—¡Suéltame, Alejandro!—Una omega rubia trataba en vano de zafarse de ser arrastrada detrás de un alfa que estaba irritado y cansado.—¿A dónde me llevas? ¡Detente! Alejandro se detuvo cuando llegaron a la azotea del edificio. Era un lugar demasiado alto y solitario donde nadie se molestaría en buscarlos. Era hora de aclarar las cosas y no dejaría que Olivia lo siguiera evitando. El sol de media tarde cubría el cielo con un bello tono naranja, las nubes se deslizaban lentamente, acariciando el cielo y regocijándose de la calidez de esa tarde. A lo lejos, las nubes negras amenazaban con hacer su aparición. Alejandro deseaba que su conversación con Olivia fuera reconciliadora y tranquila. Pero tenía claro que sería todo, menos sencilla. —No quiero estar aquí contigo.—Olivia soltó su pequeña

