Llegaron a un terreno plano, perfecto para poner las tiendas y la fogata. Alejandro sacó un montón de varillas de metal, una lona, estacas y un martillo. Al principio se mostró paciente con Olivia mientras le explicaba, pero pronto estaban discutiendo otra vez. —¡Ya te dije que la metas y empujes, Olivia! —¡Es la primera vez que hago esto, no me presiones! —No es tan difícil. —¡Es que tú ya tienes experiencia! —¡Posiciónalo bien y mételo! Manuel, quien cortaba leña para la fogata, les gritó. —¡Ya cállense, maldición! ¡Pareciera que están hablando suciedades! Alejandro bajó la cabeza y negó varias veces. Suspiró. —Por última vez, Olivia. Mete la varilla en la lona y empuja para que la tienda se levante. Al fin pudieron levantar la tienda. Ya fijada en el suelo, tenían un lugar par

