El silencio sombrío arropado por aquella penumbra que reinaba en la dimensión mística, era lo único que acompañaba a aquel grupo de muchachos que ciertamente habían sufrido una gran derrota. Lucas encabezaba la caminata rumbo a la montaña de los dragones. A su espalda, a pocos pasos, le seguían simultáneamente sus hermanos Noah y Tomás. Detrás de ellos las jóvenes gemelas trataban de seguir el camino que sus hermanos trazaban, al mismo tiempo que intentaban tranquilizar sus sollozos. En ese instante no pudo ser más oportuna aquella loba pelinegra de ojos azules. Jeargo miró como su hermosa esposa se separaba de él para abrazar a ambas niñas y darles consuelo. Las mimó como si fueran sus hijas, y las acogió bajo su seno, tranquilizando los incontrolables pero silenciosos sollozos de las ge

