Olivia hizo el ademán de cerrar el zíper sobre su boquita. El chef solamente negó con la cabeza y dejó a la cachorra White y a su nuevo amigo, si salían rápido de su camino, mejor. Alejandro miró embelesado cómo la cachorra rubia devoraba el enorme cono que les dieron. —Despacio, si comes mucho y muy rápido te dolerá la panza. Mi mami dice que no hace bien tanta azúcar. —Pues mi hermanita Harper dice que entre más dulce el helado, más dulce la vida. Y yo prefiero hacerle caso a ella. Ahora cállate y come, mira, se me está derritiendo mi helado por estarte regañando, alfa —Olivia pisoteó molesta al sentir chiclosas sus manos—. ¡Se llenaron de jarabe mis manitas! ¡Quiero una servilleta! Alejandro miró a todos lados, pero al no ver a ningún adulto cerca, se sacó la camisita del pantalón y

