Unas horas después, me despertó la alarma de Greg en su teléfono. —Vamos, cariño, es hora de levantarse y entrenar. —Lo miré con enojo, me di la vuelta y me cubrí la cabeza con las mantas. Él se rio y me las quitó. —Amor, ¡estoy tan cansada! ¿Puede esperar hasta mañana? —Hice un puchero. —No, has estado holgazaneando, y es hora de que vuelvas a entrenar. Meghan, la hermana de Mathew, te entrenará para ponerte al día. Ella es mi mejor entrenadora femenina y una gran luchadora. Gemí, me levanté, fui a cepillarme los dientes, me recogí el cabello en un moño y me vestí. Greg tenía el café listo para mí cuando entré a la cocina, con azúcar y crema. —Hmmm, ¡esto es justo lo que me hacía falta! —dije mientras tomaba un sorbo. —Después del desayuno, te reunirás con mamá para repasar algunas

