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1947 Words

Al día siguiente, cuando Nacho y Alba ya estaban en Madrid, él llamó desde la tienda a sus hermanos y quedó con ellos a las seis de la tarde en casa de Teresa y José. Ellos dos, junto a la familia de Alba, eran las únicas personas con las que estaba dispuesto a hablar de lo que le ocurría. Al resto no le importaba. Lena llegó acompañada de Daniel y, sonriendo, la joven abrazó a Nacho. Llevaba sin verlo desde la inauguración de su tienda en Barcelona. —Sigues demasiado delgado —murmuró—. A ver si comes más. Él sonrió al mismo tiempo que Blanca entraba en el salón con un plato con sándwiches. —Eso mismo le he dicho yo al muy tunante —protestó la abuela—. Qué pena que esté tan lejos, si no, ya me encargaba yo de hacerle buenos pucheros para rellenar esos pellejos. Unas buenas lentejas, co

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