Lucifer tuvo razón. El pueblo de Zaphenat no hizo nada anormal ni fuera de lo común, se comportaban bien dentro del país, con la salvedad de que ellos no adoraban los dioses que veneraban los egipcios; al contrario, su única deidad era el Padre, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Durante mucho tiempo, vivieron en total armonía ambos pueblos, sin embargo, Mirka y Junier sabían que, en algún momento, el Padre o Miguel los usaría para acabar con Egipto. Narmer, cansado de ser el gobernante del pueblo y, enterado de las cosas que hacía el Padre en el ámbito espiritual, decidió hacerse cargo del Limbo, un lugar donde las almas eran enviadas a vagar por la eternidad en busca de redención, redención que, por supuesto, jamás encontraban, pues Dios no se los permitía. Con autorización de

