Una omega castaña correteaba de aquí para allá, buscando frenéticamente algo para apagar las llamaradas que salían de la estufa. Lo primero que encontró fue un trapo, intentó ahogar el fuego con él pero solo logró avivar las llamas. La alarma contra incendios empezó a sonar y minutos después, caía una lluvia ligera sobre ella. Por todo el orfanato se escuchó el grito enfurecido de Nani. —¡OLIVIAAA! La omega se encogió de hombros. —¡Ay lunas! Intentó meterse debajo del lavabo de la cocina y esconderse, pero dos pares de manitas la alcanzaron y la sujetaron con fuerza. Uno de los cachorros gritó. —¡La tenemos, Nani! —¡Esta vez no escapará!—El otro cachorrito era un poco más entusiasta.—¡Yo traje las cuerdas! ¡Hay que amarrarla! Olivia chilló angustiada. Para cuando Nani llegó, se en

