Al igual que la última vez que viajaron por carretera, las horas pasaron volando. Olivia encendió la música, cantó y bailó cada una de las canciones. Ambos iban relajados y felices. A mediodía se detuvieron y compraron comida en una gasolinera. Olivia arrugó la nariz al ver lo que Alejandro había conseguido para ella. —¡Ya te dije que no me gustan las brochetas de cordero! —Se quejó mientras salía del auto y esperaba a su alfa con los brazos cruzados. Alejandro sonrió y le hizo un gesto para que le diera una mordida. —Al menos prueba un bocado. —Es que el aspecto... ¡No, de ningún modo meteré eso a mi boca!—Olivia apretó los labios y negó con la cabeza.—¡No puedo creer que me hayas conseguido algo que sabes que no me gusta, Alejandro! Alejandro se tuvo que reír ante su berrinche. —Y

