Tener que hablarles de esa manera a otros le dejaba un mal sabor de boca. Pero si quería hacerse notar pisotear a otros era la única opción que le quedaba. Aunque él no lo dijo directamente sabía que era a eso a lo que se refería Arthur, no sacaría nada bueno de seguir agachando la cabeza, sobre todo cuando ahora estaba en un punto sin retorno. Al ver a aquella mujer haciéndose a un lado mientras se retiraba pudo abrir la puerta, Patrick estaba ahí dentro, en un enorme sillón con un cigarro en la mano, un vasito con tequila en la otra y los ojos cerrados. — ¿Qué te trae por aquí? mi prometida. — Dio especial énfasis a las últimas palabras solo para molestarla, la había escuchado antes. — No sé si te habrán hecho llegar la noticia de que estoy cansado y no quiero recibir a nadie, así que

