguntando si ya habíamos salido de casa, quiere que le compremos unas cosas, me acuerdas de eso. – se puso en pie para arreglarse la cartera. – Yo te acuerdo de comprar las cosas para Christian. – Victoria igualmente arregló su cartera cruzada. – Vamos a tener que buscar un vestido bonito. – salió de la casa seguida de su hija. – ¿Por qué tanto afán con un vestido bonito? – preguntó Victoria algo intrigada. – Es que tu padre tiene una sorpresa para ustedes y un evento importante que avisara esta noche, tienen que estar guapos para ese día. – sonrió pues no quería decirle lo que ya sabía. Victoria no siguió preguntando sobre eso porque sabía que no iba a tener respuesta, cuando salieron de la propiedad vio a la vecina entrometida del día que llegó, iba saliendo de su casa con su perro y al verlas intento apurar el paso para ir a hablar con Adele, pero la mujer aceleró el auto fingiendo que no la había visto porque no tenía tiempo de perderlo con esa señora tan entrometida que cuando se ponía a hablar no había quien la pudiera callar. La llegada al centro comercial fue emocionante para Victoria y disfruto el viaje porque pudo llevar la ventanilla del auto abierta, eso significó el poder disfrutar del calor y la brisa salina proveniente del océano pues la carretera pasaba enfrente de las playas hermosas que había visto mientras crecía; dentro del lugar Adele la llevó a varias tiendas donde compraron varias cosas menos vestidos para el evento que tenían, Judith no tenía mucho tiempo para salir con su madre y ese día Adele aprovecho tener la atención completa de su hija menor e incluso abuso un poco de su paciencia. El almuerzo en uno de los tantos restaurantes del lugar y después volvieron al trabajo de encontrar una tienda donde hubieran vestidos bonitos que se pudieran comprar, Victoria se separó un poco de su madre pues la mujer se encontró con una amiga y mientras las dos hablaban de sus cosas ella pensó en darle una mirada al tipo de vestidos que tenían en el lugar, no sabía de qué era el evento al que su familia asistiría, pero para que hayan ido a comprar ropa solo significaba que sería elegante, de noche y con personas importantes para su padre así que procuro fijarse en vestidos que cumplieran esa característica, quizás sería muy complicado porque habían muchos diseños muy hermosos, pero Victoria se fue por un color que no tenía mucho en su closet, verde esmeralda. – Es un diseño muy bonito. – dijo un hombre cuya presencia ella no había notado. – Si, es bastante atrevido también. – Victoria se quedó un poco sorprendida por lo mucho que tuvo que levantar la cabeza para poder ver su rostro. – Quizás sea eso lo que lo hace bonito, su lado atrevido combinado con lo sobrio, ambos en perfecta armonía. – el hombre sonrió, aun con su barba se podían notar un par de hoyuelos en las mejillas. – Si le gusta se lo puede llevar a su novia, quizás ella se vea despampanante con el vestido. – era un hombre muy atractivo a sus ojos y le sorprendería mucho que le dijera que no tenía novia. – La vacante está libre. – se rio con algo de nerviosismo mientras agarraba un vestido. – No creo que esa sea su talla. – Victoria se rio buscando hacer más conversación. – Creo que no me entraría ni un brazo... – lo descolgó – Estoy buscando un regalo para una socia y amiga, pero no pensé que fuera tan complicado escoger un solo vestido. – lo alejó para verlo. – Si conoce sus gustos puede hacer más fácil el proceso, también puede basarse en las prendas que suele usar. – Victoria busco su talla de aquel vestido verde que había tomado antes. – Es bastante coqueta y le gustan los vestidos cortos, pero sé que sus tallas varían según la prenda, ya estoy dudando si es buena idea regalarle ropa... – volteo a verla – ¿Me podría ayudar? – tomo un vestido rojo. – ¿A qué cosa? – Victoria se volvió a reír, pero esta vez con nerviosismo. – ¿Podría medírselo? Mi amiga tiene casi su complexión física. – se lo acercó a Victoria para verlo por encima de su cuerpo. – ¿Qué pasa si no le queda? – tomó la prenda mientras lo veía fijamente. – Podría buscarla a usted y regalárselo, una prenda así de hermosa no se puede echar a perder abandonado en mi closet. – dio unos pasos más hacia ella. – Le ayudare solo porque no he hecho mi buena acción del día. – de forma coqueta se dio la vuelta y caminó hacia los probadores. Tal como había dicho su madre, era una mujer soltera que podía buscar un nuevo romance sin sentirse culpable de nada y es que había pasado un año completamente sola, el caballero que se presentó frente a ella mínimamente media un metro noventa, aunque el cálculo podía fallarle porque era impresionantemente alto, su barba castaña al igual que su cabello ligeramente largo dejaba ver claramente lo ondulado que era, sus labios finos que proyectaban una sonrisa coqueta, un traje elegante y un perfume delicioso le crearon la idea de que era un hombre que le ponía atención a su cuidado físico, pero sin duda alguna lo que más le encanto a Victoria fueron sus ojos azules porque era como ver dos zafiros brillantes en el rostro esculpido de una atractivo hombre. – ¡Qué belleza! – exclamó el hombre al verla salir usando el vestido rojo. – ¿Cree que le quede a su amiga? – Victoria aprovechó su arranque de valentía y comenzó a modelarle. – Sí, estoy seguro de que muy pronto la voy a ver usándolo. – se frotó la barbilla mientras la veía de pies a cabeza. – Que bueno que pude ayudarlo a encontrar ropa para su amiga... – dio la vuelta para verse en el espejo de cuerpo completo – Aunque debo admitir que es un vestido muy lindo a pesar de la rajadura que tiene en la falda. – pasó las manos por el escote de corazón. – Podría considerar comprarse uno igual porque le queda muy bien a su cuerpo. – se acercó y le arregló el tirante del vestido. – No creo que me atreva a salir muy seguido con algo así. – lo vio atreves del espejo. – Ganaría miradas y conquistaría corazones si se atreviera a usar un vestido como este, también podría volver loco a su novio. – ambos se estaban viendo a los ojos. – Esa vacante en mi vida está disponible. – susurro antes de volver adentro de los cambiadores. – Que buena suerte tengo entonces. – no fue nada discreto al decir aquellas palabras. Victoria entró al cambiador donde había dejado el otro vestido verde y se cubrió la boca ahogando un grito por la emoción que aquellas palabras le causaron, toda la situación era emocionante, en Nueva York no pudo concretar ni una sola relación porque estaba pensando en que iba a regresar y además tenía miedo de encontrarse otro Dylan, pero la intervención de aquel hombre le provocó cosquillas en todo el cuerpo y su forma de mirarla le atraían demasiado, se puso el vestido verde y salió del cambiador llevando en las manos el vestido rojo que se había medido antes pensando en que esa sería su despedida. – Aquí tiene el vestido. – lo entregó al hombre y se puso nerviosa al ver a su madre fingiendo ver las camisas. – Ese vestido también le queda de maravilla. – comentó mientras la veía de pies a cabeza nuevamente. – Gracias, pero no me siento cómoda usándolo por esta abertura en el costado. – desde la mitad del abdomen hasta la mitad de la espalda del lado derecho izquierdo había una abertura en forma de rombo. – El corte asimétrico del escote, la manga larga y todas las zonas donde muestra piel le sientan bien, se ve muy guapa y elegante con esa prenda. – sus palabras fueron muy honestas y le dieron confianza a Victoria. – Parece que sabe mucho de moda. – se vio en el espejo. – Tengo una hermana que es fanática de la moda y de tanto escucharla he aprendido algunas cosas, además no se necesita ser un experto para darme cuenta de lo evidente, que se ve hermosa con ese vestido. – su sonrisa se amplió ante el sonrojo que Victoria intentó ocultar al bajar la cabeza. – Creo que ya sé que vestido me voy a llevar. – se dio la vuelta y vio a su madre sonreírle con malicia. – ¿Tiene planes cuando termine sus compras? – preguntó cruzando los dedos porque le dijera que no. – Yo... – Victoria dudo sobre su respuesta – Ando con mi madre y falta que ella encuentre su vestido. – susurro mientras veía a su madre de nuevo. – Es una pena, pero no dudo que volvamos a encontrarnos en esta ciudad, si el destino fue capaz de cruzarnos hoy, podrá volver a cruzarnos más adelante. – la animó dedicándole una sonrisa dulce. – Espero que así sea, sería interesante conocer un nuevo amigo. – se tomó las manos mientras sonreía. – Pase buena tarde y muchas gracias por haberme ayudado con el vestido. – el hombre le tomó la mano y le dio un beso. Lo vio alejarse y fue incapaz de decirle nada a sus palabras, solo movió su otra mano en despedida porque aquel gesto la tomó de sorpresa y es que no muchos hombres eran así de formales en estos días modernos, la tecnología evolucionó, pero el ingenio de las conquistas se fue quedando en el olvido. Adele se acercó a su hija después de ver al hombre misterioso ir a la caja con el vestido en sus manos, quería saber si por lo menos iría a tomar un café con el hombre porque hasta a ella le había parecido alguien muy atractivo, sobre todo para su hija soltera y que acababa de finalmente salir de una relación mala, le tomo cariño a Dylan, pero siempre pensó que sus hijos merecían a las mejores personas y el chico no lo era. – ¿Te va a esperar afuera? – pregunto Adele. – ¿Que? No... – negó con la cabeza – Nos despedimos porque no iba a dejarte, vine contigo de compras. – se dio la vuelta para continuar viendo el vestido. – Hija, cuando un hombre así de guapo se te vuelva a acercar y te invite a algún lado, pero andes conmigo, solo avísame y ve con él. – la tomó de los hombros. – ¿Que paso con eso de que no debo hablar con extraños? – Victoria alzó una ceja mientras la veía. – Ya no eres una niñita y los hombres que se te van a acercar ahora son más normales que pueden estar buscando al amor de su vida o una noche intensa. – Adele se rio fuerte al ver la cara de sorpresa de su hija. – ¡Mamá por Dios! – exclamó dándose la vuelta para verla de frente – ¿Quieres que me concentré en buscar novio o en disfrutar mi juventud? – se encaminó hacia el cambiador. – Pueden ser las dos cosas mi vida, una cosa no está peleada con la otra. – la vio mover el dedo diciendo que no. Victoria se quedó con el vestido verde que se había medido porque le gusto al final como se veía en su cuerpo, a su madre le costó mucho encontrar un vestido que le gustara porque la mayoría de los diseños eran demasiado juveniles para su gusto y cuando se estaba por dar por vencida encontró algo que se acomodaba a sus gustos, elegante, para una señora y que le quedaba bien a su figura pues se animó a medírselo.
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