Nicholas le daba a Oliver los sándwiches y el pequeño se los daba a todas las personas que lo pudieran necesitar. Él tenía suficiente comida en su carro para darle a varios. —Bueno, ya hemos terminado por acá. Si quieres ir a otro lado, solo me dices. La labor llevó varias horas y ellos, al finalizar, se encontraban cansados. Nicholas fue consciente de la pobreza que había en el pueblo y se sentía sorprendido, puesto que era un sitio bastante rico en belleza natural. —Bueno, es hora de ir a casa. Ven conmigo, Oliver. Él cargó al niño y lo puso en la parte trasera del carro, ahí iba con su nana. Cuando llegaron a la casa, Nicholas miró que Oliver dormía profundamente. —No te preocupes, lo pienso cargar yo. Dada las circunstancias de la llegada de Oliver, no había una habitación prepar

