Dafne El frío del invierno hacía que mis huesos dolieran, pero no era nada comparado con el nudo que se había formado en mi garganta. Caminaba por las calles poco transitadas, pensando en dónde pasaría la noche. No era como si tuviera miles de opciones. Sabía que no había actuado con madurez, pero, ¿quién en mi lugar lo habría hecho? Nathan, mi supuesto mejor amigo, me había traicionado de la forma más cruel. ¿Cómo podía seguir confiando en él después de esto? Pensé en llamar al señor Montenegro. Durante un segundo, la idea de su voz tranquila me pareció tentadora, pero dadas las circunstancias, no era lo correcto. Seguí caminando hasta que encontré un pequeño hotel. No era lujoso ni acogedor, pero al menos me ofrecía un techo. Mientras me recostaba en aquella cama fría y modesta, sent

