La brisa de San Isidro acariciaba con gentileza mi rostro, varias personas reunidas a nuestro alrededor habían venido desde la capital para la inauguración del hotel que un día construyó Nicholas. Aquel hombre que había provocado un dolor tan grande en mi corazón y el mismo que me hizo creer en el amor verdadero. —Gracias a todos por venir a la inauguración del hotel que Nicholas abrió con tanto esfuerzo y el cual se retrasó por motivos de los cuales ustedes son conscientes —un nudo se formó en mi garganta al recordar eso. —Bueno, el pasado debe de quedar en el pasado y es momento de seguir adelante. Acaricié mis anillos de casada con total afecto, las lágrimas brincaron en ellos y rápidamente las sequé. —¡Mamita! —Nevan fue corriendo donde yo estaba —¿Eh? ¿Por qué lloras? —Por nada m
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