Tomo la mano de Marcus Scott para salir del auto. Y, por primera vez, el me besa suavemente los labios al terminar de salir. Rápidamente cierra la puerta del pasajero.
Estoy confundida por la muestra de afecto de hace unos momentos, ya que en todo el tiempo que he estado trabajando a su lado, jamás hizo algún signo de querer tocarme o besarme; estoy confundida, debería decir que estoy un poco más... asustada.
—Estás hermosa, cariño —dice suavemente—. Debería ser ilegal tu belleza.
En seguida sus palabras me ruborizan y hacen que Marcus me vea de una forma tierna.
Es otra cosa que me confunde. Jamás me llano cariño, ni ninguna forma cariñosa. Todo fue bastante estricto entre los dos, desde que ambos sabemos que un está casado con la perra. Sin embrago, es trabajo; debo portarme con profesionalismo y seguir la corriente.
Debo estar en calma.
—Tú también estas demasiado guapo —le digo el cumplido—. Debería ser más que ilegal.
Una carcajada profunda brota de su perfecto pecho esculpido, mientras toma una de mías manos entre las suyas y la lleva directamente a sus labios. Viste un traje, el cual es un Armani hecho a su medida.
El señor Scott es guapo y puede decirse que su cuerpo está bien formado.
Sus anchos hombros llenan el saco a la medida como nadie más, usa una camisa azul cielo y corbata color negra. Su pantalón es el juego perfecto a su saco, a la manera profesional, elegante y a la vez casual. Y sus zapatos relucientes, destacan en el sucio pavimento pero hacen contraste con la alfombra que nos lleva a la puerta del lujoso restaurant.
—Hoy es un día de celebración—dice mientras nos adentramos en el lujoso restaurant —. Y quiero que jamás lo olvides—comenta con una sonrisa suave en su perfecto rostro cincelado.
—Creo que será difícil de olvidar, si me traes a un lugar tan caro y lujoso.
—Cariño, te mereces eso y más—dice suavemente.
No, no lo hago.
Y claro está que no lo digo en voz alta.
Un señor de mediana edad aparece. Su porte da la sensación de refinado, pero me llevo una sorpresa al notar que solo es el metre del restaurant.
Esta vestido con un elegante traje, pero no tanto como el de Marcus. Su cabello esta tintado de gris y n***o, pero te da una sensación de tranquilidad su expresión serena en su rostro arrugado.
Todo es de lujo aquí, hasta los meseros a los que se les puede echar un vistazo de fuera.
—Bienvenidos a Ces't La Vie soy Evan, ¿Tiene reservación?—pregunta con una voz con acento un poco francés y marcado.
—Sí, una reservación a Marcus Scott —responde el adonis a mi lado.
—Sr. Scott. Es un placer tenerlo esta noche. Su mesa esta lista. En un segundo se le enviara un mesero que le guiara a su mesa y probablemente le esté sirviendo el tiempo que este aquí. Un gusto conocerlo. Que disfrute de su cena y estancia —termina el buen hombre y quedo fascinada con la delicadeza, el porte y la elegancia en que lo dijo todo.
Tal vez practico para decirnos eso o es su línea. Cualquiera de las cosas que sean, es un hombre que ha ganado mi respeto.
Mientras nos adentramos un muchacho muy guapo de aspecto elegante nos recibe; lleva un pantalón de vestir n***o y zapatos a juego, los cuales acompaña con una camisa color blanco, terminando el look con una corbata negra. Su cabello es del color del carbón y sus ojos son de un verde profundo, podrían haber opacado cualquier tipo de ojos si no fuera por otros que vi. No abrían opacado los de "él".
—Buenas noches. Mi nombre es Noé, los guiare a su mesa. Me han informado que trato con el ¿Sr. Scott? —nos recibe con respeto.
—Así es, ¿dónde está nuestra mesa?—pregunta Marcus, mientras seguimos al muchacho guapo.
—Su mesa queda en uno de los reservados como usted pidió. Una de las mejores mesas si permite decirlo —dice con voz suave y aterciopelada como la miel.
—Bien, yo diré si es verdad —responde Marcus, más con un tono divertido, que con un demandante.
Seguimos un poco al muchacho, quien nos dirige a unas escaleras. Mientras subimos, no paro de ver todo: las paredes pintadas de un tono verde demasiado suave que contrastan con las pinturas en las paredes.
Todas y cada una de ellas mostrando un poco de la hermosa de París. Hay pequeños recuadros mostrando a chicas bien vestidas con bellos vestidos, que al parecer valdrían lo que mi apartamento.
De pronto estoy asustada por lo que llevo puesto. Mi vestido sencillo de Target, no contrasta con nada de este sitio. Ni mis tacones baratos merecen la pulcritud de cada uno de los escalones que subo, los cuales parecen ser de madera de verdad. Mi respiración se agita por la pena y al parecer Marcus lo ha notado.
—¿Estas bien? -pregunta en un susurro.
—No creo que deba estar aquí —respondo con tono asustado.
—¿Y por qué no?
—No lo ves —susurro mirando las fotos de aquellas damas.
—Acompáñenme por aquí —interrumpe Noé llevándonos a lo que parece una terraza.
Todo lo que pensaba se borró de mi mente. La vista de la ciudad de Boston es espectacular desde aquí, la terraza está adornada de bellas luces de tipo navideño, (que por cierto) están por todas partes; están en el balcón, los árboles que están de adorno, y como no, hasta alrededor de alguna ventanas.
Es tan bellísimo que me deja sin habla. Estoy tan cautivada que no me doy cuenta de Marcus sosteniendo una silla fuera para poder sentarme. Tengo que salir de mis pensamientos y tomo asiento rápidamente, donde Marcus sostiene la silla para mí.
—Grandioso ¿no? —me dice Marcus rompiendo el silencio.
—Grandioso se queda corto—respondo sin poder salir aun de mi asombro.
—En unos momentos vendrá otro compañero que será su mesero está noche. Espero disfruten su estancia—dice Noé antes de retirarse rápidamente.
—Te dije que merecías esto y más. ¿Por qué no puedes creerme?—pregunta mientras toma asiento y toma una de mis manos, entrelazando sus dedos con los míos.
—No es que no te crea. Pero Marcus, esto es demasiado. Dios mío, mi vestido es barato y estamos cenando aquí. O me vas a decir que no viste todas esas fotos de mujeres bien vestidas ahí abajo.
—Sí que las vi cielo. El problema es que ellas no son cualquier mujer. Ellas son mujeres importantes en Paris. Senadoras, princesas, modelos —responde pero eso me hace querer correr másby da cuenta de ello —. Eso no sonó bien. Déjame poder corregirme. Cada una de ellas está aquí por que recuerda la belleza de Paris. Todo lo que entra es lujoso y bello, pero hay una cosa que no saben. ¿Y sabes cuál es?
—No —respondo preparándome para algo inesperado.
—Que no siempre la belleza exterior, representa lo bello del mundo. Hay veces que debes conocer lo que está aquí —señala su corazón—. Para darte cuenta de que te enamoraste no solo de la vista -termina, mientras me da una mirada llena de ternura.
Mi corazón se estruja y las lágrimas quieren llegar. Soy una mujer terrible y él ni siquiera lo sabe. Lo peor aún es que acaba de decirme que me ama y yo no soy capaz de decirle las palabras que quiere escuchar; todo de mi es solo un fraude.
—Perdone la tardanza—interrumpe un chico igual de guapo que el otro, podrían ser gemelos—. Soy su mesero esta noche —nos deja dos menús enfrente de nosotros, pero rápidamente los desecha Marcus.
—Tráiganos el especial de hoy, pero si es pescado cámbielo por algún tipo de carne o mejor un platillo de los mejores con carne —dice dándome una mirada. Recordó que soy alérgica a cualquier tipo de comida con animales de mar. Es hermoso—. A mí sírvame uno de sus mejores vinos tintos para acompañarlo, junto con dos aguas con gas. De postre quiero un pastel de chocolate con almendras para la señorita y para mí solo traiga un porción de Flan. Es todo.
—Enseguida señor—responde el chico del cual no supe su nombre y se da la vuelta para traer nuestras órdenes.
—Te acordaste—digo después de un silencio.
—¿De qué mi hermosa?—pregunta un poco desconcertado.
—Te acordaste de mis alergias. Debo agradecerte por ello.
—No es nada cariño, sólo que debo pensar en ti, y no solo en que debemos comer. Me lo dijiste una vez, pero tome nota de ello para no olvidarme.
—¿Tomaste nota de ello? —pregunto un poco divertida.
—No solo tome nota. También lo memorice. Cada una de las pequeñas cosas que te gustan y me has dicho las memorice. Eres especial y mereces que te conozca, tanto como a mí mismo.
Este hombre va a matarme de ternura. Si tan solo no fuera un trabajo mañana mismo estaría volando a las vegas y haciéndolo mi esposo.
—Tengo que hablar del verdadero motivo y celebración de estar aquí—dice. De pronto todo mi cuerpo entra en tensión.
—Así, eso... ¿No quieres esperar hasta después del postre?—sugiero un poco asustada por ese asunto, no quiero que termine tan pronto.
-1No creo que sea conveniente. Tal vez después de que sepas lo que tengo que decirte, no me negaras el quedarte una noche conmigo.
Mierda. Debí saberlo que no era perfecto.
—No me mal intérpretes. No es por eso. Sólo quiero pasar una noche abrasándote. Jamás me has dado eso—dice rompiendo mi tensión y enamorándome un poco más.
—Bien, puedo hacer eso—respondo un poco feliz por lo que se avecina.
—Le pedí el divorcio a Blair—dice su nombre con un poco de asco—. Sé que ella no quiere hijos y, el saber que estamos casados y me lo niega como que quita el motivo de estar aún juntos. Además sé que ella me engaña—dice.
Espera, ¿Qué acaba de decir?
—No soy estúpido. Sé que tiene un amante. ¿Por qué razón no querría darme un hijo? Es por eso que decidí pedirle el divorcio. Ella firmo y solo falta mi firma. Cuando nos casamos firmo un acuerdo prenupcial pero no soy tan malo como para dejarla en la calle. Así que aun decidí darle al menos 15% de mis acciones. No es justo, sé que me engaña, pero si yo no lo digo aun podre darle lo que quiere—de repente se ve nervioso —. Esperaba firmarlo antes de decirte, porque quería pedirte que fueras mi novia...
Mierda, esto no debería salir así. Creo que estoy en graves problemas.
Respiro hondo y le hago una seña como que lo escucho, pero no creo hacerlo bien. Sus palabras se repiten y no me dejan en paz.
Por dios, él lo sabe.
Quiero gritar de impotencia, si lo sabe ¿por qué no hace nada por pararlo? Él es un buen hombre y no se merece eso. Debe saber que vale más que ser la segunda opción de alguien. Debería ser amado y apreciado como lo que es.
Tampoco es como si yo lo mereciera, nada de esto debería de estar pasando. El no debe estar conmigo y punto.
Veo como sus labios se mueven, pareciera que me dicen algo; pero no puedo moverme ni decir nada. Estoy congelada. No soy capaz de razonar y responder y solo hay una cosa que puede que me haga actuar de esa manera.
Estoy en shock.
Esto no podría ser un buen trabajo.