Capitulo 39

1101 Words

otra vez a la dulce hora del crepúsculo vespertino o bajo la luna clara, y las estrellas se abrillantan y se tiñen de azul. —Sí —dijo Eriol—, y los corazones de quienes escuchan palpitan con crecida añoranza. Tuve la impresión de que mi deseo era abrir la ventana y saltar, tan dulce era el aire que me llegaba desde fuera; nada me bastaba, y mientras escuchaba sentía deseos de seguir, no sé bien a quién, no sé bien adonde, fuera, a la magia del mundo bajo los astros. —Entonces sin duda era Timpinen el que tocó para ti —dijo Vairë—, y debes sentirte honrado, porque hace ya muchas noches que en el jardín no se oyen esas melodías. Ahora, para siempre, porque tal es el misterio de ese espíritu, amarás los crepúsculos de verano y las noches estrelladas, y esa magia será causa de que el corazón t

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