Me habían derrotado, el pirata más joven, delgado y con mejor higiene que el resto de piratas, me había derrotado como si nada, el pirata del sombrero rojo, incluso borracho, resultó ser un adversario demasiado letal como para enfrentar.
Ese sujeto estaba ebrio y apenas podía caminar derecho, pero, aun así, me derrotó en un duelo con espadas, el pirata del sombrero rojo, fue tan rápido y ágil, que en el segundo en el que yo ya le iba a atravesar con mi espada, resulto solo ser una broma de mal gusto y cuando me percaté, yo ya estaba en el suelo, derrotado por ese maldito pelirrojo.
— ¿Qué? — dije sorprendido al ver que ya había perdido.
— Fuiste rápido chico, es una lástima que tenga que matarte.
El pirata del sombrero rojo era un monstruo demasiado rápido con la espada, yo no tenía oportunidad contra ese canalla y la verdad me molestaba que un pirata borracho me ganara en un duelo con espadas y cuando yo estaba a punto de ser asesinado, otro pirata entra al local y todos los piratas incluidos el que me derrotó, guardan sus armas y bajan su mirada.
Yo me doy la vuelta y miro quien era el que había llegado, cuando lo hago, me di cuenta de que solo era un pirata más, solo que este era distinto, sus ojos, infundían terror, ese pirata, tenía la barba roja, como la sangre y su ropa estaba echo de cuero rojizo, además, en su boca, tenía un habano encendido que parecía una pequeña antorcha en su cara, iluminando los ojos de un monstruo por así decir; también poseía dos sables en sus costados, cada uno de ellos, estaban forrados con pólvora roja.
Sin dudas era un pirata peculiar, así que sin importarme quien era, solo le pregunté.
— Se… señor… ¿Quién es usted? — le dije algo temeroso al verlo a los ojos.
El pirata del habano encendido me mira con esos enormes y aterradores ojos y solo dice en voz alta.
— ¿Qué quién soy yo?
Y de la nada, uno de los piratas que estaba en silencio ante la presencia de este extraño e intimidante hombre, salta hacia mí y me toma de la cabeza, golpeándome contra el piso.
— Aahhh! — grite por el duro golpe.
“Que rápido, ni siquiera me pude percatar” eso pensé cuando me golpearon la cabeza contra el suelo, pero lo que más me sorprendió, fue lo que me dijo el pirata que me obligó bajar la cabeza ante su amo.
— Shhh… guarda respeto ante el capitán Quema cráneo. — y después de decirme eso, me suelta la nuca y se regresa a su lugar.
El capitán quema cráneo había llegado a la taberna, y todos se callaron como si hubieran visto el espíritu de algún demonio y la verdad, con esa cara y esos ojos aterradores, no podía expresarlo de otra forma, sin dudas era uno de los siete jefes de la isla.
Los siete, son los jefes de la isla, siete piratas, los más temidos de los siete mares que se quedaron en Borbón, jamás había visto a uno de ellos con mis propios ojos, pues ver a un jefe era como ver a un rey o al mismísimo satanás.
Quema cráneo toma una silla y se sienta cruzando las piernas y poniendo una de sus pistolas cargadas en la mesa, al parecer, ese hombre no estaba de buen humor.
— ¿y bien?... ¿alguno de ustedes gusanos me quiere explicar lo que está pasando? — dice Quema cráneo con un tono muy sutil, pero, esa voz, era muy intimidante.
El pirata del sombrero rojo, se veía asustado e intimidado, pero, era obvio que Quema cráneo estaba molesto con él.
— Víctor… ¿no vas a decir nada? — pregunta Quema cráneo al pirata del sombrero rojo.
— Padre, yo… solo nos estábamos divirtiendo.
Ah, mierda, ¿hijo? Sin dudas no me lo esperaba, pero, lo que más me estaba asustando, era que el mismísimo Quema cráneo no dejaba de verme a los ojos, como un tigre que estaba esperando a comer a su presa.
— ¿Quién eres? — me pregunta Quema cráneo.
No quería responderle, no sabía porque le tenía tanto miedo a ese hombre, me sentía estresado y me costaba respirar, mi cuerpo se estaba entumeciendo; quema cráneo era tan intimidante que incitaba terror y respeto con solo su presencia, pero, si no le decía mi nombre, algo malo me pasaría.
— So, soy Oliver Pié, señor Quema cráneo. — dije al bajar mi mirada, pues ya no soportaba verlo a los ojos.
— ¿Y porque estabas peleando con mi hijo?
No podía decirle al "jefe" que lo hacía para que se fuera de la taberna, meterse con el hijo de un pirata era algo muy malo, pero, dado el caso, yo ya estaba muerto si o si, ocultarle a Quema Cráneo la verdad no era importante.
Calmé mis nervios y levanté la mirada para decirle lo que estaba pasando.
— Solo, solo les estaba pidiendo que se marcharan…
— ¿y porque tendrían que irse si se estaban divirtiendo? — me responde Quema cráneo al cruzar sus brazos y mirarme con más atención.
Era bastante obvio que a Quema cráneo no le agradaba que yo deseara deshacerme de sus hombres e hijo, pero, el local ya estaba cerrado y tenía que ser claro. Sobre todo, con el infame Quema Cráneo.
— Porque, era hora de cerrar señor… — dije tímidamente.
— ¿cerrar? Ya veo… como mis hombres no se iban de este lugar, querías echarlos, ¿verdad?... ¿acaso eres idiota niño? — responde Quema cráneo al tomar una bocanada de su habano y soplarlo frente a mí.
Si, fui estúpido, ahora, Quema cráneo me mataría, ¿Por qué soy tan tonto? Si me hubiera quedado quieto y sumiso, no hubiera llamado la atención de uno de los jefes de la isla, pero por mi estupidez, ya no volvería ver a Libia ni a mi familia. Ojalá poder retroceder en el tiempo, no para evitar este desastre si no para estar con Libia y verla comer y sonreír, ojalá decirle nuevamente que la amo, pero por mi mala suerte y decisión, creo que mañana no me presentaré ante ella como ya era costumbre.
— Tranquilo padre, yo me iba a encargar de él, perdió y ahora debo asesinarlo. — dice Víctor, el pirata del sombrero rojo al hablar tímidamente con el capitán Quema cráneo.
— ¡Cállate! El joven tiene la palabra. — silencia Quema cráneo a su hijo frente a todos.
Quema Cráneo estaba esperando que le diera mis razones, así que se las di, si iba a morir, al menos debía ser sincero.
— Señor Quema cráneo, mis padres y yo, le estamos muy agradecidos por su ayuda, les preparamos una cena gratis como señal de agradecimiento, pero, sus hombres…
— ¿Qué pasa con mis hombres, muchacho? — me interrumpe Quema Cráneo con una mirada muy intimidante.
Cuando me interrumpió, casi me ahogo con mi propia saliva, por el miedo que ese hombre me daba, pero, solo continúe sin titubear.
— Sus hombres se aprovecharon, comieron y bebieron todo lo que ellos desearan y cuando les pedí que se retiraran, solo me atacaron, entiendo muy bien que son piratas respetados y temidos, pero, no es justo que mi familia tenga que seguir soportando la avaricia de piratas sucios y ruines, incluyendo a sus propios hombres…
Quema cráneo se levanta de su asiento y me hizo una pregunta bastante difícil de responder.
— Ya veo, solo querías defender tú negocio, es respetable, pero es estúpido el pensar que los piratas se van a comportar como caballeros solo porque lo pides, esta es una isla de piratas, somos los malos…
Tenía razón, no puedes esperar que los piratas se comporten, era imposible, pero, aun así, es mi negocio y ya estaba harto de aguantar los abusos.
— Tiene razón, pero, es mi negocio, mis padres y yo nos esforzamos día tras día, para que este lugar sea limpio y aceptable, pero cada vez que los piratas deciden venir, este lugar se vuelve un infierno, nunca pagan, no limpian, no agradecen y eso no podemos seguir aguantándolo, le agradecemos que se deshiciera de esos piratas que nos molestaban, pero con todo respeto, Capitán, enséñeles a sus hombres respetar a las buenas personas de esta isla y sus bienes. — dije.
— ¡que dijiste!
— ¡No le hables así a nuestro capitán!
— ¡mátenlo!
— ¡Que se cree ese mocoso!
— Hay que golpearlo.
Y por culpa de mis palabras, uno de los piratas de Quema Cráneo me golpea en la cara, una y otra vez por decirle esas palabras como si no fuera nada.
Todos querían atacarme, pero, solo había uno, que lo impidió.
— ¡déjenlo! Es una orden… — ordena el jefe.
Todos se apartan en silencio y menos mal, porque estaba seguro que iba a morir linchado, en fin, el capitán Quema cráneo se acerca a mí y me dice unas cuantas palabras, las cuales no esperaban escuchar por parte de él.
— Eres un chico muy especial, joven, los pocos que se han atrevido hablarme así, no han sobrevivido, pero, por una vez, seré piadoso. — me dice Quema Cráneo al tocar mi hombro con su mano derecha.
Los demás piratas, querían castigarme por hablarle de esa forma, pero, Quema cráneo estaba más enfadado con ellos que conmigo.
— Padre, ¿enserio dejaras que este mocoso se salga con la suya? — le reclama el pirata del sombrero rojo molesto.
— Cierra la boca Víctor, ¿Por qué diablos ustedes siguen aquí? les di la orden de regresar a su barco en menos de dos horas, pero se quedaron, por su culpa perdimos el navío que íbamos a robar. — regaña Quema Cráneo a sus hombres.
Al parecer, los hombres de Quema Cráneo tenían que regresar a su barco, pero, se quedaron en nuestra taberna bebiendo y comiendo, haciendo estragos, y gracias a eso, se olvidaron de su trabajo.
Ninguno de los presentes, se atrevió a dar una explicación, o pedir disculpas, solo se quedaron callados y se marcharon, Quema cráneo juro que castigaría a sus hombres por ser tan negligentes y antes de que se fuera, el jefe me felicitó por una simple razón.
— Fuiste valiente, chico, eso lo respeto, y en una cosa tienes razón, debo ser más duro con ellos, no solo por ti, sino también por mí…
— Gracias, señor… — le dije al ver que no me matarían.
— No me agradezcas, al final, voy a necesitarte tarde o temprano, hay muchos jóvenes que les interesa trabajar para mí, pero, solo pocos me han llamado la atención.
Al parecer Quema Cráneo me estaba ofreciendo un puesto, pero, como ya lo he dicho, no me llama la atención la piratería.
— Gracias, pero, no me interesa. — le dije amablemente.
Pero Quema Cráneo, no estaba preguntándome.
— Disculpa niño, no te estaba preguntando si te interesa el puesto, solo te estoy diciendo que pronto te voy a buscar y no vas a negarte, no si no quieres perderlo todo y a todos…
Una amenaza, eso era, no podía decir nada, solo me quedé en silencio y deje que se fuera, si Quema Cráneo me necesitaba, no dudaría en buscarme y obligarme a unirme a él, ojalá ese día nunca llegue.
— Claro…
— No te alejes niño, porque cuando necesite de tus servicios, te lo voy a contar.
Quema cráneo se retira y como un demonio, se desvanece en la oscuridad, junto con todos sus hombres, sin duda alguna ese pirata era un Monstruo, que no dejaba de asombrarme cuan intimidante podría ser un hombre, un pirata, un jefe…
Después de que uno de los siete jefes se fuera junto con sus hombres, discutí con mis padres, ellos no querían que yo volviera a meterme con los piratas, pero, no podía seguir permitiendo sus abusos, después de eso, limpiamos lo que pudimos y regresamos a nuestras camas.
Sin dudas esta fue la peor noche de todas, pero, jamás imaginé que este sería el punto de partida de mi legado.