Se sintió bien simplemente bajar del último piso y estar con los miembros de la manada. Mi familia y yo caminamos hacia el patio, abrimos las puertas y respiramos el aire fresco que no habíamos tenido en cinco días. Varios de los miembros de la manada se acercaron a mí y me abrazaron, felices de verme a salvo y de poder salir de la casa de la manada. —¡LUNA! —Escuché un coro de voces, y luego fui derribada al suelo por una docena de cachorros. Me alegró verlos. Sus mamás se acercaron, riendo, despegando a sus cachorros de mí. —Lo sentimos, Luna —dijo una de las mamás—, solo están felices de verte de nuevo. Comencé a reír y le dije que estaba bien, que me alegraba verlos de nuevo. Caminamos hacia el área donde estaba construyendo un nuevo parque infantil. Los cachorros estaban emocionado

