-Deja a nuestro hermano -le ordenó Miguel después de ver sus heridas sanas. -¿Y si él no quiere? -Si tú lo dejas, como si fuera idea tuya, tendrá que aceptar. -¿Y si no? No era que ella se quisiera rebelar ante la orden, pero sabía que Junier no la dejaría así, sin más. Mirka fue elevada unos centímetros de la tierra y transportada hasta Miguel, ella no era capaz de controlar sus movimientos. El ángel la miró directo a los ojos y un dolor se instaló en el corazón de la hechicera. Un dolor que no pudo describir. Era el dolor de la lejanía con un ente superior. -Déjalo. Si lo amas, debes hacerlo, nadie más podrá convencerlo de que debe volver -le exigió. -Yo no tengo poder sobre él. -Lo tienes, y más de lo que crees. -¿Y si aun así él no vuelve? -Escúchame, híbrida, déjal

