¿Trabajar para piratas? Jamás en mi vida, pensaría trabajar o ser un pirata, pero, la vida, nunca tomará tus decisiones y es curioso, porque, no pensaría estar en un barco pirata para trabajar con ellos.
— ¡CAPITÁN BARBA-SUCIA! Quiero trabajar para usted… — le supliqué a uno de los hombres del Capitán Quema cráneo para que me diera un puesto en su barco.
— Bienvenido a bordo, Pie… — me responde el capitán al estrechar mi mano.
¿Cómo fue que terminé aquí? Ah, ya recuerdo… todo fue hace unas horas.
Después de reunirme con Libia, yo regresé al muelle y me dirigí a la taberna para ayudar a mis padres con la limpieza del local, al cabo de unas horas, mi madre me pidió comprar algunas cosas para esta noche.
— Oliver, ¿puedes ir a comprar harina?
Así que me fui a comprar la harina en la panadería de la isla, pero, mientras estaba cargando una gran bolsa pesada de harina, me topé con algo que me llamó la atención. Cerca de la taberna, había una casa de empeño muy conocido, en ella había dos aretes de oro con unas hermosas piedras azules postrados en la vitrina, esos aretes eran tan hermosos, que no podía evitar preguntarle al dueño del local, cuál era el precio.
Esos aretes eran perfectos y hermosos, el oro era brillante como el sol y las hermosas piedras azules parecían diamantes tintados con el más puro color del cielo azulado, tenía que comprarlos para ella, para Libia.
— Disculpe…
— Ah, pero si es el hijo del tabernero de la esquina, ¿Cómo estás, hijo? — me saluda el dueño del local con los brazos abiertos.
— Sí, soy yo, disculpe, tengo interés por los aretes de oro con las joyas azules. — le dije al señalar la vitrina.
El viejo evaluador se acerca a la vitrina y mientras tomaba los aretes, me contó una pequeña historia, sobre esas hermosas piezas que no dejaban de recordarme a los ojos de mi amada.
— Vaya, vaya… ah, “te interesan las lágrimas del mar”…
- ¿Lágrimas del mar? - dije intrigado por el nombre.
- una noche turbia, un hombre ebrio y derrotado emocionalmente, vino a la casa de empeño para venderme estos aretes, decía que eran de su esposa, pero, murió por culpa de una terrible neumonía, el hombre me dijo que los aretes fueron un regalo de parte de un viejo general español y que gracias a ellos pudo conseguir el corazón de su amada.
Cuando el viejo evaluador me contó esa historia, no sabía qué pensar, no creo que me estuviera mintiendo para que los comprara, lo que no entendía, era, ¿Por qué ese hombre vendió algo tan valioso de su amada?
— Si es cierto, ¿Por qué lo hizo? Esos aretes eran muy especiales para ese sujeto, ¿Por qué decidiría venderlos?
Yo nunca vendería algo que fuera importante para mi amada, si esos aretes eran algo especial, ¿Por qué venderlos?…
Pero el viejo evaluador, me dijo algo, bastante sabio.
— Es cierto, cuando ese hombre me ofreció los aretes de oro, no paraba de llorar, se veía destrozado por la muerte de su amada y yo sintiéndome mal, rechacé el comprárselos, pero, ese hombre, me dijo que prefería venderlos a conservarlos, el recuerdo de la muerte de su amada lo lastimaba y cada vez que veía los aretes, recordaba que ella ya no estaba…
— Entonces, ¿quiere decirme que los aretes lo compró por mera lástima? — le pregunté al viejo evaluador.
Pero el viejo solo sacudió su cabeza lentamente y me dijo por qué decidió comprar los aretes.
— En esta casa de empeño, vienen cientos de piratas que solo buscan vender sus cosas para conseguir dinero y gastárselo en mujeres y alcohol, pero, esa vez, ese hombre solo quería deshacerse de un triste recuerdo, así que se los compré, porque, sé que estos aretes, serán más especiales para una mujer que para un triste viudo…
Claro, los aretes eran hermosos, se veían en muy buen estado, sea quien sea que fuera la dueña original, los trato con mucho amor y cuidado; se notaba que eran algo muy valioso, no solo en el precio sino también como la viva representación de un amor que existió hace mucho, además, el viejo evaluador, me contó algo que me hizo querer comprarlos.
— El viudo me dijo que estos aretes esperan estar en manos de una bella dama y dar un inicio a otra historia de amor, no sé tu joven, pero, si quieres a alguien, entonces, estos aretes pueden ser para esa persona especial.
Tal vez solo me dijo eso, para que comprara los aretes, pero, la verdad, sentía que debía comprarlos, sentía que esos aretes me llamaban y me suplicaban que se los diera a libia, así que, sin más, solo le dije…
— ¿Cuánto cuestan?
— 5 monedas de oro…
No puedo creerlo… no podía comprarlos, aunque los quisiera, era mucho dinero, demasiado. No podía comprarlo.
— Señor, no tengo esa cantidad. — dije de inmediato.
— Pues, lo lamento chico, no puedo regatear, pero, te diré que espero de todo corazón, que seas quien los compre…
Salí del lugar muy desilusionado, cinco monedas de oro, es mucho dinero, apenas podemos mantener el local a flote, mis padres no me darían ese dinero y tendría que trabajar por lo menos dos meses sin parar para conseguir los ritos, en ese tiempo ya de seguro alguien los comprara.
Me quedé viendo los aretes por varios minutos, pensando cómo podría conseguir el dinero lo antes posible, vender todas mis cosas podría ser una opción, pero, lo complicado es que, ¿Quién me compraría ropa vieja y usada, entre otras cosas que no estaban en perfecto estado? Soy pobre y lo malo de ser pobre es que no tienes mucho que valgan 5 monedas de oro.
— ¿Qué voy a hacer? — me dije a mí mismo mientras aún estaba viendo los aretes.
Pero como si fuera parte del destino, un pirata me saluda, cuando me doy la vuelta, pude reconocer ese enorme sombrero rojo, con una pluma naranja. Era el hijo de uno de los jefes de la isla, el hijo del capitán Quema Cráneo.
— Vaya, pero si es el chico de la taberna… — me dice Víctor al tocarme la espalda con una palmada.
Genial, ahora tenía que hablar con ese maldito y creído pirata y aunque quisiera evitarlo, él no iba a dejarme ir, pues me necesitaba.
— Perdón, pero me tengo que ir… — dije al tomar la harina.
— ¿Qué hacías aquí? No eres de los que usan aretes, ¿acaso es para una chica?
¿Cómo lo dedujo tan rápido? Sin dudas, Víctor era más atento de lo que parecía, aun así, no tenía que responderle.
— Para nada, solo me detuve…
— Bueno, sea quien sea esa chica, es afortunada… — dice Víctor provocándome.
— ¿Qué es lo que quieres pirata? La última vez que nos vimos, casi me matas… ¿acaso vienes a terminar el trabajo? — le dije bastante fastidiado de hablar con él.
— Tranquilo chico, estaba ebrio y ya me caes bien, pero, necesito que vengas conmigo… — me dice él al poner su mano en el mango de su espada.
No iba a ir con él, no me agradaba para nada el hijo de Quema cráneo, era un idiota, y ese rostro afeminado, no me engañaba, sabía que quería algo de mí.
— No iré contigo, tengo que llevar esta harina, algunos tenemos que trabajar honradamente. — le dije de forma despectiva.
— Ja, ¿no te agradan los piratas? — me pregunta él con sarcasmo.
— Me lo dice el chico que casi me mata por defender mi local.
— claro… en fin chico, necesito que me sigas…
Víctor se da la vuelta y se retira, creyendo que le haría caso, ¿acaso cree que soy idiota? Cuando se dio la vuelta, yo solo me aleje de él, no iba a seguirlo.
— Es la petición más tonta que escuché, ¿cree que lo voy a seguir solo porque sí? — me burlaba en voz alta mientras veía como él se alejaba.
Pero cuando me doy cuenta, ya no tenía mi monedero, Víctor me lo había robado y tragándome mis palabras, corrí para atraparlo.
— Hijo de…
Corrí por todo el muelle en busca de Víctor y cuando lo alcanzo, un grupo de piratas me rodean, ahora, ya no podía marcharme y Víctor amablemente me invitó a que entrara un momento en un elegante restaurante para marineros.
— Te llevaste mi monedero… — le reclamé a Víctor cuando ya me habían rodeado todos esos piratas.
— Te pedí que me siguieras, amigo, ven, papá quiere hablar contigo…
Víctor y los demás piratas me escoltan hasta la zona más privada y exclusiva de ese restaurante, donde estaba Quema cráneo, almorzando y disfrutando una elegante comida junto con dos hermosas chicas que no dejaban de abrazarlo.
— Padre, traje al chico… — Anuncia Víctor al entrar y quitarse su sombrero.
— Bien, pueden retirarse, no es necesario que se queden. — ordena Quema Cráneo a sus hombres.
— Si padre…
Víctor y los demás, se retiraron de la zona VIP, dejándonos a solas, yo no sabía qué esperar, bueno, la verdad, sí.
— ¿Por qué no te sientas muchacho, hay mucha comida? — me dice quema Cráneo siendo hospitalario.
Una de las chicas de quema cráneo, se me acerca y pega su cuerpo al mío, ella quería también ser hospitalaria por así decirlo.
— Eres un chico muy lindo, ¿Cómo te llamas? — me pregunta la concubina de Quema Cráneo.
— Deja al chico tranquilo, querida, no lo invité para que nos acompañe de esa forma.
La chica se retira y yo solo hago la más obvia de las preguntas.
— ¿para qué me llamó?
— Directo al grano, eso me gusta, bueno seré breve contigo chico, uno de mis barcos, se quedó sin cocinero y pensaba que podría interesarte un trabajo.
¿Cocinero de un barco? Ah, claro, ya veo por donde iba la cosa, aunque precisamente, no me estaba ofreciendo un puesto como pirata, no estaba seguro si aceptar esa oferta, así que solo seguí escuchándolo.
— ¿un trabajo? — Dije…
— Claro, uno de mis capitanes, me informó que no tienen cocinero, lo cual sería un problema, ya que, en pocos días, zarparan a santa marta para recoger un cargamento.
— ¿y por qué me eligió como una opción? — le pregunté.
— Tu padre me mencionó que sabes cocinar muy bien, por lo general, los piratas no saben mucho sobre la gastronomía y sería un problema que algunos de mis hombres pasen hambre.
Solo tenía que ser el cocinero, no parecía ser la gran cosa, pero, solo me interesaban dos cosas, el pago y el tiempo.
— Claro, señor Quema Cráneo, ¿puedo preguntar cuanto será el tiempo en el que le sirva como cocinero? — le manifesté intrigado.
— El viaje y el regreso a Santa Marta, dura una semana, eso es todo…
Una semana no es mucho tiempo, pero, no sabría si podría aguantar una semana en un barco pirata, amenos…
— Claro, no es mucho tiempo, pero…
— Claro, el pago… — me interrumpe Quema Cráneo. — la verdad, chico, no te voy a mentir, necesito que aceptes el trabajo, así que seré generoso, dime el precio…
Cinco monedas de oro, podría decirle que eso es lo que quiero a cambio de trabajar para él, pero, cinco monedas de oro, no es algo fácil de decir, es como si le estuviera robando, una semana de trabajo en un barco, solo valen 4 monedas de plata, no quería ser abusivo, pero, tenía que aprovechar la oportunidad.
— 5 monedas…
— ¿de plata? — me dice quema cráneo.
— De oro…
Quema Cráneo me mira a los ojos, con una mirada fría y sin expresión, el cuarto se sintió tenso y la verdad, en mi mente, pensaba que me había pasado de listo y la verdad, sí, lo había hecho.
— Chico, una moneda de oro es casi un mes de trabajo, ¿acaso quieres verme la cara de tonto? — me dice él al poner su pistola en la mesa.
Sin dudas era mucho dinero, ni siquiera el más avaro y descarado de los piratas se atrevería a pedir 5 meses de salario a cambio de una semana de trabajo, quería bajar el precio, estaba asustado de que me matara por ser tan descarado, pero sucedió algo.
— El dinero, no es para mí, es para comprar algo para mi amada… — dije.
Y quema cráneo por un momento, solo guardó silencio y me dijo algo.
— Te comprendo chico, cuando tenía tu edad, quería regalarle a una jovencita, un hermoso vestido de seda, pero, jamás pude reunir el dinero y gracias a eso, no pude estar con ella, el corazón de una dama es muy valioso, el dinero, es un papel fundamental cuando se tratan de doncellas puras y finas…
— Sí… aun así, me excedí, le pido perdón. — dije arrepentido.
— No, no, hiciste bien muchacho, yo también hubiera dicho lo mismo, aunque, claro, estarías muerto… en fin estoy desesperado por un cocinero, aunque soy pirata respeto mucho a los hombres con agallas, te daré el dinero después de que regreses de santa marta, pero, si sucede algo, las veras conmigo… ¿entendido?
Sabía que hablaba en serio, así que solo me callé y estreché su mano…
— Gracias, señor… — dije muy feliz de poder encontrar la forma de pagar mi obsequió para libia.
— Uno de mis hombres te llevará al barco, el capitán se llama Barba sucia, y espero que no lo decepciones, es uno de mis más leales hombres, si lo haces enojar a él, me haces enojar a mí.
— Comprendo… señor… — contesté al retirarme.
— Buena suerte, chico…